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Archive for the ‘NFPA Journal’ Category

Mayores incendios en lugares de reunión pública, discotecas y establecimientos comerciales.

Posted by Firestation en 19/03/2017

Los 10 incendios más mortales en lugares de reunión pública y discotecas en la historia de EE.UU.

Teatro Iroquois
30 de diciembre, 1903.
Muertes: 602

Discoteca Cocoanut Grove, Boston, MA
28 de noviembre, 1942
Muertes: 492

Teatro Conway, Brooklyn, NY
5 de diciembre, 1876
Muertes: 285

Salón de Baile Rhythm Club, Natchez, MS
23 de abril, 1940
Muertes: 207

Teatro de la ópera Rhoads, Boyertown, PA
13 de enero, 1908
Muertes: 170

Carpa del circo Ringling Brothers and Barnum & Bailey
6 de julio, 1944
Muertes: 168

Beverly Hills Supper Club, Southgate, KY
28 de mayo, 1977
Muertes: 165

Discoteca The Station, W. Warwick, RI
20 de febrero, 2003
Muertes: 100

Happy Land Social Club, Bronx, NY
25 de marzo, 1990
Muertes: 87

Teatro Richmond, Richmond, VA
26 de diciembre, 1811
Muertes: 72
Fuente: Archivos de grandes incidentes de NFPA
Actualizado: 11/12

Los 10 incendios mas mortales en discotecas en el mundo

Discoteca Cocoanut Grove, Boston, MA
28 de noviembre, 1942
Muertes: 492

Disco/Salón de baile, Luoyang, China. (El incendio comenzó en otra parte del centro comercial y se expandió a la disco.)
25 de diciembre, 2000
Muertes: 309

Salón de Baile Rhythm Club, Natchez, MS
23 de abril, 1940
Muertes: 207

Discoteca República Cromagnon, Buenos Aires, Argentina
30 de diciembre, 2004
Muertes: 194

Beverly Hills Supper Club, Southgate, KY
28 de mayo, 1977
Muertes: 165

Ozone Disco Club, Quezon City, Filipina
18 de marzo, 1996
Muertes: 160

Discoteca Lame Horse, Perm, Rusia
4 de diciembre, 2009
Muertes: 154 (mejor información disponible el 7 de enero, 2010)

Club Cinq, St. Laurent du Pont, France
20 de noviembre, 1971
Muertes: 143

Discoteca The Station, W. Warwick, RI
20 de febrero, 2003
Muertes: 100

Happy Land Social Club, Bronx, NY
25 de marzo, 1990
Muertes: 87

Fuente: Archivos de grandes incidentes de NFPA
Actualizado: 11/12

Incendios más mortales fuera de EEUU en tiendas de comida o bebida, desde 1970

. Supermercado Ycuá Bolaños, Asunción, Paraguay, 1 de agosto de 2004, 426 fatalidades, 510 heridos y 154 buscados. (Diario ABC, Asunción Paraguay, 8/09/04)
. Edificio de usos múltiples, Osaka, Japón, 13 de mayo de 1972, 118 fatalidades (el supermercado ocupaba el tercer y cuarto piso, la mayor parte de las fatalidades fue de ocupantes en la discoteca en el séptimo piso).
. Tienda de golosinas, Celaya, México, 26 de septiembre de 1999, 53 fatalidades (Fuentes solamente de medios de prensa).
. Edificio de 9 pisos de usos múltiples, Nanchong, China, 1 de marzo de 2002, 19 fatalidades (el fuego inicio en el departamento de comida) (Fuentes solamente de medios de prensa).
. Supermercado, Amagasaki, Japón 18 de marzo de 1970, 15 fatalidades.
Nota: la NFPA no tiene ningún record de incendios en los EEUU en este tipo de estructuras durante estos años con 15 o más fatalidades, con la excepción de un incendio en una heladería, que se incluye con tiendas de comida para propósitos de codificación, que fue resultado de un estrello de avión.

Fuente: Incendios conocidos por NFPA y grabados en la base de datos Organización de Datos de Incidentes de Incendios (FIDO, por sus siglas en inglés) de la NFPA.

Los 10 incendios estructurales más mortales fuera de EEUU en tiendas, desde 1970

. Supermercado Ycuá Bolaños, Asunción, Paraguay, 1 de agosto de 2004, 426 fatalidades, 510 heridos y 154 buscados. (Diario ABC, Asunción Paraguay, 8/09/04
. Mesa Redonda, Lima, Perú, 29 de diciembre de 2001, 280 fatalidades (Fuentes solamente de medios de prensa).
. Centro Comercial, Borneo, Indonesia, 23 de mayo de 1997, 130 fatalidades (Fuentes solamente de medios de prensa).
. Edificio de usos múltiples, Osaka, Japón, 13 de mayo de 1972, 118 fatalidades (el supermercado ocupaba el tercer y cuarto piso, la mayor parte de las fatalidades fue de ocupantes en la discoteca en el séptimo piso). 
. Tienda de 9 pisos, Kumamoto, Japón, 28 de noviembre de 1973, 103 fatalidades. 
. Tienda de 3 pisos, Tangshan, China, 14 de febrero de 1993, 80 fatalidades (Fuentes solamente de medios de prensa).
. Tienda de 3 pisos, Bogor, Indonesia, 28 de marzo de 1996, 79 fatalidades (Fuentes solamente de medios de prensa).
. Puesto de Mercado, Ciudad de México, México, 11 de diciembre de 1988, 62 fatalidades (Fuentes solamente de medios de prensa).
. Tienda de golosinas, Celaya, México, 26 de septiembre de 1999, 53 fatalidades (Fuentes solamente de medios de prensa).
. Centro Comercial, Jilin, China, 15 de febrero de 2004, 53 fatalidades (Fuentes solamente de medios de prensa).
Nota: la NFPA no tiene ningún record de incendios en los EEUU en este tipo de estructuras durante estos años con 50 o más fatalidades , con la excepción de un incendio en una heladería, que se incluye con tiendas de comida para propósitos de codificación, que fue resultado de un estrello de avión.

Fuente: Incendios conocidos por NFPA y grabados en la base de datos Organización de Datos de Incidentes de Incendios (FIDO, por sus siglas en inglés) de la NFPA.

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Tormenta perfecta.

Posted by Firestation en 16/03/2016

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Hasta en los materiales que se utilizaron para construir sus oficinas, la sustentabilidad fue y es una parte esencial de la idiosincrasia comercial de Organic Valley, una cooperativa de productos lácteos con sede en Wisconsin. Estos materiales presentaron un desafío inesperado durante un incendio.

A mediados del 2013, Philip Stittleburg, jefe del cuerpo de bomberos de La Farge, Wisconsin, y presidente del Directorio de la NFPA en ese entonces, se contactó con la asociación por un incendio que había ocurrido recientemente en su ciudad. El 14 de mayo de 2013, el Cuerpo de Bomberos de La Farge respondió a una alarma de incendio automática de un edificio de oficinas situado en su distrito. Cuando las unidades de socorristas llegaron al lugar, se encontraron con un incendio en un espacio oculto ubicado dentro del edificio. Pero, lo que a primera vista parecía presentarse como una operación de rutina, terminó siendo un incendio de características muy fuera de lo habitual.

Los bomberos pronto se enterarían de que los espacios ocultos del edificio estaban aislados con un material reciclado, hecho de tela vaquera a base de algodón; material este que fue rápidamente consumido por el creciente fuego, que finalmente se propagó hacia un espacio del ático construido con cabriadas de madera liviana y provisto de rociadores automáticos. La estructura del techo inclinado del edificio estaba cubierta con paneles fotovoltaicos (FV) que hacían casi imposible que los bomberos pudieran ventilar verticalmente el espacio del ático.

Durante un plazo que duró 18 horas, los funcionarios y los bomberos de La Farge, junto con aquellos de los diversos departamentos de los alrededores, se enfrentaron a los crecientes desafíos, entre ellos la ubicación del incendio, los materiales utilizados en la construcción del edificio, las limitaciones de la infraestructura para combate de incendios de la ciudad, y muchos más. El incendio finalmente destruiría gran parte del edificio, provocando daños en las propiedades y pérdidas relacionadas por un importe estimado de US$13 millones.

Luego de que el Jefe de Bomberos Stittleburg se contactara con NFPA, y a medida que se conocían más detalles y circunstancias del incendio, más se parecía a un cuento aleccionador sobre el uso de materiales “ecológicos” o “sustentables” en la construcción y lo que pueden significar para las denodadas acciones de los bomberos. La disposición del sistema de paneles FV en la azotea, diseñado para reducir la dependencia en combustibles fósiles del edificio, también presentó serios desafíos para los bomberos. En algunos aspectos, el incidente de La Farge se convirtió en un incendio de tipo “tormenta perfecta”—un incidente que agrupó en un solo hecho, unos cuantos desafíos que había visto en diferentes lugares. NFPA aceptó la invitación del Jefe de Bomberos Stittleburg para visitar La Farge y revisar el incendio. Se me solicitó que viajara a Wisconsin para que viera personalmente cómo estos factores se habían combinado para generar una situación de incendio especialmente desafiante—y evocar las lecciones aprendidas en ese incendio.

El incendio

La Farge es una pequeña comunidad de alrededor de 750 habitantes, ubicada aproximadamente a 42 millas (68 kilómetros) al sudeste de La Crosse, en el sur de Wisconsin. El Cuerpo de Bomberos de La Farge (La Farge Fire Department o LFD) es una organización conformada enteramente por voluntarios: 30 oficiales y miembros que conducen ocho vehículos de una estación ubicada en el centro de la ciudad, bajo el comando del Jefe de Bomberos Stittleburg. Las oficinas de Organic Valley, la cooperativa de productos lácteos orgánicos más grande del mundo, representa tiene un peso económico predominante en la ciudad, con ventas mundiales de aproximadamente US$860 millones en 2012. Según información del sitio web de la cooperativa, organicvalley.coop, la sede de 45,000 pies cuadrados (4,181 metros cuadrados), de tres pisos de altura, fue construida en 2004 por un valor de US$ 5.9 millones y alberga a alrededor de 400 empleados.

El 14 de mayo, a las 16:29, LFD, recibió una alarma de incendio del edificio de oficinas de Organic Valley, en One Organic Way. A las 16:31, el centro de envíos recibió una llamada telefónica de un jefe adjunto de LFD, empleado de las instalaciones, quien confirmaba la presencia de un incendio en el edificio. Los vehículos de LFD llegaron al lugar a las 16:36. El Jefe de Bomberos Stittleburg llegó poco tiempo después y tomó el comando del incidente. Al llegar, el jefe observó que había humo saliendo del ala oeste del edificio, en las cercanías de una escalera. Un ex miembro del cuerpo de bomberos que en ese momento trabajaba para Organic Valley buscó al jefe de bomberos para informarle que se veía humo saliendo del piso de la planta baja y que llegaba hasta la planta del segundo piso, en el sector oeste del edificio. Los ocupantes del edificio habían salido de manera segura.

El edificio consta de dos alas conectadas por un área central de vestíbulos. Mientras los bomberos comenzaban a buscar el asentamiento del fuego por el ala oeste del edificio, notaron que el incendio se propagaba verticalmente en el interior del muro, así como también horizontalmente dentro del muro del ala sur y en el espacio del ático del ala. La propagación interior fue determinada por la decoloración de los paneles de metal del exterior del edificio. Se les dijo a los bomberos que los muros estaban aislados con material de fibra de algodón, compuesta principalmente por tela vaquera cortada.

Los pisos de la estructura estaban construidos con cabriadas de madera paralelas, espaciadas a 24 pulgadas (61 centímetros) del centro. La estructura del techo estaba construida con cabriadas de madera liviana compuestas por componentes de 2 x 12 pulgadas (5 x 30 centímetros), 2 x 8 pulgadas (5 x 20 centímetros) y 2 x 6 pulgadas (5 x 15 centímetros), asegurados con placas de refuerzo de metal. Las cabriadas del techo estaban espaciadas a 7 pies, 6 pulgadas (2.3 metros) del centro y las placas de refuerzo estaban espaciadas a 3 pies, 9 pulgadas (1.1 metros) del centro. La superficie exterior del techo era de paneles de techo de metal con juntas de plegado saliente, que estaban sujetados a las cabriadas del techo. El sistema del techo había sido diseñado para sostener la carga que representaba el sistema de paneles FV.

El edificio estaba equipado con protección con rociadores automáticos en toda su extensión. Los sistemas de rociadores de tubería húmeda instalados dentro de las tres plantas estaban diseñados para 0.10 gpm/pie cuadrado sobre 1,500 pies cuadrados. El sistema de tubería seca con ático estaba diseñado para 0.10 gpm/pie cuadrado sobre 1,950 pies cuadrados. Se incluyeron las asignaciones para chorros de manguera de 250 gpm.

Una segunda autobomba de La Farge arribó al lugar, con la conexión del cuerpo de bomberos para los sistemas de rociadores y así dio apoyo a los sistemas durante todo el incidente. A las 16:37, el comandante del incidente requirió vehículos de bomberos con escaleras para operaciones en altura, así como también bomberos adicionales provenientes de las comunidades cercanas de Viloa y Viroqua.

Los bomberos accedieron al techo inclinado del ala oeste y así pudieron determinar la extensión del sistema de paneles FV. La mayor parte de la superficie del techo situada hacia el sur estaba cubierta por 130 paneles, lo que hacía casi imposible realizar las operaciones de ventilación vertical. El sistema FV tenía una capacidad nominal de 70kW; ese día estaba parcialmente nublado pero con mucho sol, de modo que los paneles habrían alcanzado practiamente su máxima carga. El comandante del incidente ordenó a los bomberos que permanecieran lejos del techo, debido a encontrarse los FV energizados y además por desconocer la condición del sistema de soporte de las cabriadas de madera situadas por debajo. No se intentó la ventilación vertical.

Mientras tanto, por la decoloración de los paneles de metal exteriores, se hacía evidente que el fuego continuaba su recorrido, no solo horizontalmente a través del espacio del ático, sino también verticalmente dentro de los muros del ala. Los bomberos accedieron al espacio del ático a través de una pequeña abertura en el ala este, pero debido a la falta de ventilación adecuada no pudieron permanecer en el espacio del ático por el intenso calor y el humo y se vieron obligados a retroceder.

Desde el interior y exterior del edificio, bomberos continuaron abriendo los espacios ocultos de los muros y cielorrasos, a fin de determinar el recorrido del fuego en estos espacios. A las 17:12 y nuevamente a las 17:17, se requirieron bomberos adicionales de los cuerpos de bomberos contiguos, de Westby y Hillsboro, y a las 17:42, se solicitó al cuerpo de bomberos de Richland Center, otro vehículo con escalera para operaciones aéreas.

También se le requirió a la compañía de energía local, La Farge Public Utility, que aislara la energía eléctrica dentro del complejo, a fin de proteger a los bomberos que estaban trabajando en el intenso incendio. Durante esta operación alrededor de las 18:30, se utilizó un camión canastilla de la compañía de electricidad para observar la condición de los paneles FV del techo del ala oeste.

La estructura del techo había comenzado a mostrar señales de debilitamiento y comenzaron a ocurrir derrumbes localizados en el espacio situado alrededor de los paneles FV. Algunos de estos paneles de FV comenzaban a deformarse y caer en el interior del espacio del ático. Se hizo una lectura para verificar si había corriente eléctrica que estuviera siendo dirigida a través del techo de metal y se detectó el movimiento de 50 voltios de corriente directa moviéndose a través de los paneles de metal, suficiente para una descarga que podría—bajo determinadas circunstancias—poner en riesgo la vida de una persona.

Se hizo evidente que los paneles de FV estaban, en cierta medida, todavía energizados, y que el techo colapsado creaba una vía para que la corriente eléctrica pasara a través de la estructura del techo de metal, energizando los paneles. Esta información fue transmitida al comandante del incidente, quien a su vez se la suministró a las fuerzas de combate de incendios. Si los bomberos se hubieran encontrado trabajando en el techo en ese momento, es muy probable que hubieran sufrido heridas, además de correr un significativo riesgo de perder la vida.

Fueron surgiendo nuevos problemas. Mientras los bomberos continuaban con sus denodadas acciones, a las 18:15 se le notificó al comandante del incidente que había problemas con el suministro de agua proveniente del hidrante del sitio. El hidrante parecía estar funcionando apropiadamente, pero la presión del agua había disminuido de manera significativa desde la llegada de las unidades de los cuerpos de bomberos. Se determinó que un derrumbe parcial de las cabriadas del techo había afectado el sistema de rociadores de tubería seca del espacio del ático, lo que provocó que desde las tuberías rotas cayera agua en el interior del edificio. También se le informó al comandante del incidente que a ese nivel de consumo, el sistema de agua municipal, con una capacidad de 101,000 galones, estaría drenado en 45 minutos.

A las 18:31, se decidió establecer una operación de transporte para el suministro de agua, utilizando camiones cisterna de la región en reemplazo del sistema de agua municipal. Se utilizaron seis cisternas para extraer agua desde el cercano Río Kickapoo y transportarla hasta el sitio del incendio, donde fue transferida hacia un gran tanque de almacenamiento portátil; los camiones autobomba conectaron sus mangueras al tanque portátil para continuar con sus acciones de extinción del fuego. Se apagaron los sistemas de rociadores del segundo piso y de los espacios de áticos, tanto del ala este como del ala oeste, para detener el flujo de agua desde las tuberías rotas.

El fuego continuaba consumiendo el ala oeste del edificio. A las 20:08 se pidieron recursos adicionales para el combate del incendio a los cuerpos de bomberos de Yuba y a las 20:14 al de Coon Valley, y nuevamente a las 00:17 al de Stoddard y a las 00:29 al de Cashton. Las acciones de supresión finalmente se focalizaron en el área central del edificio, cerca del vestíbulo, con la intención de contener el incendio en el ala oeste y evitar que se propagara al vestíbulo y a un ala de oficinas similar situada en el lado este.

Con el derrumbe parcial del techo del ala oeste y la subsiguiente ventilación del fuego, del humo y de los gases, las dotaciones de bomberos pudieron acceder al ático y extinguir el incendio que estaba recorriendo todo ese espacio. Las acciones de extinción cobraron impulso en todos los tres pisos. Se determinó que las operaciones de revisión y reacondicionamiento continuarían durante la noche y las dotaciones rotarían en turnos de tres horas durante la noche y hasta el día siguiente.

El incidente se declaró como controlado el 15 de mayo a las 10 de la mañana—casi 18 horas después de haberse recibido la alarma desde Organic Valley. En el incendio habían participado 116 bomberos y personal de emergencias médicas, junto con 31 vehículos, de 10 comunidades diferentes.

No solo por los paneles FV: un análisis del incendio de Organic Valley

A principios de junio del 2013 viajé a La Farge para investigar el incendio de Organic Valley. Incluso antes de partir hacia Wisconsin, comencé a hacer una lista de preguntas, que esperaba encontrarían respuesta mientras estaba allí. Ciertamente el rol del sistema de paneles FV ocupaba uno de los primeros lugares en mi lista, ya que habían sido destacados en las fotografías del incendio y sus secuelas. Sin embargo una vez que me encontré en el escenario, y mientras hacía las entrevistas y me informaba mejor sobre el incidente, se me hacía evidente que los paneles FV eran tan solo un aspecto de los desafíos con los que se habían enfrentado los socorristas en mayo.

Entrevisté al Jefe de Bomberos Stittleburg y otros miembros del cuerpo de bomberos, y hablé con los investigadores del cuerpo de bomberos y con la compañía de seguros de Organic Valley. Todos se mostraron preocupados por los paneles FV, ya que eran los que habían mantenido a los bomberos alejados del techo y contribuido a su derrumbe y a la subsiguiente energización de los paneles de metal del techo. Pero también planteaban interrogantes sobre los elementos de construcción de peso liviano del edificio; aunque el techo estaba diseñado para soportar el peso de los paneles FV, se cuestionaban el tiempo que les llevó a esos elementos de peso liviano caer, y derivar en un derrumbe.

El recorrido del fuego también fue un elemento de gran preocupación; se había informado que el incendio había comenzado en el interior del muro del extremo del ala oeste—fuera del alcance de los rociadores— y se había trasladado vertical y horizontalmente en el interior de los muros, hasta finalmente afectar toda el ala. Ese patrón de recorrido planteó interrogantes acerca de la combustibilidad del aislamiento de tela vaquera-algodón, así como también interrogantes sobre la presencia, y efectividad, de los elementos de bloqueo contra el fuego del interior de los muros. Fue evidente que diversos métodos, materiales y sistemas de construcción “ecológicos” o “sustentables” habían contribuido a un incendio peligroso, de grandes dimensiones.

CONSTRUCCIONES DE PESO LIVIANO

Actualmente es habitual el uso de una construcción del tipo de peso liviano en todas las clases de edificios. El uso de componentes estructurales de madera de obra y de metal “diseñados mediante ingeniería” se comercializa como más respetuoso con el medio ambiente (y también como más económico) que el uso de madera de obra dimensionada y puede encontrarse en muchos tipos de ocupaciones. Si quedan desprotegidos, estos elementos de peso liviano pueden caer mucho más rápido que los de madera dimensionada cuando están expuestos al fuego, lo que aumenta el riesgo de muerte o lesiones en los bomberos y los ocupantes de edificios. Las cabriadas del techo de Organic Valley estaban construidas con este método de peso liviano, y su eventual derrumbe provocó la rotura de las tuberías de los rociadores situadas en el ático, lo que derivó en grandes extracciones del suministro de agua durante las acciones de supresión de incendios.

Durante años, los bomberos han conocido los potenciales riesgos representados por los componentes estructurales desarrollados mediante ingeniería y las características de las construcciones de peso liviano. Aun así, es necesario que los bomberos sepan que podría haber un potencial derrumbe cuando dichos componentes estructurales se ven involucrados o expuestos al fuego. El conocimiento de las características de construcción de edificios, mediante la planificación previa a un incendio, recorridos e inspecciones de los edificios, le permite a los bomberos y oficiales del cuerpo de bomberos diseñar en plazos más cortos, su estrategia y tácticas que tomen en cuenta la rápida propagación del incendio y el potencial de un derrumbe en edificios con construcciones de peso liviano.

AISLAMIENTO DE FIBRAS NATURALES O COMPONENTES DEL EDIFICIO

Organic Valley se enorgullece de su compromiso con la sustentabilidad ambiental y no solamente de los productos que comercializa. Su sitio web incluye un informe detallado sobre este compromiso , en el que se remarca el uso de las fuentes de viento y energía solar, que utiliza la cooperativa y además cita que el 32% del combustible utilizado por su flota local, es aceite vegetal puro o de base biológica; y tienen como meta para antes del 2015, que sea el 60%.

Lo mismo es válido para su sede de La Farge. En el sitio web de la cooperativa se incluye una lista de las numerosas características “biológicas” del edificio, desde tecnologías de ahorro de energía hasta materiales de construcción con bajo contenido de compuestos orgánicos volátiles, que pueden afectar la calidad del aire. Se utilizaron diversos materiales renovables y reciclados en la construcción del edificio de Organic Valley, incluido el material de aislamiento, que fue fabricado con tela vaquera reciclada post-consumo y tratado con un moho e inhibidor de moho no tóxico.

El material de fibra de algodón tiene un valor aislante similar al de los aislamientos de fibra de vidrio convencionales pero a diferencia de estos últimos que no son combustibles el material de fibra de algodón resulta combustible en determinadas condiciones. En Organic Valley, el aislamiento de algodón desempeñó un importante rol en el recorrido del fuego por los espacios ocultos de muros y cielorrasos. La bibliografía de los productos indica que el material de aislamiento tiene una “certificación contra el fuego de Clase A”—más específicamente, la bibliografía cita una certificación superior de “Clase 1” para la propagación de las llamas, según la prueba descripta en ASTM E84 y una certificación superior de “Clase 1” en la prueba de humo descripta en UL 723, aunque estas pruebas en realidad solamente aplican certificaciones de Clase A, B o C. También es posible que estas pruebas puedan no ser las correctas para aplicar a este material en particular. La bibliografía de los productos no especifica si el material de aislamiento había sido tratado con retardador de llama.

El uso de materiales aislantes de fibras naturales es cada vez más frecuente como un medio para cumplir con los requisitos de las “construcciones ecológicas”. Los bomberos necesitan saber cuándo este tipo de aislamiento se utiliza dentro de un edificio, debido a que el potencial recorrido del fuego en espacios verticales y horizontales tendrá que ser tomado en cuenta.

SISTEMAS FV

Actualmente, en el campo de la construcción de edificios, resultan relativamente nuevas las instalaciones de sistemas de paneles FV en, sobre y alrededor de muchos tipos de estructuras. Los cuerpos de bomberos se encuentran con estos sistemas de paneles en las azoteas de todo tipo de ocupaciones, desde viviendas unifamiliares hasta en grandes edificios industriales. Los sistemas pueden ser tan pequeños como de unos pocos paneles que complementan el sistema eléctrico de un edificio, o tan grandes como cientos de paneles diseñados para suministrar energía a las instalaciones, así como también para su reventa a la compañía del servicio público local.

Una importante consideración, en especial para los bomberos, es saber y tener en cuenta que mientras sigan recibiendo una considerable cantidad de luz, los paneles FV pueden continuar generando energía eléctrica. La interacción de los bomberos alrededor o debajo de los paneles—especialmente en las condiciones desfavorables, por la presencia de humo y gases calientes, asociadas con el combate de incendios—hace que el desarrollo de las tareas en las cercanías de sistemas de paneles FV sea una operación peligrosa. El acceso al techo en medio de paneles FV puede ser dificultoso, debido a los conductos y otros componentes del sistema FV que están ubicados en toda el área del techo. Durante el combate de incendios es importante tomar en cuenta que el sistema de paneles FV no puede ser “simplemente apagado”, dado que generan corriente eléctrica continuamente. Sin embargo, pueden estar aislados del sistema eléctrico del edificio.

En el incendio de Organic Valley, la decisión de no enviar a los bomberos al techo del edificio para las operaciones de ventilación fue tomada prontamente. Esto terminó siendo una precisa evaluación del riesgo, cuando posteriormente se detectó que, dado el derrumbe del sistema del techo del edificio, la cubierta del techo estaba energizada debido a los paneles FV en contacto con los paneles de metal del techo. Tanto las acciones de supresión como de revisión y reacondicionamiento fueron complejas debido al hecho de que el sistema FV continuaba generando electricidad. En el incendio de Organic Valley, como en la mayoría de los incendios en sistemas FV, los bomberos no pudieron acceder a muchas de las áreas de la estructura hasta que los paneles fueron quitados o aislados de manera segura.

SUMINISTRO DE AGUA Y DESEMPEÑO DE LOS ROCIADORES

En tanto al suministro de agua público, La Farge tiene las características habituales y está diseñado y dispuesto para satisfacer las necesidades del centro de la ciudad en un día normal: para uso doméstico, industrial liviano y comercial. Un incidente de incendio de grandes dimensiones, para el que se usan miles de galones de agua en un corto período y que utiliza solamente el sistema de agua doméstico, puede, generalmente, representar una carga adicional para el sistema y provocar su falla. En el incendio de Organic Valley, el derrumbe del techo y la posterior rotura de la tubería principal de los rociadores del ático derivó en un rápido drenaje de los tanques de retención del sistema de agua comunitario.

Es necesario que los cuerpos de bomberos tomen en consideración dichos escenarios cuando se enfrentan al desarrollo de sus comunidades. Los bomberos necesitan saber si el suministro de agua público se verá sobrecargado por un incidente de grandes dimensiones y necesita planificar alternativas tales como las operaciones con camiones cisterna que se utilizaron durante el incendio de Organic Valley o el uso de una manguera de gran diámetro que transfiera agua desde una fuente estática, como un lago o estanque o embarcación para combate de incendios, hasta un incendio. (Ver “El problema FV”, a continuación.)

La investigación del incendio de Organic Valley confirmó que el sistema de rociadores del edificio funcionó de acuerdo con lo previsto, pero su efectividad se vio afectada por las circunstancias del incendio. Los rociadores funcionaron dentro del edificio, incluido el ático, pero debido al recorrido vertical y horizontal del fuego en los espacios ocultos del ala oeste del edificio, no lograron implementarse todas las capacidades de supresión de los rociadores. Los veedores dijeron que los rociadores pudieron lentificar el incendio, pero no pudieron llegar al asentamiento del fuego para una extinción efectiva.

Los desafíos que se plantearon en el incendio de Organic Valley subrayaron más ampliamente temas que se presentan, en la seguridad contra incendios, relacionados con las construcciones sustentables. Las técnicas de construcción de edificios ecológicos están cobrando impulso en todo el mundo, ya que los códigos de edificación requieren un mayor ahorro de energía y dado que se otorga mayor crédito a los edificios y emprendimientos que aplican métodos, materiales de construcción y equipos que permitan el ahorro de energía. A medida que se emprenden estas acciones, es importante reconocer que las partes interesadas no son solo los ocupantes de edificios y los bomberos; incluyen también a los diseñadores de edificios, los diseñadores e instaladores de sistemas, a los inspectores, a los responsables de la elaboración de los códigos y otros. Todas estas partes interesadas deben participar en los debates en curso, sobre la mejor manera de abordar los interrogantes que surgen, sobre seguridad contra incendios en estructuras que utilicen estas nuevas y emergentes tecnologías.

NFPA ya está desempeñando un importante rol en la conducción de dichos debates. El Código Eléctrico Nacional de 2014, por ejemplo, ha introducido cambios con el fin de contemplar las inquietudes relacionadas con la seguridad de los bomberos respecto de los paneles FV y en la edición 2012 de NFPA 1, Código de Incendios, Sección 11.12 se incluye información sobre un amplio rango de temas relacionados con sistemas de paneles de FV. Además, la Fundación de Investigación de Protección contra Incendios interviene en actividades de investigación que contemplan los distintos aspectos de la seguridad de las construcciones ecológicas. Esta tarea, así como aquella emprendida en Underwriters Laboratories y en otras entidades, promete ofrecer los fundamentos analíticos de algunos de los problemas asociados con la construcción sustentable.

Durante años, los bomberos han proporcionado anécdotas que evidencian estos problemas y organizaciones como la National Association of State Fire Marshals (Asociación Nacional de Jefes de Bomberos Estatales) han cumplido un rol fundamental en posicionar estos temas entre las inquietudes más importantes para ser abordadas. En la actualidad y durante los años venideros, la cantidad de información que prometen brindar los bomberos en esta área específica, serán de gran utilidad para la elaboración de códigos y normas adicionales.

Bob Duval es director regional de Nueva Inglaterra (EE.UU.) e investigador de incendios de NFPA.

El Problema FV

El 1 de septiembre de 2013, se produjo un incendio en un depósito de alimentos de almacenamiento en frío de 366,000 pies cuadrados (34,003 metros cuadrados) de Dietz&Watson,elproblemaFVMás de 7,000 paneles FV cubrían el techo del depósito de Dietz & Watson de New Jersey, lo que dificultó las acciones de combate del incendio.

situado en Delanco, New Jersey. Cuando las primeras unidades arribaron al lugar, informaron la presencia de un incendio en el techo del edificio. Cuando los bomberos observaron el techo con las escaleras aéreas, vieron que toda la superficie del techo estaba cubierta con paneles fotovoltaicos (FV)—más de 7,000 paneles—que se utilizaban para generar energía eléctrica para el edificio, así como para su reventa a la compañía del servicio público.

La presencia de los paneles hizo que fuera difícil, si no imposible, para los bomberos acceder al asentamiento del fuego. El incendio fue combatido de una manera defensiva en toda su extensión y el edificio y sus contenidos fueron completamente destruidos. El intenso incendio requirió la respuesta de cientos de bomberos y gran cantidad de vehículos de todo el estado, y llevó más de 24 horas controlarlo.

El incendio de Dietz & Watson está entre los últimos de una serie de incendios en que la presencia de paneles de FV, de uso cada vez mayor en azoteas de edificios industriales y comerciales presentara un problema. El acceso a azoteas y los temas relacionados con la seguridad eléctrica que plantean estos sistemas son una gran preocupación para los bomberos, en especial si se toma en consideración que, la creciente popularidad de los paneles FV significa que la interacción entre bomberos y equipos eléctricos energizados tenderá a aumentar en los próximos años.

Para abordar estas inquietudes, diversos estados están considerando la promulgación de leyes cuyo propósito sería mejorar la seguridad de los bomberos trabajando en cercanía con los sistemas de paneles FV. En New Jersey, por ejemplo, el proyecto de ley 507 del Senado procura mejorar la seguridad de los bomberos, requiriendo que los edificios no residenciales, con paneles solares en sus techos, tengan colocados cerca de la entrada principal del edificio, emblemas con las letras “P/S”, por paneles solares, para notificar al cuerpo de bomberos local. El proyecto de ley también requeriría que los edificios con paneles FV estén equipados con interruptores de apagado externos, a fin de reducir o eliminar el peligro de electrocución.

NFPA también está desempeñando un rol principal en la consideración de los temas de seguridad contra incendios relacionados con los sistemas FV. El Código Eléctrico Nacional  de 2014, por ejemplo, ha introducido cambios con el fin de contemplar las inquietudes relacionadas con la seguridad de los bomberos respecto de los paneles FV, incluida una disposición para el rápido apagado de los sistemas FV de edificios, y en la Sección 11.12 de la edición 2012 de NFPA 1, Código de Incendios, se incluye información sobre un amplio rango de temas relacionados con estos sistemas. La Fundación de Investigación de Protección contra Incendios está encabezando la investigación sobre las ramificaciones que presentan las construcciones ecológicas y las tecnologías sustentables en su relación con la protección contra incendios y los bomberos, incluyendo temas específicos relacionados con la seguridad que plantean los sistemas de paneles s FV para los bomberos.

Mientras tanto, los bomberos continúan enfrentándose a los potenciales peligros que presentan los sistemas FV. El 1 de diciembre de 2013, otro incendio ocurrido en New Jersey, en el que se vieron involucrados los paneles de la azotea de un edificio comercial—esta vez en el Municipio de Florence—provocó daños en varios de los sistemas. Se observaron dos diferencias importantes entre este incendio y el incidente de Dietz & Watson: el incendio del Municipio de Florence fue detectado tempranamente y la disposición de los sistemas de paneles FV en el techo permitió al cuerpo de bomberos acceder al área del incendio. Los bomberos pudieron aislar el incendio sin exponerse directamente a los arreglos FV energizados. —B.D.

Ecológico + seguro

En 2010, la National Association of State Fire Marshals (NASFM) publicó un informe sobre temas relacionados con el desarrollo y la construcción sustentable, que son motivo de preocupación para los bomberos. Si bien ello identificaba diversas características preocupantes de la planificación y construcción de las comunidades, no se detallaban los datos sobre la extensión real del problema ni los medios específicos para resolver las cuestiones en las distintas etapas de planificación, diseño, construcción y uso de los edificios. Desde ese informe fundamental de la NASFV, se han llevado a cabo otras acciones de investigación para analizar con mayores detalles estos y otros temas relacionados.ecologicoyseguro

En función del análisis llevado a cabo por la Fundación de Investigación de Protección contra Incendios, y de los datos e información suministrados en la investigación del Instituto Nacional de Normas y Tecnología (National Institute of Standards and Technology), Underwriters Laboratories y otros, existen claras indicaciones de un aumento en los peligros y riesgos a los que se enfrentan los bomberos en incendios en edificios realizados con elementos de construcción ecológica. Si dichos elementos no son comprendidos, cuantificados y mitigados, seguirán provocando lesiones y muertes en los bomberos.

A fin de abordar estos problemas, la Fundación de Investigación ha emprendido un nuevo proyecto, “Cuantificación de las características de las construcciones ecológicas para la seguridad del combate de incendios”. Los resultados de esta acción contribuirán directamente a reducir el potencial de lesiones y muertes en el escenario del incendio, ya que facilitarán el reconocimiento de los riesgos relacionados con construcciones ecológicas, y así adoptar respuestas tácticas apropiadas para los entornos de incendio previstos y el desempeño estructural, en función de las construcciones contemporáneas y las cargas de fuego.

La meta del proyecto es reducir las lesiones y muertes de bomberos vinculadas a entornos de incendio desconocidos o no previstos y a respuestas estructurales asociadas con los edificios ecológicos y los elementos de construcción ecológicos. Los objetivos que permiten cumplir con esta meta incluyen la cuantificación del impacto en la seguridad de los bomberos, en un incendio en edificios ecológicos; y el desarrollo de una herramienta de diagnóstico que contribuya a la identificación de las características de las construcciones ecológicas con riesgos significativos y de las opciones de mitigación y la mejor preparación los bomberos para combatir incendios de estas características.

Para lograr estos objetivos, el proyecto desarrollará y someterá a prueba medios para la recopilación de datos sobre incidentes de incendio, específicamente en incendios domésticos que presentan las características de construcciones ecológicas, y en particular aquellos que han provocado lesiones o muertes para los bomberos. Cuantificará el aumento de los peligros o riesgos de incendio, o la disminución del desempeño del fuego, en relación con las características de las construcciones ecológicas de edificios residenciales y comerciales. Mediante la revisión de los datos sobre pruebas de incendio existentes y la realización de pruebas del desempeño del fuego en elementos de construcciones ecológicas seleccionados, entre ellos los sistemas de envoltura de construcciones estructurales y los atrios ventilados de manera natural versus de manera mecánica; desarrollará una herramienta de diagnóstico para contribuir a la evaluación de los peligros y riesgos de incendio de los edificios ecológicos y las características para las construcciones nuevas y existentes; investigará las modificaciones en las tácticas de combate de incendios según sea apropiado para las tecnologías de las construcciones ecológicas; y elaborará los materiales para la capacitación y el entrenamiento del personal de los servicios contra incendios sobre los riesgos para la seguridad y las tácticas en este tipo de construcción.

El proyecto de tres años está dirigido por el Worcester Polytechnic Institute (Instituto Politécnico de Worcester), con la colaboración de la Universidad de Maryland y el FPRF, y se ha previsto su finalización para julio de 2017.
Source: http://www.nfpajla.org/archivos/edicion-impresa/bomberos-socorristas/1150-tormenta-perfecta

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NFPA Journal Latinoamericano. Diciembre 2015

Posted by Firestation en 04/01/2016

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Alarmas y notificacion. ¿Puedes oirme, y entenderme?

Posted by Firestation en 21/11/2015

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Por Robert Schifiliti

10 temas clave que afectan la inteligibilidad de las comunicaciones de voz.

Los sistemas de alarma de incendio que utilizan la voz para informar a los ocupantes y direccionar sus movimientos han sido elementales en la protección contra incendios durante décadas. En años recientes, sin embargo, a medida que proliferaban los sistemas denominados “para todo riesgo” —esos diseñados no solamente para incendios, sino para cualquier situación de emergencia— se abrió una enorme cantidad de interrogantes sobre cómo integrar de manera efectiva la voz a dichos sistemas. Los cambios han llegado rápidamente y han afectado a disciplinas e industrias que previamente tenían poco conocimiento, o necesidad de tales sistemas. También se han llevado a cabo cambios significativos en el código —NFPA 72®, Código Nacional de Alarmas de Incendio y Señalización— que da tratamiento a estos sistemas. No es de extrañar que los planificadores, diseñadores, autoridades, instaladores y usuarios estén luchando por comprender y aplicar toda esta nueva información.

La confusión puede comenzar incluso con la terminología más básica. “Sistemas de comunicaciones de emergencia” (ECS, por sus siglas en inglés) y “sistemas de notificación masiva” (MNS, por sus siglas en inglés) se usan a menudo como sinónimos, pero no son la misma cosa. La edición 2010 del código NFPA 72 creó una nueva y más amplia categoría de ECS que incluye a los MNS y una variedad de otros sistemas de emergencia. Este Código define un ECS como un “sistema para la protección de vidas mediante la indicación de la existencia de una situación de emergencia y la comunicación de la información necesaria para facilitar una apropiada respuesta y acción,” y la mayoría de las formas de ECS se apoyan en el uso de la voz como estrategia primaria de transmisión de mensajes y comunicaciones.

Las necesidades de un creciente número de usuarios de ECS, desde el uso militar hasta campus universitarios y lugares de trabajo, están forzando a muchos de nosotros a reconsiderar cómo se utiliza la comunicación por voz en estos sistemas. El problema es que muchos de los sistemas de comunicación por voz aún son diseñados bajo los principios de audibilidad en lugar de los de inteligibilidad—otro punto de confusión. Audibilidad significa que usted puede oír algo, por ejemplo una alarma de incendio. Inteligibilidad significa que usted no sólo oye, sino que además, comprende. Es la diferencia entre el sonido y el lenguaje, entre una señal indicadora de la necesidad de tomar acción y un mensaje más complejo que comunica la situación, lo que es necesario hacer, y el porqué de esa necesidad. Los sistemas diseñados en base a la mera audibilidad no son suficientes para asegurar la inteligibilidad, lo que requiere un enfoque más sofisticado en el diseño del audio. Los sistemas de voz fracasarán en su misión prevista si no pueden ser fácil e inmediatamente comprendidos por la audiencia a quien van dirigidos. El sistema fracasará en lograr que la gente haga ciertas cosas, tales como refugiarse en determinado sitio, si el mensaje está mal formulado, si es muy largo o no da en forma adecuada las directivas específicas.

Una encuesta informal de expertos líderes en ECS ayudó a identificar 10 problemas comunes que afectan la calidad de la voz y el uso efectivo de los ECS, temas que no están tratados en forma directa en los requisitos del código NFPA 72. Si bien el cuerpo del código NFPA 72 no contiene información específica sobre el diseño o la evaluación de los sistemas de voz, el Anexo D del Código contiene tanto sugerencias para la buena práctica del diseño de sistemas de voz, como un protocolo bien detallado de prueba de los sistemas. Se puede acceder a una versión de cortesía (sólo lectura) del código NFPA 72 utilizando la página de información online del documento en http://www.nfpa.org/72. Además, la Asociación Nacional de Fabricantes Eléctricos publica una guía —la SB 50-2008, Guía de Aplicaciones de Inteligibilidad del Audio en Comunicaciones de Emergencia— disponible en nema.org, la que da tratamiento a algunos de estos problemas de diseño.

1. Audibilidad: No es lo mismo que inteligibilidad
Muchos diseñadores, instaladores y autoridades asumen que si el mensaje de voz es audible, será comprendido. Un sistema de voz debe ciertamente ser audible para ser comprendido; la mayoría de la gente ha tenido experiencias con sistemas localizadores que parecían susurrar y no podían ser comprendidos con ruido ambiental de fondo. Sin embargo, también habrán experimentado algún sistema a volúmenes demasiado altos. Los mensajes de voz a volúmenes muy altos pueden ser distorsionados por la electrónica de sistemas sobrecargados, y a menudo dan por resultado una reverberación excesiva en el espacio.

Aún cuando un mensaje de voz es audible y se presenta a un volumen confortable para la escucha, no necesariamente significa que es inteligible. Un sistema inteligible es un sistema claro, comprensible y capaz de ser comprendido. Imagine la frase “No utilice la escalera B”. Parado en una sala, usted oiría la oración proveniente en forma directa del altoparlante más cercano. Fracciones de segundo después, la frase también provendría del siguiente altoparlante más cercano. Y fracciones de segundo después de eso, la frase rebotaría contra el muro, cielorraso o piso y llegaría a sus oídos fuera de toda sincronía con las otras fuentes. Esto reduce la inteligibilidad, usualmente mediante la pérdida o corrupción de las consonantes existentes en las palabras. En este ejemplo, el “no” podría perderse, haciendo que el mensaje se interpretara exactamente de manera opuesta a la intencionalidad que tenía el mensaje. O, la letra “B” podría sonar como la letra “E”.

Los oyentes no deberían recibir sonidos provenientes de más de una fuente, a menos que estuvieran sincronizados para llegar a sus oídos en el mismo instante. El diseño efectivo de los sistemas de voz requiere que la reverberación sea minimizada, y esto puede hacerse, en parte, no sobrecargando el sistema—no presentándolo en un volumen demasiado alto.

2. La cantidad y espaciamiento de los altoparlantes
Muchos diseñadores de sistemas diseñan un espacio utilizando el mismo número de altoparlantes que utilizarían si colocaran sirenas en un diseño de alarma de incendio básico únicamente de tono. O simplemente utilizan una combinación de altoparlantes con luces estroboscópicas cada vez que se requiere una luz estroboscópica. Ninguno de estos métodos da tratamiento a los factores reales que afectan la inteligibilidad de la voz.

Si su oído está cerca de una fuente de sonido, la fuente no necesita de mucha energía para ser audible. Una buena analogía, son los auriculares, que liberan una cantidad pequeña de energía de sonido directamente en su oído. Incluso cuando sube el volumen hasta el nivel donde usted podría percibirlo como alto, aquellas personas cerca suyo podrían no oír nada. Esta analogía funciona bien para la mayoría de los diseños de sistemas de voz utilizados en el interior de edificios: utilizar más altoparlantes, con menor espaciamiento y funcionando a niveles menores de potencia.

¿Cuántos altoparlantes se requieren? ¿Y a qué espaciamiento y nivel de potencia? Depende. Un buen diseño podría comenzar con el objetivo de lograr un nivel de sonido uniforme donde el oyente nunca experimente una variación mayor a los 6 dB a medida que se mueve por un espacio dado. Este es un objetivo utilizado por ingenieros diseñadores de refuerzos de sonido en salas de reuniones y algunos sistemas de localización. Un sistema de emergencias puede usualmente tolerar una variación mayor, siempre que supere el ruido de fondo y siempre que no se encuentre a un volumen tan alto como para crear reverberación con las superficies.

El nivel de presión del sonido debe ser suficiente como para superar la mayor parte del ruido de fondo, pero no al punto de percibirse como “alto”. Para la mayoría de las ocupaciones, el nivel puede basarse en el nivel de ruido ambiental medido a unos 2000 Hz, una frecuencia que es un componente importante para la inteligibilidad del habla, particularmente para las consonantes. La potencia de salida de un altoparlante varía con la frecuencia y también varía a medida que uno se mueve fuera del eje—ambos afectarán el espaciamiento requerido. Además, un cielorraso más alto efectivamente requiere menos altoparlantes que uno más bajo. Sin embargo, dado que los altoparlantes de un cielorraso alto se encuentran más lejos del oído, podrían requerir una salida en dB un poco mayor, ajustada mediante el uso de una derivación superior en el parlante, o mediante el uso de altoparlantes con una clasificación de potencia diferente. Los Anexos A y D del código NFPA 72 contienen diagramas y algunos debates sobre estos principios.

La edición 2010 del código NFPA 72 incluye un nuevo requisito/herramienta para diseñadores para designar Espacios Acústicamente Distinguibles (ADS, por sus siglas en inglés). Estos son espacios que difieren de otros por su acústica, configuración física, ocupación o diseño de sistemas. El establecimiento de ADS enfoca a los diseñadores y autoridades en la posible necesidad de utilizar principios de diseño diferentes.

3. La ubicación de los altoparlantes
Muro o cielorraso: esa es la cuestión. Los altoparlantes montados en el cielorraso podrían ser más fáciles y menos costosos para instalar y mover en situaciones donde hay instalaciones abiertas y expuestas o que cuentan con cielorrasos suspendidos. El montaje sobre el muro podría ayudar a la colocación de altoparlantes en una ubicación cercana al oyente y a la reducción de los requisitos de potencia.

Es fácil diseñar la cobertura a nivel del oído cuando se conocen las características de un altoparlante. Cada altoparlante produce una salida de sonido audible en forma de cono, y la medida de dicho cono puede variar debido a una cantidad de factores, incluidos aquellos descritos anteriormente. En realidad, cada altoparlante tiene una salida ubicada en algún nivel por debajo del cono descrito por las características del altoparlante. El problema radica en que el nivel puede ser un poco menor en algunos ángulos y que varía con la frecuencia—dos factores que afectan la calidad de la inteligibilidad del habla. No obstante, podría ser aceptable el diseño de algunos espacios con inteligibilidad reducida, particularmente en corredores donde los ocupantes se encuentran a menudo en movimiento y pueden moverse a distancias cortas hacia áreas de mayor inteligibilidad.

4. La calidad de un mensaje pregrabado
La calidad de un mensaje pregrabado puede controlarse mejor que los anuncios por micrófono en vivo. Los mensajes pregrabados deberían ser cuidadosamente guionados y grabados por locutores/comentaristas profesionales que saben cómo utilizar las inflexiones de la voz, pausas y enunciaciones para transmitir significado.

La calidad de un mensaje grabado es en gran parte afectada por el tamaño del chip de memoria de la unidad de control y las especificaciones (profundidad de bits y frecuencia de muestreo) utilizadas para la grabación. Los sistemas de comunicaciones de emergencia no necesitan una alta fidelidad ni un gran tamaño de archivo, como los utilizados por ejemplo, en grabaciones de música, pero en áreas con altos niveles de ruido o acústicas desafiantes, una grabación de mejor calidad podría convertirse en la diferencia entre un sistema inteligible y uno que requiere un tiempo y esfuerzo considerable por parte del oyente para comprenderlo—asumiendo que el mensaje se repite lo suficiente.

En estas situaciones, la calidad puede mejorarse mediante el uso de 16 o 24 bits de profundidad versus la usual profundidad de 8 bits, y mediante el uso de una frecuencia de muestreo de por lo menos 8.000 o 16.000 Hz. La frecuencia de muestreo tiene un impacto directo en las consonantes que son tan importantes para comprender las palabras. La frecuencia de muestreo necesita ser al menos dos veces la mayor frecuencia que se pretende reproducir de manera confiable. De modo que una tasa de muestreo de solo 4.000 Hz podría ahorrar algo de memoria en el chip, pero limitaría la reproducción a sonidos no mayores de 2.000 Hz. Con ese límite de frecuencia, el mensaje de voz sonaría apagado y las consonantes se escucharían de manera distorsionada.

5. El cableado y la potencia
Es bastante común el ver cables de calibre 18 o 16 para circuitos de altoparlantes que tienen una longitud de cientos de pies—los diseñadores que crearon esos circuitos probablemente utilizaron un cable de mayor calibre, 10 o 12, en los altoparlantes de sus home theaters. Dado que los circuitos de audio alternan la corriente, es común medir la pérdida de potencia en decibeles en lugar de medirla en porcentajes de voltaje, como se hace en los circuitos de alarmas de incendio de corriente directa. Los cálculos debe hacerlos el instalador o fabricante para seleccionar la medida del cable que limite la pérdida de potencia a no más de 3 dB.

Ningún diseño es perfecto. La mayoría requerirá el agregado de algunos altoparlantes o el cambio de derivaciones para ajustar el volumen, alto o bajo. Deberían utilizarse medidas de cables que permitan una carga adicional, y debería incluirse capacidad adicional de potencia del amplificador para permitir cambios y ajustes que podrían necesitarse para balancear el sistema. Hay que tener en cuenta que los amplificadores pueden generar distorsión y ruido si se hacen funcionar al límite. Esta es otra razón para aumentar el tamaño del amplificador más allá de lo que requiere el diseño de base.

6. Ubicación y diseño del centro de comando de emergencias
Los arquitectos y propietarios se esfuerzan por optimizar el uso de cada pie cuadrado de un edificio. Contar con un centro de comando de emergencias seguro y resistente a incendios no es habitualmente una prioridad salvo que así lo requiera algún código o reglamentación. Como resultado, muchos sistemas de comunicaciones de emergencia tienen su interfaz central, incluido el micrófono, ubicada en el hall principal del edificio—en general, una de las áreas más ruidosas, y menos seguras del edificio, en particular durante una emergencia.

Los atributos físicos de un centro de comando de emergencias variarán en base a su misión prevista. No obstante, todos los centros de comando necesitan tener niveles bajos de ruido ambiente para permitir a los equipos de emergencia trabajar y comunicarse. Esto se hace mediante el suministro de áreas de trabajo especificas para las diferentes funciones y espacio suficiente para los miembros de los equipos, por ejemplo, el puente de mando de la nave estelar Enterprise, de “Viaje a las Estrellas”, con sus estaciones para tareas específicas, incluida una para el comandante y otra para el oficial de comunicaciones. Deben proveerse tratamientos acústicos para absorber y disipar el ruido conversacional, y los muros y perforaciones de servicio deben construirse para limitar el ruido exterior.

Es importante que cualquier ubicación de los micrófonos se posicione de modo tal que el usuario no se encuentre cerca de los otros que deben continuar hablando. Asimismo, tampoco debería haber un altoparlante en ningún lugar cercano a la ubicación del micrófono, lo que causaría retroalimentación y ruido en el sistema. El cable del micrófono debería ser lo suficientemente largo para permitirle al usuario sentarse en o alcanzar un escritorio o estación de trabajo donde podría haber diagramas, planos operativos, plantillas de mensajes, guiones, u otras anotaciones que necesitara consultar mientras hace sus anuncios. La colocación de material que absorba sonido sobre las ubicaciones de los micrófonos ha demostrado en general que reduce el ruido y aumenta la inteligibilidad de la voz.

7. Complejidad y ergonomía del sistema
La gente ha llegado a esperar interfaces de usuario intuitivas y ergonómicas para computadoras, teléfonos, reproductores de música y otros electrodomésticos. De igual manera, la interfaz de usuario para un ECS necesita considerar la misión y los usuarios. Los sistemas utilizados diariamente para funciones de rutina permiten a los usuarios familiarizarse con los controles y manejar cómodamente la complejidad del sistema; el permitir que un ECS de voz fuera utilizado para propósitos ajenos a la emergencia significó un gran avance en términos de mejorar su uso en la edición 2010 del código NFPA 72. Los sistemas que se utilizan sólo en raras oportunidades, por el contrario, requieren interfaces más simples. Las fuerzas de emergencia como la policía y los bomberos, podrían contar con personal entrenado y capaz de utilizar la interfaz del sistema. En otras situaciones, podría ser necesario para los propietarios el contar con personal calificado disponible para colaborar o emitir anuncios bajo la dirección de los comandantes de emergencia.

Las características del micrófono del sistema son importantes factores ergonómicos que afectan la inteligibilidad de la voz. Algunos micrófonos necesitan mantenerse cerca de la boca, a alrededor de una pulgada o menos. Otros necesitan estar a tres o cuatro pulgadas de distancia. ¿Cómo puede saber el usuario lo que resulta ideal? Un simple diagrama cerca del micrófono puede ser de ayuda. Algunos micrófonos son muy direccionales y deben mantenerse en forma vertical frente a la boca de la persona que habla. Estos micrófonos son útiles en centros de comando pequeños, dado que es menos probable que capten conversaciones paralelas de los laterales. Por otro lado, los micrófonos con una mayor sensibilidad polar son más aptos para que un usuario lleve cómodamente mientras se mueve y realiza otras tareas. El inconveniente que tienen es que recogerán ruidos extrínsecos en centros de comando pobremente diseñados.

8. Cuándo y cómo probar los sistemas de voz
El Anexo D del código NFPA 72, elaborado con la colaboración de la Fundación para Investigaciones de Protección contra Incendio, describe protocolos de prueba detallados, incluida información sobre cómo planificar las pruebas. Los protocolos de prueba en el Anexo no son requeridos; el Código permite su utilización, pero también permite una simple prueba de “escucha”.

El NFPA 72 requiere que los altoparlantes sean probados al momento de la aceptación y una vez al año. La prueba, no obstante, es muy diferente de la de los sistemas únicamente de tono, dado que la inteligibilidad del sistema de voz está afectada por algo más que sólo la audibilidad. La medición de la audibilidad de un mensaje de voz mediante el uso de un medidor de sonido carece virtualmente de significado respecto de la inteligibilidad, dado que la presencia de mobiliario, alfombras, y personas, pueden alterar de manera drástica la calidad de la señal de la voz mediante la absorción de diferentes frecuencias de sonido. Sin embargo, en muchos casos, el mobiliario y las personas pueden mejorar la inteligibilidad de la voz mediante la reducción de la reverberación. Asimismo, dado que diferentes frecuencias de sonido afectan los diferentes sonidos de la voz, llamados fonemas, es importante que el sonido esperado sea incluido como parte de la prueba.

También pueden utilizarse medidores de inteligibilidad para medir el desempeño del sistema. Se reproduce en el sistema un sonido especial que contiene todos los fonemas que componen el lenguaje humano, con el medidor registrando el funcionamiento. El sonido de la prueba puede ser pregrabado en el chip de voz por el fabricante del sistema. El protocolo de prueba establecido en el código NFPA 72 también incluye un método para incluir el micrófono en la prueba. La utilización del micrófono es una oportunidad para la gente de probar cómo obtener la mejor calidad de voz. También es una prueba importante para una pieza más de la electrónica que puede afectar dramáticamente la calidad de la voz.

Una consideración adicional con los mensajes pregrabados es que la calidad de tales mensajes podría no ser tan crítica como la calidad de los anuncios en vivo, porque los mensajes pregrabados se repiten habitualmente varias veces en forma automática, dando a los oyentes la oportunidad de aclarar sonidos o palabras dudosos/as. La investigación ha demostrado que si se entiende alrededor del 80 por ciento de las palabras, la comprensión de las oraciones será de un noventa y pico por ciento, porque el cerebro está acostumbrado a poner las cosas en contexto. Repetir un mensaje varias veces, casi garantiza la correcta recepción del mensaje, excepto en las peores condiciones. Pero el mensaje de un comandante hablando en el micrófono podría no repetirse nunca, o podría repetirse utilizando palabras o estructuras de frases diferentes.

Sin la repetición textual, el ambiente acústico y todas las piezas del equipo en la cadena, incluido el micrófono, cobran mayor importancia en lo relativo a la inteligibilidad del habla y a la correcta recepción del mensaje.

9. Lo que el mensaje de voz debería decir 
Se puede tener el mejor sistema de sonido jamás fabricado, pero si no se dicen las palabras adecuadas, no se logrará que la gente haga lo que se le requiere. Y peor aún, eso podría significar un daño mayor.

Un mensaje no será comprendido si la persona que habla tiene un acento desconocido, habla muy rápido, sostiene el micrófono muy cerca o muy lejos, o utiliza lenguaje muy informal, técnico o complejo. Un experto señaló que la frase “por favor” no debe utilizarse en los mensajes pregrabados; los anuncios de emergencia deben ser claros, directos y despojados de todo lenguaje innecesario. Los mensajes tiene dos propósitos principales: informar a la gente sobre la situación que está teniendo lugar y guiar el comportamiento de las personas.

Deberían contener tres o cuatro elementos críticos: lo que ha sucedido, lo que debe hacerse, el “por qué” debe hacerse y “quién soy yo”—qué autoridad está diciendo esto. Tener en cuenta que “lo que debe hacerse” debe ser el último elemento mencionado, dado que será el más recordado. Ejemplo: “Hay un incendio en el piso 15. Por su seguridad, el jefe de bomberos pide que evacuen utilizando la escalera”.

Hay muchos otros factores que afectan las buenas estrategias de mensaje. La Fire Protection Research Foundation está trabajando con el Instituto Nacional de Normas y Tecnología, en nombre del Comité Técnico de ECS del código NFPA 72 para desarrollar lineamientos y plantillas para una variedad de emergencias, audiencias objetivo, y plataformas de envío, incluidas comunicaciones de voz.

10. ¿Quién estará autorizado a utilizar el sistema?
La respuesta a la pregunta sobre quién autorizará y hará los anuncios requiere una cuidadosa planificación y debate entre todas las partes interesadas relacionadas con la planificación e implementación de los ECS.

Los sistemas con mensajes pregrabados pueden activarse automáticamente para emergencias tales como un incendio, en las cuales se han elaborado y analizado los posibles escenarios, y donde las acciones necesarias están bien establecidas. No obstante, aún cuando los mensajes pregrabados han sido automáticamente activados y transmitidos, la emisión de mensajes en vivo por el equipo de emergencias aumentará la efectividad; en algunas situaciones, los ocupantes podrían considerar irrelevantes los mensajes pregrabados, al igual que a menudo son ignoradas las señales de la alarma de incendio únicamente de tono. Asimismo, muchas emergencias casi siempre requerirán algún tipo de evaluación, toma de decisión, y ajuste de plantillas de mensaje antes de emitir los anuncios de voz.

En un escenario de incendio, los anuncios en vivo podrían esperar hasta que el comando del incidente se haya establecido y hasta que haya tenido la oportunidad de reunir información crítica que podría afectar el contenido del mensaje. Sin embargo, cuando hay una persona con una pistola en una clase, podría ser necesario el uso más inmediato de los ECS. Esta es la razón por la que el tema de la autorización necesita ser parte del plan de emergencias. La cuestión del acceso, del control físico y/o contraseña, hacia los controles y micrófono de los ECS debe ser resuelta antes del diseño e instalación del sistema. De igual manera, cuando hay múltiples micrófonos o estaciones de comando, es necesario establecer protocolos de control, accesos y prioridades.

En resumen
Los ECS requieren ser planificados, diseñados, instalados y utilizados con cuidado. Los sistemas que se basan en la voz para el envío de mensajes enfrentan numerosos desafíos que afectan a muchas personas, autoridades, actividades comerciales y profesiones. Es importante identificar a las partes involucradas y expertos que participaron en la etapa de planificación de cualquier proyecto de ECS. Dado que el diseño de los sistemas de voz es tan diferente de un diseño de señalización de alarma de incendio convencional, los ingenieros necesitan aprender nuevas técnicas y utilizar nuevas herramientas de diseño o buscar alianzas con profesionales experimentados. Las autoridades y propietarios necesitan estar activamente involucrados en la planificación de estos sistemas; ignorar las cuestiones de voz de los ECS o sólo darles tratamiento parcial puede poner en peligro la calidad y efectividad de las comunicaciones de voz durante una emergencia.

Robert Schifiliti, ingeniero en protección contra incendios matriculado, es presidente y CEO de R.P. Schifiliti Associates, Inc. Participa de varios comités de la NFPA, y preside el Comité de Correlación Técnica de la NFPA sobre Sistemas de Señalización para la Protección de la Vida y la Propiedad, responsable del código NFPA 72.


ECS, Bidireccionales
NFPA 72, Código Nacional de Alarmas de Incendio y Señalización, divide ampliamente los sistemas de comunicaciones de emergencia (ECS, por sus siglas en inglés) en sistemas unidireccionales y sistemas bidireccionales. Los sistemas unidireccionales incluyen tanto sistemas tradicionales de voz para alarma de incendio como sistema utilizados para otro tipo de riesgos. Los sistemas unidireccionales también se dividen en aquellos ubicados dentro del edificio y aquellos que transmiten mensajes de voz hacia el exterior en una amplia área, o aquellos que envían mensajes a receptores específicos, habitualmente utilizando mensajes de texto, correo electrónico, o discado masivo y envío de mensajes de voz grabados.

Los sistemas bidireccionales incluyen tanto teléfonos de las fuerzas tradicionales de bomberos/de emergencia como sistemas que perfeccionan el uso de radios de las fuerzas de emergencia dentro de un edificio o área. El Código también ha incluido requisitos para sistemas de comunicaciones bidireccionales para ascensores y áreas de refugio, que habían sido requeridos por los códigos de edificación desde hacía tiempo, pero que no habían sido cubiertos por ninguna norma de desempeño ni instalación antes de la edición 2010 del código NFPA 72.
Source: http://www.nfpajla.org/archivos/edicion-impresa/alarma-deteccion-senalizacion/1003-puedes-oirme-y-entenderme-ahora

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Maquinas en aumento. Drones y Robots en el ambito de la emergencia.

Posted by Firestation en 06/11/2015

Por Jesse Roman

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Drones, robots y la revolución venidera en sistemas no tripulados —y su potencial para los socorristas y los encargados del manejo de emergencias

Son las 8:45 de la mañana y estoy sentado en el Centro del Congreso Mundial de Georgia, en Atlanta, escuchando “Play That Funky Music” de Wild Cherry que emite el sistema de sonido de una antesala de convenciones oscura y cavernosa.

A mi alrededor, enmarcados por las luces de neón, hay algunos miles de ingenieros en robótica. Tomamos café mientras revisamos nuestros teléfonos celulares y esperamos la inauguración oficial de “Unmanned Systems 2015” (Sistemas No Tripulados 2015) una de las conferencias y exhibiciones más importantes a nivel mundial para drones y robots no tripulados.

Repentinamente, la música asciende en volumen, histriónica y mucho más fuerte, enormes pantallas de video a ambos costados del escenario representan drones y robots animados de todos los tipos, acuáticos, terrestres y voladores. Colin Guinn, ejecutivo en la compañía 3D Robotics y presentador de la sesión general del evento, salta sobre escenario con la energía de una bala de cañón.

“Bienvenidos a “Unmanned Systems 2015”—¡Quiero ver el entusiasmo de todos ustedes!” exclama Guinn, alzando sus brazos y haciendo palmas. “Contamos aquí con más de 7,000 personas de 55 países, más de 200 charlas educativas, y 350,000 pies cuadrados de espacio para exhibiciones—¡esto es más de cuatro canchas de fútbol para drones y otras curiosidades!”

Una hora más tarde, con la multitud rebosante de entusiasmo , caminamos por la amplia antesala de exhibiciones y descubrimos un mundo que podría haber provenido del imaginario del hermano menor de Willie Wonka—un hábil experto en tecnología. Drones, sensores, robots y artilugios de todos los tipos suspendidos en el aire, rodando por el piso, nadando en tanques y volando en espacios encerrados por redes. Cada pulgada del espacio equivalente a cuatro canchas de fútbol de la antesala de convenciones se colma del murmullo de selectos grupos de la industria, emprendedores entusiastas, inversores de mucho dinero, y espectadores tan curiosos como yo, todos preparados para un futuro cuando estos robots nos resulten tan familiares como los teléfonos que ahora llevamos en nuestros bolsillos. La conferencia está cargada de un energizado clima que parece decirnos “podemos cambiar el mundo”, y los pabellones de exhibición están colmados de breves pero contundentes consignas del tipo “Incorporando las ventajas del comando no tripulado” y mi favorita, “Construya hoy el mañana”.

Ese optimismo es compartido por muchos organismos públicos de seguridad y socorristas, que ven el gran potencial que ofrecen los sistemas no tripulados— robots terrestres y acuáticos, y drones aéreos— para salvar vidas y lograr una mayor eficiencia y seguridad para bomberos, policías y técnicos médicos de emergencia. A medida que la tecnología se expande rápidamente y las restricciones federales sobre sistemas operativos no tripulados se vuelven más definidas, los organismos públicos de seguridad están luchando para descubrir cómo pueden soltar este vasto potencial de forma segura e inteligente. NFPA ha realizado debates a nivel interno y con grupos externos sobre la necesidad de desarrollar códigos y normas nuevos para los socorristas que tengan la intención de utilizar drones y robots. “Creo que estas máquinas cuentan con un gran valor y es un área en la que NFPA puede ser de gran ayuda, ya que comprendemos las necesidades de los socorristas y los ambientes únicos en los que trabajan”, dice Ken Willette, Gerente de la División de Incendios Públicos y ex jefe de bomberos. “Veo esto como un posible grupo de normas nuevas dentro de la biblioteca de NFPA”.

NFPA no ha recibido aún el pedido formal para desarrollar una norma de sistemas no tripulados, pero Willette y otros creen que esto podría ocurrir pronto. De ser así, en primer lugar NFPA se concentraría, en desarrollar normas sobre la selección, cuidado y mantenimiento, así como calificaciones profesionales para los operadores de sistemas no tripulados, dice Willette.

Mientras tanto, el Instituto Nacional de Normas y Tecnología (National Institute of Standards and Technology, o NIST) está actualmente trabajando para desarrollar métodos de ensayo normalizados con el fin de asegurar que los sistemas no tripulados, comercializados para socorristas, funcionen según lo pautado. También se están llevando a cabo proyectos de investigación relacionados en universidades; desde Carolina del Norte hasta Hawaii, y tan solo en el último año se realizaron dos importantes talleres regionales para bomberos sobre drones en Maryland y Oklahoma. La Fundación de Investigación de Protección contra Incendios ha solicitado un subsidio federal para llevar a cabo al menos dos encuentros más sobre estas cuestiones para dar espacio a la puesta de ideas en común.

“Creímos que tal vez reuniríamos de 20 a 25 personas, y terminaron asistiendo 110 cuerpos de bomberos de todo Oklahoma, Kansas, Arkansas y Texas”, dice Jamey Jacob, jefe del nuevo programa de posgrado de Sistemas Aéreos No Tripulados (Unmanned Aerial Systems) en la Universidad del Estado de Oklahoma, que fue sede de uno de estos talleres para bomberos. Las reuniones y los debates son cruciales, dice, ya que la tecnología ha avanzado mucho más rápido que las normas y las reglamentaciones sobre cuándo y cómo utilizarla. “Si no nos hacemos cargo de esto”, dice Jacob, “muchos cuerpos de bomberos buscarán hacerlo por su cuenta”.

Un mundo de posibilidades
Recorriendo la exposición en Atlanta, resulta inevitable comprender el entusiasmo por estas máquinas. La Asociación Internacional para Sistemas de Vehículos No Tripulados (Association for Unmanned Vehicle Systems International, o AUVSI), que lleva a cabo la conferencia de Sistemas No Tripulados cada año, predice que en los próximos 20 años, en Estados Unidos nada más, existirán un millón de vuelos de drones no tripulados por día, y también estima que la industria aportará más de 82 mil millones de dólares a la economía de la nación en la próxima década Los expertos en industria creen que, después de su uso en la agricultura, las aplicaciones para socorristas y seguridad pública serán el mercado civil más amplio para robots no tripulados en tierra, aire y mar. Predicen que los drones aéreos, o “vehículos aéreos no tripulados” (unmanned aerial vehicles, o UAV), sin duda serán los más utilizados.

Las posibilidades son tentadoras. Los sistemas no tripulados pueden llegar a lugares que los humanos no pueden de manera rápida y segura: planear por fuera de los pisos superiores de un incendio de gran altura, excavar bajo los escombros después de un terremoto, realizar búsquedas en áreas contaminadas después de un derrame químico. También pueden llegar a la escena del accidente más rápidamente que los socorristas porque, como me ha dicho la co-fundadora de iRobot Helen Grenier, “la distancia más corta entre dos puntos la define el vuelo del drone”.

Imaginen si el personal del Servicio de Emergencias Médicas pudiera despachar rápidamente un pequeño drone para entregarle un antiveneno a un senderista mordido por una serpiente de cascabel en un área remota de un bosque. Imaginen desplegar una flota de naves autónomas de tres pies de longitud, programadas para trabajar en coordinación para completar de forma metódica una búsqueda en 10,000 millas cuadradas de océano en tan solo algunas horas. Imaginen la posibilidad de lanzar cuadricópteros de cinco libras para planear por encima de un incendio forestal, capaces de enviar datos en tiempo real a los comandantes del incidente sobre las velocidades y dirección del viento, imágenes térmicas, e ilustraciones desde múltiples ángulos—todo esto al mismo tiempo que brindan una red inalámbrica 4G para comunicaciones operativas. Imaginen lo útil que resultaría si un drone pudiera volar dentro de un edificio en llamas, ubicar a las víctimas, crear rápidamente un escaneo tridimensional del piso de la estructura, y transmitir esta información a los bomberos fuera del edificio.

Estas no son fantasías—la tecnología existe, y en parte ella ya está siendo utilizada en diferentes escenarios. Cuando se derritió la Planta de Energía Nuclear de Chernobyl en Ucrania en 1986, 30 trabajadores y socorristas murieron por envenenamiento debido a la radiación. Sin embargo, años más tarde, en el derretimiento casi igualmente devastador de la planta nuclear de Fukushima Daiichi de 2011 en Japón, no se reportaron víctimas, en gran parte, porque se desplegaron robots militares terrestres llamados PackBots, equipados con sensores químicos, biológicos, radiológicos y nucleares para evaluar la escena antes de enviar personal de emergencia. “Así pudieron abordar gradualmente el problema, en lugar de lanzar cientos de hombres a entrar, a lo que los llevaría posteriormente a la muerte”. dice Mike Edis, gerente de producto de iRobot, que fabrica los PackBots.

En 2014, en una excavación de granito en Brandford, Connecticut, se prendieron fuego los cobertores de goma contra voladuras de rocas, el incidente de fuego, resultaba muy riesgoso ya que se encontraba cerca de la dinamita que se estaba utilizando para minar las rocas. El Jefe de Bomberos de Branford, Jack Ahern, no logró que los bomberos pudieran extinguir las llamas de forma segura porque no sabía a qué distancia se encontraba el fuego de los explosivos. Un voluntario del cuerpo de bomberos hizo volar un drone que utilizaba como pasatiempos sobre el lugar para obtener un mejor panorama y pudo confirmar visualmente que los explosivos estaban a una distancia segura del fuego. Pudiendo así Ahern, ordenarles a las dotaciones que ingresaran.

Existe supuestamente una utilización de robots o drones para cualquier emergencia. California ha utilizado drones para asistir en los esfuerzos de extinción de un incendio forestal. Se utilizaron drones pequeños en operaciones de búsqueda y rescate después del terremoto de Nepal a principios de este año. Se están desarrollando planes para utilizar drones para inspeccionar puentes y analizar descarrilamientos de trenes con químicos peligrosos. La Fuerza Naval estadounidense ha incluso revelado un robot prototipo, bípedo, humanoide para combatir incendios en sus buques.

“En 10 años, los UAV serán tan importantes para los bomberos como el agua para combatir un incendio”, me contó Robert Doke, inspector del departamento de bomberos del estado de Oklahoma. “Serán piezas comunes para los cuerpos de bomberos. Con los UAV, el cielo es el límite—no es un buen juego de palabras, pero es la realidad”.

Complicaciones regulatorias
Pero los drones aéreos en particular enfrentan un desafío importante. Si bien la tecnología de los UAV es muy prometedora y está mejorando con rapidez, existen muy pocos organismos públicos de seguridad y casi ningún cuerpo de bomberos en Estados Unidos que la esté utilizando actualmente. Dicen los observadores, que esto se debe a que las reglamentaciones federales sobre drones voladores son tan onerosas, que han inhabilitado de forma efectiva el uso comercial de los UAV en Estados Unidos para todos, excepto para algunos pocos organismos públicos y negocios que están dispuestos a someterse a extensos procesos para obtener el permiso. Los aficionados, no obstante, pueden volarlos con pocas restricciones.

Este clima regulatorio ha frustrado a la industria de UAV por años. Según un informe de impacto económico publicado por AUVSI en 2013, “el principal inhibidor del desarrollo civil y comercial estadounidense de los UAS (sistemas aéreos no tripulados) es la falta de estructura regulatoria.” Según lo que me informaron los líderes comerciales de UAV con los que conversé, hasta en tanto la Administración Federal de Aviación (Federal Aviation Administration, o FAA) —que restringe el uso comercial de drones, fundamentado en un tema de seguridad y privacidad—no quite restricciones a las reglamentaciones sobre drones, la emergente industria tiene pocas probabilidades de despegar.


Vea como socorristas han utilizado sistemas no tripulados

Hoy día, para poder volar un drone legalmente, los organismos públicos de seguridad deben primero obtener una Certificación de Autorización (Certification of Authorization, o COA), e incluso después de esto existen muchas restricciones sobre dónde, cómo, y cuándo pueden volarlo. El proceso para obtener un COA puede ser largo, difícil y confuso para cuerpos de bomberos de gran tamaño y con recursos y casi imposible para los pequeños. “La FAA es un ninja burocrático—cualquier cosa que se le arroje, la devolverá y exigirá más información detallada”, dice Jacob.

El Cuerpo de Bomberos de Austin (Texas), que hace aproximadamente un año lanzó un nuevo equipo robótico para utilización en emergencias, está preparado para convertirse en el primer cuerpo de bomberos de la nación en recibir un COA para operar drones a fines de este año. Coitt Kessler, que lidera el equipo, me dijo que incluso con pilotos de aeronaves certificados en su personal, drones a disposición, y tiempo y espacio interior para una capacitación y práctica, el proceso de obtención del COA ha sido arduo. “Las normas cambian literalmente cada semana”, dice. “La FAA intenta proteger el espacio aéreo e intenta realmente dar lo mejor de sí, pero igual resulta muy confuso. No existe una voz unificada”. La FAA no respondió los pedidos de comentarios de NFPA Journal.

Existen razones para creer que todo esto podría cambiar pronto. En febrero, presionados por la industria de drones, la FAA publicó las normas propuestas para pequeños drones con un peso inferior a 55 libras. En esta propuesta, se permitía volar drones sin un COA, siempre que los operadores aprobaran un examen de conocimiento y cumplieran con algunas otras calificaciones mínimas. Estas normas incluyeron una serie de condiciones, incluso estipulaciones que indicaron que los drones solo pueden volar durante el día, al alcance de la vista del operador, y por debajo de los 500 pies. Muchos observadores creen que podría llevar dos años para completar estar normas, pero algunos hallazgos recientes indicarían que el proceso podría finalizar antes. En mayo, los Senadores estadounidenses Cory Booker, un Demócrata de Nueva Jersey, y John Hoeven, un Republicano de North Dakota, presentaron la “Ley de Modernización de UAS”, con el objetivo de perfeccionar el proceso regulatorio a corto plazo hasta que se establezcan las normas finales de la FAA.

Aquellas personas que manejan información privilegiada de la industria de los drones y quienes la siguen de cerca creen que estos hallazgos podrían ser la señal de un cambio radical. “Creo que una vez que recibamos la luz verde de la FAA, podremos ver que en unos pocos meses los cuerpos de bomberos estarán utilizando los UAV”, dice Doke, inspector del departamento de bomberos del estado de Oklahoma. “Y en menos de seis meses, en la medida en que se reduzcan los precios de los UAV, veremos un aumento repentino en su utilización por parte del cuerpo de bomberos”.

Actualmente, algunos dispositivos de recreación cuestan tan solo unos pocos cientos de dólares, pero las plataformas aéreas más importantes como las que probablemente utilizarán los organismos públicos pueden costar miles o cientos de miles de dólares—aún así son considerablemente más económicas y más fáciles de costear que cualquier aeronave tripulada. Dicen los observadores que una rápida adopción de estos sistemas podría reducir aún más los costos, volviéndolos incluso más accesibles todavía.

El imperativo de la norma
Como lo sugiere el término, una innovación perturbadora no es siempre un proceso simple, y los líderes en seguridad pública advierten que se debe realizar mucho trabajo preliminar antes de que los sistemas no tripulados puedan convertirse en herramientas seguras y efectivas. Sin las políticas, procedimientos, capacitación y equipos adecuados, la era no tripulada podría dar un paso en falso y tropezarse con un gasto ineficiente antes de poder despegar. “No contamos con los presupuestos para hacerlo mal—tenemos que hacerlo bien desde la primera vez”, me dice Kessler. “Ese proceso comienza con grupos como la NFPA estableciendo normas.

Existen muchas consideraciones que deben sopesarse antes de que los sistemas estén listos para ser utilizados—algunas son obvias, y otras no tanto, según Willette de NFPA. Por ejemplo, ¿es seguro o incluso posible operar un sistema no tripulado si el operador está usando un equipo completo de protección personal? La mayoría de los sistemas no tripulados se controlan a través de frecuencias de radio—¿afectará esto la comunicación en el lugar del incendio, o interferirá de otra manera con los equipos del servicio de bomberos de alta tecnología que utilizan comunicación inalámbrica o por Bluetooth? ¿Pueden los sistemas no tripulados soportar el calor, químicos, agua, humo, brasas transportadas en el aire y demás riesgos que deberán enfrentar en el lugar del incendio? “Las normas deben considerar la seguridad desde el punto de vista del operador”, dice Willette. Ya se está llevando a cabo una gran cantidad de investigación de los aspectos del desempeño del sistema no tripulado, su funcionamiento y los procedimientos para los socorristas, un trabajo que posiblemente informaría a cualquier norma futura de NFPA sobre sistemas no tripulados.

Entre esta investigación se encuentra el trabajo que se está llevando a cabo en NIST. Si el evento “Unmanned Systems 2015” fuera una brillante producción de Broadway, entonces el laboratorio de Adam Jacoff en NIST sería el espacio para el ensayo. Durante casi una década, Jacoff, director de pruebas de la División de Sistemas Inteligentes en NIST, ha trabajado para desarrollar métodos de ensayo normalizados para asegurarse de que los drones y robots se desempeñen según lo publicitado para el Departamento de Defensa y, más recientemente, el mercado de seguridad pública civil. Hasta el momento ha desarrollado 15 métodos de ensayo normalizados, con otros cinco que se agregarán este año, lo que mide de forma confiable las capacidades basales del robot y del operador, necesarias para desempeñar una tarea específica definida por los socorristas militares y de emergencia. Estos ensayos normalizados, son actualmente publicados por ASTM International.

Con tantos robots y drones y tantos escenarios y utilizaciones posibles, es una tarea sobrecogedora que lo mantendrá ocupado por el resto de su vida laboral, dice Jacoff. “Por necesidad , nos corrimos rápidamente de las tareas específicas de la misión y nos concentramos en tareas más específicas de los robots—todas requieren de algún grado de agudeza visual, comunicación por radio, resistencia y movilidad en el terreno”, . “Una vez que comenzamos a analizarlo en el espacio de la robótica, el trabajo se vuelve mucho más fácil, y ya no es tan complicado descubrir dónde se encuentran las brechas. Estamos agilizando nuestra capacidad de adaptarnos y expandir los diferentes escenarios de prueba”, agrega Jacoff.

NIST está actualmente documentando las capacidades de los sistemas no tripulados y está dejando en manos de los compradores la decisión de si dichas capacidades cumplen con sus necesidades. Es información valiosa, pero para muchos departamentos de seguridad pública, puede ser aún difícil saber exactamente qué comprar. Allí es donde podría ayudar NFPA, dice Jacoff. “La experiencia de NFPA en el desarrollo de normas sería de gran valor para esto”, dice. “Si NFPA quisiera adoptar o definir la versión del nivel del equipo de lo que estamos haciendo en NIST—tomar ese trabajo y corroborarlo como un robot normalizado con todos los umbrales definidos—eso podría ser el golpe inesperado perfecto”.

En mayo, los funcionarios de NFPA se reunieron con ASTM International, que publica las normas de desempeño de NIST, para analizar de qué manera NFPA podría complementar el trabajo que se estaba realizando en NIST para crear una norma del equipo para los socorristas.

“Juega perfectamente a nuestro favor—no necesariamente contamos con la experiencia para evaluar las capacidades técnicas de los sistemas no tripulados, pero sí contamos con la experiencia necesaria para seleccionar, cuidar y mantener piezas muy técnicas de los equipos”, dice Willette. “También contamos con experiencia para analizar lo que necesita saber un socorrista y las capacidades que necesitan tener”.

Contar con drones y robots utilizables y poder operarlos es solo el comienzo—las partes interesadas deben saber cuándo y cómo utilizarlos, dice Jacob del Estado de Oklahoma. “Deben saber qué tipo de vehículos deben utilizarse, de qué manera deben utilizarse, y cómo deben integrarlos en las operaciones actuales”, dice.

Pareciera no faltar gente que intenta responder estas inquietudes. El Centro Nacional de Capacitación de Preparación para el Desastre (National Disaster Preparedness Training Center) en la Universidad de Hawaii, que prepara los programas de capacitación para la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (Federal Emergency Management Agency, o FEMA), está trabajando para desarrollar un curso sobre cómo integrar los sistemas no tripulados a los procedimientos para desastres existentes y crear procedimientos nuevos. En 2012, el Centro de Transporte Aéreo NextGen (NextGen Air Transportation Center) del Instituto para la Investigación y Educación del Transporte (Institute for Transportation Research and Education) en la Universidad del Estado de Carolina del Norte llevó a cabo una serie de pruebas relacionadas con incendios forestales utilizando cuatro drones en diferentes alturas durante un incendio controlado en Florida. Los investigadores intentaban determinar qué tan bien detectan los sensores de los drones, los cambios clave en las condiciones en el lugar del incendio, así como la forma de transmitir dicha información a los comandantes del incidente y luego transmitirla a los bomberos en el lugar del incendio en tiempo real.

“Eso es lo importante—tener algún concepto de las operaciones”, dice Tom Zajkowski, gerente de operaciones de vuelo del programa de UAS del centro del Estado de Carolina del Norte. “Sin eso, un drone es simplemente un juguete brillante en el aire”.

Existen muchos centros de certificación de sistemas no tripulados fundados a nivel federal en todo el país, incluso uno en Oklahoma fundado por el Departamento de Seguridad Nacional específicamente orientado a evaluar pequeños UAV para ser utilizados por socorristas. El centro recibe a dos o tres proveedores por mes que pasan por diferentes escenarios de misión, entre ellos una búsqueda y rescate, un tirador activo y un incendio forestal.

Además de evaluar las capacidades de los sistemas no tripulados, un foco primario del programa de Oklahoma es desarrollar procedimientos operativos, dice Stephen McKeever, profesor de física en el Estado de Oklahoma y secretario de ciencias y tecnología del estado. “La comunidad técnica puede resolver las cuestiones técnicas”, dice. “Existirán drones específicos para estas vocaciones que contarán con los sensores correctos. Pero poder obtener datos es una cosa—cómo utilizarlos es otra cosa. Allí es donde entra en juego la capacitación”.

La participación de NFPA podría también ayudar a darle credibilidad al concepto de utilización de sistemas no tripulados en los bomberos, dice Kessler, quien, como líder de uno de los pocos cuerpos de bomberos que analizan seriamente la utilización de drones, comprende lo delicada que puede ser la proposición. El público sigue desconcertado sobre la utilización de drones, tanto desde el punto de vista de la privacidad como de la seguridad incluso en situaciones de emergencia en las que la utilización de drones podría ofrecer un claro beneficio. Por ejemplo, en marzo 2014, después del fatal alud de barro en Oso, Washington, los funcionarios del condado quisieron utilizar drones para buscar a los sobrevivientes, en aquellas áreas en las que era casi imposible que accederían los socorristas. Se realizaron esfuerzos a tal fin por más de un mes hasta que, no obstante, los vecinos citando sus preocupaciones sobre privacidad presionaron a los funcionarios para que no permitieran la utilización de drones. Se permitió que volara un drone durante 48 minutos a fin de abril para realizar un modelo 3-D del área del alud para ser utilizado por los ingenieros para la reconstrucción y recuperación.

En el futuro, contar con una norma de consenso ya establecida sobre los procedimientos para la operación y retención de datos podría contribuir en gran medida para apaciguar parte de estos temores, dice Kessler. “Creo que si podemos demostrar profesionalismo desde el comienzo, y con esto podría ayudar NFPA, tal vez ese juego de confianza con el público avanzaría un poco más rápido, abriendo camino para la gente que nos sigue”, me dice Kessler. “Pero en este momento somos los pioneros. Estoy seguro de que los próximos cuerpos de bomberos podrán manejar este tema mucho más fácilmente de lo que lo hicimos nosotros”.

El futuro le pertenece a los usuarios
En el evento de Sistemas No Tripulados en Atlanta, la antesala de la conferencia aún bulle con actividad. Un grupo de jóvenes ingenieros posan para una fotografía frente a un helicóptero Apache no tripulado de tamaño real. Un hombre lee detenidamente la información en el salón de exposiciones al mismo tiempo que opera un vehículo de mando a distancia—la máquina con aspecto de tanque parece pesar varios cientos de libras— y merodea por el pasillo en frente de él. Un drone metálico con forma de orbe zumba por el aire frente a mí mientras que el inventor les cuenta a los espectadores que puede chocar contra una ventana, levantarse y volver a despegar. En una pequeña sala de conferencias en el piso superior, durante una charla sobre sistemas marítimos no tripulados, Bruce Hanson, un ejecutivo de una compañía llamada MARTAC, muestra un bote robótico de tres pies de longitud—una “embarcación no tripulada”. La nave, elegante y cómoda, parece haber sido creada por el equipo de diseño de Batman.

Uno no puede más que asombrarse, y al mismo tiempo preguntarse qué haremos con todas estas cosas ya sea por tierra, aire o mar. Es una pregunta para la que la mayoría de los asistentes a la conferencia tienen una respuesta guardada y lista para ofrecer. Pero en realidad, Hanson le dice a su audiencia, que realmente depende de todos nosotros—incluso de los cuerpos de bomberos, funcionarios del manejo de emergencias, organismos a cargo del cumplimiento de la ley, creadores de normas, y más—tomar la decisión. “Si la tecnología es lo suficientemente económica, los usuarios innovarán sobre que hacer con ella”, dice, mientras luce su bote de Batman. “Existen tantas aplicaciones para estos sistemas no tripulados. Ni siquiera sabemos lo que la mayoría de estas son.”

Jesse Roman es redactor de NFPA Journal. Se lo puede contactar en .


Desde los escombros

Desde Fukushima hasta DARPA, la evolución de los robots

En 2011, menos de una hora después de que un terremoto de 9.0 puntos de magnitud cortara la energía en la planta de energía nuclear Fukushima Daiichi en Japón, un tsunami de 45 pies de altura chocó contra las instalaciones, destrozando los generadores de reserva y otros equipos eléctricos. El vapor que se acumula como agua en los reactores se evaporó, y los altos niveles de radiación impidieron que los trabajadores pudieran realizar las reparaciones críticas y lograr que las válvulas liberaran la creciente presión. En pocos días, explotaron tres reactores, disparando una ola de radiación mortal hacia el aire y el mar.

Si los trabajadores en planta hubieran tenido acceso a robots capaces de atravesar los deshechos, abrir las válvulas y realizar otras reparaciones críticas después del terremoto y tsunami, se podría haber evitado el desastre—pero ese nivel de destreza y capacidad robótica no existió. Dichas limitaciones se convirtieron en el ímpetu detrás de la creación en 2012, del desafío robótico “DARPA Robotics Challenge”, que en 2013 lanzó una competencia de dos años que finalizó en junio. Financiada con 3.5 millones de dólares de dinero en premios por la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzados de Defensa (Defense Advanced Research Projects Agency, o DARPA) estadounidense la competencia tenía como fin acelerar la tecnología robótica para respuesta ante desastres.

Competencias como la de DARPA son invaluables ya que fuerzan a los ingenieros a concentrarse en los problemas que necesitan resolver los socorristas y las fuerzas armadas, dijo Adam Jacoff, ingeniero en investigación robótica en el Instituto Nacional de Normas y Tecnología (National Institute of Standards and Technology) y presidente de las competencias robóticas internacionales “RoboCupRescue”. “Estamos utilizando eficazmente las competencias de robots para ayudar a refinar, validar y diseminar las normas”, dijo. “Los métodos de prueba someten a los ingenieros a una prueba de fuego”.

Los 23 equipos que compitieron en las finales de DARPA, llevadas a cabo el 5-6 de junio en Pomona, California, debían construir robots accionados a batería que pudieran completar un circuito de ocho complicadas tareas. Los robots debían manejar un vehículo por una pista con obstáculos; salir del vehículo; caminar hasta una puerta, abrirla y atravesarla; girar válvulas; caminar sobre escombros; activar disyuntores; hacer un agujero en un muro; y subir escaleras. Se tomaba el tiempo que les llevaba a los robots, muchos de ellos humanoides y bípedos, completar el circuito y recibían un punto por cada tarea completada. Los equipos controlaban a sus robots de forma inalámbrica, a pesar de que los robots podían también completar algunas de las tareas básicas por sí solos.

El equipo Kaist de Daejeon, República de Corea, obtuvo el primer lugar y el premio principal de 2 millones de dólares con su robot DRC-Hubo, que completó las ocho tareas en solo 44 minutos. Un robot llamado “Running Man” (Hombre Corredor), diseñado por un equipo de Pensacola, Florida, obtuvo el segundo puesto y recibió 1 millón de dólares por completar las ocho tareas en solo 50 minutos.

“Este es el final de DARPA Robotics Challenge pero solo el comienzo de un futuro en el que los robots pueden trabajar junto a las personas para reducir el total de desastres”, dijo el Director de DARPA Arati Prabhakar después de la competencia. “Sé que la comunidad a la que el desafío DARPA impulsó a arrancar alcanzará grandes logros en los próximos años”. —J.R.
Source: http://www.nfpajla.org/archivos/edicion-impresa/bomberos-socorristas/1107-maquinas-en-aumento

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NFPA Journal Latinoamericano. Septiembre 2015

Posted by Firestation en 11/10/2015

sept15

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NFPA Journal. Nuevos incendios, nuevas tacticas.

Posted by Firestation en 09/07/2015

Por Jesse Roman

NuevasTacticas

A medida que los modernos mobiliarios y métodos de construcción resultan en incendios más agresivos y de mayores dimensiones, una enorme cantidad de nuevas investigaciones realizadas, conducen a que los bomberos reevalúen las prácticas fundamentales para el combate de incendios residenciales

Para algunos, la investigación de la ciencia de los incendios de Dan Madrzkowski es innovadora, mientras que para otros es algo menos emocionante. A Madrzykowski le gusta contar la historia de un jefe de bomberos de Iowa que con efusividad le cuenta a su esposa que las nuevas investigaciones estaban revolucionando la manera en que los bomberos hacen su trabajo, y que posiblemente era la información más novedosa que había escuchado en 40 años. “De manera que su esposa le pregunta: ‘Bien, ¿cuál es el gran cambio?’”, recuerda Madrzykowski, un ingeniero en protección contra incendios del Instituto Nacional de Normas y Tecnología (National Institute of Standards and Technology o NIST). “El jefe de bomberos le responde ‘Nos dicen que echemos agua al fuego lo más pronto posible’. Su esposa lo mira perpleja y le pregunta: ‘¿ y qué es lo que has estado haciendo hasta ahora?’”

Madrzykowski, que usa anteojos de armazones delgados, el cabello entrecano, muy corto y un bigote en forma de herradura haciendo juego, ríe a carcajadas con este relato, que dice muestra cuán alejadas de la ciencia se encuentran algunas de las tácticas de combate de incendios que actualmente se aplican. Uno de sus favoritos dichos sarcásticos es, “El fuego se olvidó de leer el manual de combate de incendios”.

Durante más de una década, Madrzykowski y su socio en las investigaciones, Stephen Kerber, el director del Instituto de Investigación de Seguridad de Bomberos(Firefighter Safety Research Institute o FSRI) de Underwriters Laboratories (UL), han trabajado conjuntamente para cambiar esto y para hacer que las ciencias exactas tengan su lugar en el escenario de un incendio. En los últimos años, entre UL y NIST se han llevado a cabo más de 200 experimentos de incendios estructurales con el fin de determinar cómo responde el fuego a diferentes variables y modos de ataque. El trabajo constituye la mirada científica más extensa que se ha realizado en décadas con respecto a tácticas de combate de incendios y revela lo que investigadores dicen son graves fallas en el modo en que se combaten los incendios en la actualidad. Según sostienen Madrzykowski y Kerber, las técnicas aceptadas como un evangelio han demostrado ser potencialmente mortales en los incendios modernos, que suelen arder con mayor calor y más rápido de lo que lo hacían unas pocas décadas atrás.

Si bien sus investigaciones han llevado a diversas revelaciones, tres ideas principales han captado la mayor atención: arrojar agua a un incendio estructural desde el exterior o “golpearlo duramente desde un patio interno” es generalmente la mejor opción y puede salvar las vidas de civiles y bomberos; la ventilación no siempre salva vidas y, de hecho, puede rápidamente volverse mortal; y el agua no puede empujar al fuego hacia otros sectores de una estructura.

Todas esas ideas son contrarias a la sabiduría convencional de muchos cuerpos de bomberos, que durante décadas han utilizado la ventilación y los ataques interiores agresivos, moviéndose desde el sector no incendiado hasta el sector incendiado de una estructura, con el fin de evitar el empuje del humo y el fuego hacia el interior del edificio.

En forma conjunta y separada, Kerber y Madrzykowski pasaron más de 150 días en circulación el año pasado, difundiendo este mensaje, disertando, al parecer, en todos los encuentros de organizaciones contra incendios, y frecuentemente dejando muchos discípulos en su paso. Las especulaciones alrededor de su tarea parecen estar llegando a un punto crítico y son tema de debate para los jefes de bomberos, desde Des Moines hasta Daytona.

La información también moviliza algunos de los cambios tácticos más significativos que los bomberos han visto en décadas. El año pasado, se publicó un suplemento en el que se describían estas sugerencias en la tercera edición de Principios de Competencias de Bomberos de Jones & Bartlett (Fundamentals of Fire Fighter Skills), uno de los más populares manuales de entrenamiento para bomberos en EE.UU. Este año, con el financiamiento del programa Beca de Ayuda a Bomberos (Assistance to Firefighters Grant), los instructores de la Sociedad Internacional de Instructores de Bomberos (International Society of Fire Service Instructors) llevarán a cabo dos talleres en cada uno de los 50 estados, a fin de brindar entrenamiento a los bomberos sobre las nuevas tácticas. En septiembre del 2014, el Foro contra Incendios Urbano (Urban Fire Forum), una asamblea anual organizada por la Sección de la NFPA de Jefes Metropolitanos reunió a 25 jefes de bomberos de todo el país, quienes unánimemente adoptaron un documento de posicionamiento que impulsaba a los cuerpos de bomberos a la implementación de las nuevas tácticas.

El impacto de las investigaciones se ha sentido más fuertemente en el escenario de un incendio. Cuerpos de bomberos como el Cuerpo de Bomberos de Nueva York, el Cuerpo de Bomberos del Condado de Los Ángeles y el Cuerpo de Bomberos de la Ciudad de Oklahoma han alterado los procedimientos tácticos basándose en estos hallazgos. En el Condado de Los Ángeles, por ejemplo, el nuevo material actualmente se enseña como parte de la asociación con la Universidad de los Canyons, se evalúa en los exámenes de promoción y se incluye en el entrenamiento en todos los niveles de los cuerpos de bomberos.

En los ocho meses posteriores a la implementación de los cambios en el Condado de Los Ángeles, las lesiones en bomberos disminuyeron un 45 por ciento y las pérdidas de propiedades se redujeron en un 7 por ciento respecto de los ochos meses previos, según expresa Daryl Osby, Jefe del Condado de Los Ángeles. Igualmente importante para los oficiales de bomberos, es que se dieron cuenta que tenían un mejor sentido de la ciencia a partir de lo que experimentaban en su tarea. “Según mi experiencia, cuando perdíamos una vivienda unifamiliar, no siempre comprendíamos los motivos”, dice Osby. “Ahora entendemos la dinámica y estamos incorporando eso en nuestro ámbito de trabajo”. Ese es exactamente el objetivo, sostiene Kerber, ya que ese entendimiento puede resultar ser más crítico que en cualquier otro momento en lo que respecta a la vida y la muerte.

“Cuando un bombero se lesiona o muere, surge el deseo de un cambio, expresa. “Una de las potenciales consecuencias de esta tarea es la muerte, lo que demuestra la importancia de aplicar las tácticas de la manera correcta”.

Más grande, más fuerte, más rápido
Actualmente los incendios pueden tener un desarrollo más agresivo y potencialmente representar mayores peligros respecto de lo observado sólo unas pocas décadas atrás. Esto se debe en gran medida a que los contenidos y materiales de construcción de las viviendas modernas pueden ser mucho más volátiles de lo que solían ser.

Anteriormente los muebles estaban hechos de madera dura; hoy el material predominante es un material de rápida combustión como el aglomerado. Los colchones y sofás que alguna vez se rellenaban con algodón actualmente se rellenan con materiales sintéticos, entre ellos sustancias altamente combustibles, energéticamente enriquecidas, como la espuma de polietileno. “Libra por libra, la tasa energética ha aumentado de tres a cuatro veces”, dice Madrzykowski de los mobiliarios modernos. “Esto hace probable que los bomberos se encuentren con una carga rica en combustible cuando llegan a la escena”.

La introducción de nuevos materiales livianos en la construcción de las viviendas residenciales que, en condiciones de incendio pueden debilitarse mucho antes que las tradicionales vigas de madera sólida, se ha sumado al problema. Considerados conjuntamente, las viviendas modernas y sus contenidos pueden arder ocho veces más rápido que las viviendas de décadas atrás, según lo expresado por UL.

En un video particularmente impactante de su presentación, Madrzykowski y Kerber muestran en pantalla partida dos cuartos de estar. Uno de los cuartos contiene “muebles heredados”—silla y mesillas de madera dura y un sofá con almohadones rellenados con algodón—y el otro cuarto contiene muebles modernos construidos de espuma y aglomerado. Los sofás se prenden fuego. El cuarto con los muebles antiguos arde lenta y deliberadamente, y crece de una manera estable; transcurren aproximadamente 30 minutos hasta que en el cuarto se observa una combustión súbita generalizada. Los muebles del cuarto moderno arden de una manera mucho más agresiva y el cuarto llega a una combustión súbita generalizada en tan sólo 3 minutos, 40 segundos. Según un reciente estudio de NFPA, desde 2007 hasta 2011, en EE.UU. el tiempo promedio de respuesta nacional de los cuerpos de bomberos a incendios estructurales de viviendas era de aproximadamente seis minutos.

Una de las características de construcción de las viviendas modernas, sin embargo, puede efectivamente tener un efecto amortiguador en la volatilidad de un incendio. Las viviendas modernas suelen estar bien aisladas, dice Madrzykowski; generalmente con ventanas de doble vidrio y cerramientos de construcción herméticos. Como resultado, “los incendios se inician y rápidamente se ven limitados por la ventilación—se consume el oxígeno de la vivienda que el incendio necesita para la combustión”, dice. En ese entorno, un incendio arderá de manera muy ineficiente, generando un denso humo negro compuesto por hidrocarburos sin quemar—combustibles gaseosos que no pueden encenderse debido a las condiciones de carencia de oxígeno. Pero si se abre una ventana o una puerta, el oxígeno ingresa abruptamente y el fuego puede erupcionar violentamente. “En una vivienda pequeña, puede ir de nada, excepto humo, a una combustión súbita generalizada en 30 segundos, y en una vivienda de mayor tamaño tal vez en dos o tres minutos”, expresa Madrzykowski. Comprender cómo actúa este flujo de aire es central en el mensaje que Madrzykowski y Kerber están comunicando. Su presentación incluye una gran cantidad de videos que demuestran este proceso en acción en incendios estructurales. En el video de un incendio residencial, el humo sale a bocanadas de una ventana de la planta baja de una vivienda unifamiliar. Los bomberos rompen las ventanas para ventilar la vivienda, con el fin de sacar los humos mortales y enfriar el fuego. El aire fresco fluye hacia el interior por las nuevas aberturas y en segundos el incendio crece considerablemente. Los bomberos retroceden y atacan a las llamas con agua, y en pocos minutos el fuego es controlado y extinguido.

Quien observa desde afuera podría considerar que esto es un éxito, dice Kerber, pero no lo es. “Les garantizo que estos hombres todavía estáncelebrando entre ellos”, expresa. “Pero si no se hubiera ventilado, ese incendio se hubiera mantenido como un incendio de sótano de una sola habitación”.

Otro video de una combustión de prueba muestra el voraz incendio de una vivienda; la puerta del frente de la vivienda está abierta, pero cuando los bomberos la cierran, los sensores muestran que la temperatura en el interior de la casa en llamas cae a 1,000 grados Fahrenheit en menos de un minuto. El fuego retrocede, tambaleante por la falta de oxígeno.

El mensaje de la prueba es claro: si se mantienen cerradas las puertas y ventanas de una estructura hasta que las líneas de manguera estén listas para ser desplegadas se priva de oxígeno al incendio y se lo mantiene pequeño—un incendio limitado por la ventilación. A la inversa, al abrirse las puertas y ventanas antes de atacar al incendio con agua puede provocarse el rápido crecimiento de las llamas. Una ventilación demasiado temprana o en los sitios inadecuados también puede causar una rápida propagación del fuego hacia otros sectores de la estructura. La ventilación sigue siendo un aspecto crítico, dicen los investigadores, aunque sólo después de que el incendio haya sido atacado con agua.

Otro hallazgo clave de la investigación es que combatir el fuego con agua desde el exterior de la estructura durante solamente un poco tiempo, antes de ingresar, enfría toda la estructura considerablemente y aumenta la supervivencia de las víctimas y de los bomberos. Durante décadas, dice Madrzykowski, se ha instruido a los bomberos que no se arrojara agua desde el exterior, por el temor de que pudiera dañar a potenciales víctimas atrapadas en el interior por el vapor o por el empuje del humo y el fuego en su dirección. Existe además la creencia generalizada de que el ataque al incendio desde el sector encendido empujará al fuego hacia los sectores no encendidos de la estructura. La investigación arriba a una conclusión opuesta—el agua no puede empujar al fuego, pero hace descender drásticamente la temperatura en el interior. En otras palabras, dice Madrzykowski, atacar al fuego con agua tan pronto como sea posible tiene diversas ventajas.

“No consideraría esto como revolucionario”, dice Madrzykowski. “Considero solamente que este es el péndulo que trae las tácticas para combate de incendios a su centro. Si observamos el ataque al fuego, que realizaban los bomberos en los años 50 y 60, vemos que hacían casi exactamente lo que estamos diciendo hoy. Incluso en los libros de entrenamiento de los años 80 se menciona el control de las puertas y el conocimiento de la dirección de la corriente de aire. Los bomberos, lamentablemente, ha perdido parte de sus conocimientos sobre el comportamiento del fuego con el transcurso del tiempo, y estamos tratando de recuperar eso”.

Un puente hacia los bomberos
Una confluencia de incidentes ocurridos en los últimos 40 años llevó a los bomberos a adoptar tácticas de ataque interior agresivas. Ese enfoque se centraba en que la dotación de ataque se aproximara al incendio en la mayor medida posible antes de arrojar agua, con prioridad en la localización y retiro de civiles atrapados.

En los años 70, el aumento de las nuevas tecnologías para bomberos, como el uso de equipos de respiración autónomos y de equipos de protección más avanzados, permitió que los bomberos se acercaran a un incendio como nunca antes habían podido. Además, eventos como la publicación en 1973 del documento hito “Estados Unidos en llamas” (America Burning) de la Comisión Nacional sobre Prevención de Incendios (The National Commission on Fire Prevention), dio lugar a importantes nuevos desarrollos, entre ellos la creación de la Administración contra Incendios de los Estados Unidos (U.S. Fire Administration) y dela Academia Nacional contra Incendios (National Fire Academy). Sin embargo, esto también alejó la investigación de tácticas contra incendios y dinámicas de fuego en estructuras, dice Kerber, re-direccionándola hacia la prevención de incendios y métodos de hacer que los edificios sean más resistentes al fuego. Esa tarea contribuyó a una disminución considerable en la cantidad de incendios en las últimas cuatro décadas y de las correspondientes muertes, lesiones y pérdidas de propiedades. Sin embargo, incluso con la caída de esas cifras, los índices de lesiones y muertes de bomberos por incendio se mantuvieron constantes.

Los bomberos, ahora mejor protegidos contra el humo y el calor, comenzaron a adoptar tácticas interiores más agresivas para el combate de incendios residenciales. En algunos casos, esas tácticas eran radicalmente diferentes a las técnicas que habían sido la norma durante más de un siglo; previamente, el ataque de un incendio desde el exterior no era solamente una decisión táctica, era la única opción disponible. Antes de los años 80, sin embargo, “los cuerpos de bomberos no mostraban tanta preocupación en si arrojaban o no agua sobre el incendio mientras hacían una búsqueda para un rescate—podían soportar el calor y gas tóxico adicionales”, dice Madrzykowski. “Pero el cambiante entorno de incendios se ha puesto al corriente con ese nivel de protección. Actualmente puede superarlo con mucha facilidad y eso es lo que vemos hoy en las muertes ocurridas en acto de servicio”.

En los años 70, morían un promedio de 1.8 bomberos por cada 100,000 incendios mientras actuaban en el interior de una estructura, según se expresa en los datos recopilados por la División de Análisis e Investigación de Incendios de NFPA. Sin embargo, para la llegada de la década del 2000, la cantidad promedio de muertes de bomberos ocurridas en el interior de una estructura en llamas había ascendido a tres por cada 100,000 incendios. Según datos de NFPA, las operaciones en el interior de una estructura suman en promedio aproximadamente 13 muertes de bomberos anuales, de las casi 80 muertes de bomberos informadas en general cada año.

Los bomberos comenzaron a prestarle atención al problema en los 90, cuando por el flujo del aire o el viento los incendios empezaron a provocar muertes de bomberos en una tasa más alta. En 1999, dos bomberos murieron en un incendio residencial ocurrido en Washington, D.C., un incidente que se conoció como el incendio de Cherry Road. Los científicos de NIST estudiaron el incendio y se hicieron simulaciones computarizadas de las intensas llamas; comprendieron que el flujo de aire era un factor significativo en esos incidentes, pero necesitaban datos fidedignos para avalar ese concepto. Un informe de NIST publicado en el 2000 reveló que la “apertura de las puertas de vidrio corredizas del sótano hizo con que el aire exterior (oxígeno) ingresara en un compartimiento de incendio previamente calentado y mal ventilado, que después, en tan solo 60 segundos, se convirtió en un incendio producto de una combustión súbita generalizada.

NIST compartió los resultados con los cuerpos de bomberos publicándolos en un sitio web y con la distribución de un DVD. “Los bomberos estaban fascinados porque podían acceder a estos datos y emplearlos fácilmente en los simulacros de entrenamiento”, dice Madrzykowski. “Para mí, ese fue el momento en que se encendió la lamparita. Pensé, ‘tenemos que construir este puente para hacerles llegar a los bomberos esta información novedosa para ellos’”.

En el 2001, NIST formó su grupo de Tecnología en Combate de Incendios. Ese mismo año, elCongreso creó el programa de Becas de Ayuda a Bomberos (AFG), un paso que fue altamente beneficioso para las investigaciones de la ciencia de incendios, dice Kerber. En el 2007, con la colaboración del programa de becas AFG, la Fundación de Investigación en Protección contra Incendios organizó un taller sobre incendios impulsados por el viento y patrocinó las pruebas de laboratorio llevadas a cabo en NIST para estudiar la respuesta al viento de un incendio estructural. A principios de 2008, el Cuerpo de Bomberos de Nueva York (Fire Department of New York o FDNY) recibió una beca para llevar a cabo una serie de experimentos de incendios impulsados por el viento en un edificio de siete pisos en Governors Island, Ciudad de Nueva York, con NIST. Dentro de los 18 meses de esos experimentos, el FDNY había elaborado nuevas políticas, tácticas y equipos para el combate de incendios de altura impulsados por el viento.

“Mientras trabajábamos con el FDNY en este tema, se percataron de que un incendio impulsado por el viento es sólo un caso extremo de ventilación no coordinada”, dice Madrzykowski. “La realidad era que no comprendían totalmente el impacto de la ventilación, y como resultado, no ventilaban de la manera correcta. Es ahí donde la pelota realmente comenzó a rodar”. Dentro de su planta de pruebas, situada cerca de Chicago, UL comenzó a elaborar y ejecutar pruebas a escala real en viviendas de estilo colonial de 3,200 pies cuadrados y en viviendas de predios rurales de 1,200 pies cuadrados. En 2013 y 2014, con otra beca AFG otorgada, NIST incendió 12 viviendas unifamiliares abandonadas de Spartanburg, Carolina del Sur, para llevar a cabo múltiples experimentos en cada una de ellas.

“Colaboramos en todo. Dan y yo coordinamos todos los proyectos para asegurarnos de que los bomberos reciban el máximo rendimiento de su inversión”, expresa Kerber. “Las investigaciones generalmente plantean nuevos interrogantes. Más aprendemos, más queremos saber. Entre los interrogantes que planteamos en forma conjunta y los interrogantes sobre los que los bomberos piden una respuesta, es mucho lo que tenemos que hacer”.

Las respuestas parecen estar llegando rápidamente en estos días. Consultado sobre si estaba de acuerdo, Kerber dice: “Antes, no estaba pasando nada, entonces ahora todo parece más rápido”.

Diferentes enfoques
En el mundo de los incendios, el trabajo efectuado por Madrzykowski y Kerber los transforma en estrellas de rock o en herejes, según a quien se le pregunte. Un grupo de Facebook llamado “Sólo porque no estoy de acuerdo con UL/FSRI no me hace una mala persona” (Just Because I Don’t Agree With UL/FSRI Doesn’t Make Me a Bad Person) tenía 167 miembros en noviembre.

Un miembro de ese grupo es John Salka, un jefe veterano de un Batallón del FDNY de 33 años de edad. Salka, autor de tres libros, entre ellos: The Engine Company (La Compañía del Camión), que trata sobre las operaciones y tácticas de las compañías de camiones de bomberos de todo Estados Unidos, critica parte de las investigaciones. Salka argumenta que los investigadores pueden configurar todas las variables experimentales, provocan el incendio en el lugar que ellos eligen y mantienen un control total de los procedimientos.

Critica particularmente la observación de que el humo o el fuego no pueden ser empujados hacia las víctimas que están del otro lado de la línea de mangueras. “He estado en miles de incendios, en el interior y en el exterior, y mi experiencia no me dice lo que ellos me están diciendo”, dice. “He estado en un edificio en el que alguien abrió una línea de manguera afuera, en la dirección incorrecta. Es como la descarga de un rayo—una enorme y repentina ráfaga de vapor, humo y fuego que te alcanza. Tiene un gran impacto negativo en el lado de la salida de una habitación”.

Bombero de Seattle durante largo tiempo, Aaron Fields, fundador de Nozzle Forward (Boquilla hacia delante), un programa de entrenamiento para compañías de camiones de bomberos que entrena a alrededor de 2,000 bomberos cada año en todo el país, cree en la ciencia y en los resultados de las pruebas presentados por Madrzykowski y Kerber. Aunque también expresa que la realidad en el escenario del incendio puede ser diferente a la del terreno de prueba. Si los métodos de UL y NIST no se aplican con precisión, o si las condiciones existentes no son óptimas—como sucede en una densa área urbana donde es posible que los bomberos no puedan acceder a una línea de mangueras exterior en la posición apropiada—las cosas pueden salir muy mal, dice Fields.

Como Salka, Fields cuestiona el hallazgo de las investigaciones, que indica que el humo y las llamas no pueden ser movidos por un flujo de agua exterior. El vapor resultante de un ataque exterior también puede ser mortal, dice Fields, que es un área que el NIST no ha investigado en su totalidad. “El motivo por el que uno ingresa no es el incendio, es con el fin de rescatar personas”, sostiene Fields. “Los gases de un incendio matan a las personas antes que las llamas. Si ingreso, mi tarea es mover hacia afuera a los productos derivados de la combustión y extinguirlos”.

En sus clases, Fields enseña que, en la mayoría de los incendios, un ataque interior agresivo en el que se utilicen líneas de mangueras para extinguir el fuego y sacar hacia el exterior los gases tóxicos es la manera más efectiva de salvar vidas. Arrojar agua desde el exterior debería reservarse, dice, para un ataque defensivo o para situaciones donde haya una demora significativa para lograr el despliegue de las líneas de mangueras. “En su generalidad, no me opongo a los resultados de las investigaciones, dice Fields. “Todo lo que digo es que el estudio no es completo”.

Kerber y Madrzykowski han escuchado estas críticas antes y rápidamente reconocen que nodefienden un enfoque apto para todos para el combate de incendios. “Nadie dice que el fuego sólo puede ser atacado desde el exterior—lo que decimos es que es una opción válida y debería ser incluida en su libro del reglamento del juego”, dice Madrzykowski. “Se debe dimensionar cada incendio y decidir qué hacer. Si es un incendio pequeño, ingrese y contrólelo. De lo que realmente hablamos es de los ajustes que hay que hacer en lo que los bomberos ya hacen”.

A pesar de los cuestionamientos, el trabajo de Kerber y Madrzykowski recibe elogios de los rangos más altos de los bomberos. “Necesitamos acelerar la capacitación y la implementación”, Ernest Mitchell Jr., Jefe de la Administración contra Incendios de los Estados Unidos, dijo en el último Foro contra Incendios Urbano. “La pregunta es, ¿cómo llegamos al mundo exterior para que esta ciencia no sólo salve vidas en Nueva York, en el Condado de Los Ángeles y en la Ciudad de Oklahoma, sino en todos lados?”

La Asociación Internacional de Bomberos (International Association of Firefighters o IAFF), el mayor sindicato de bomberos de América del Norte, también avala los cambios tácticos y ha desarrollado un programa de estudio basado en las investigaciones. Lori Moore-Merrell, asistente del presidente general de IAFF, dijo en el Foro contra Incendios Urbano del mes de septiembre que la cantidad de horas dedicadas a la capacitación de las personas reclutadas sobre el comportamiento del fuego debe ser aumentada, aunque también reconoció los desafíos relacionados con ese tipo de cambio, describiéndolo como un “cambio de paradigma” para muchos y urgiendo a los bomberos a “superar el shock”.

Los Jefes del Condado de Los Ángeles y de Nueva York dijeron que lo más difícil era eliminar los escollos culturales de dentro de los bomberos para la implementación de los nuevos procedimientos. El Subjefe del Cuerpo de Bomberos de la Ciudad de Oklahoma, Cecil Clay, que encabezaba la adopción y personalmente ha entrenado a aproximadamente 1,000 bomberos en las nuevas tácticas, expresó que muchos de sus oficiales fueron inicialmente escépticos. “Algunos tienen más de 20 años de experiencia en combate de incendios y ahora se intenta enseñarles otras maneras. Dicen: ‘¡Eh!, sé que lo estoy haciendo bien porque es así como siempre lo he hecho’”, dice Clay. “Pero una vez que hemos comenzando a implementar esto, ya no tengo que convencerlos. Los resultados han sido destacables”.

Clay describe los cambios tácticos implementados en la Ciudad de Oklahoma como “un cambio total de 180 grados”, respecto de lo que el cuerpo de bomberos había estado haciendo hace dos años. “Como muchos otros cuerpos de bomberos, optamos por un enfoque interior agresivo”, dice. “Nuestras tácticas consistían en ir desde el sector no incendiado [a través de la vivienda] hasta el sector incendiado. La teoría era que así empujaríamos el fuego hacia afuera. Además, nunca aplicábamos agua en el exterior en un ataque ofensivo—creíamos que empujaríamos al incendio hacia una víctima. Mediante las investigaciones y la ciencia encontramos que ambas son totalmente falsas”.

Actualmente se enseña a los bomberos de la Ciudad de Oklahoma a que evalúen un área de 360 grados de la estructura para observar si el fuego se está ventilando, con el fin de decidir dónde debería aplicarse agua. Si el humo se ventila en el lado A, lo atacan con agua a través de una ventana del lado A antes de la ventilación o de las acciones de búsqueda. Las imágenes de la termografía de los incendios ocurridos en la Ciudad de Oklahoma han revelado que el ataque al cielo raso con agua y dejar que rebote hacia abajo sobre el incendio como hace un rociador—una técnica descubierta por NIST y UL como la más efectiva—enfría la habitación desde aproximadamente 1,500 grados hasta 300 grados en sólo segundos. “Eso nos brinda una seguridad sorprendentemente mayor” cuando los bomberos ingresan a la estructura, dice Clay.

Si bien puede ser más seguro para los bomberos, esas tácticas han surgido frente a otro escollo cultural. Para muchos bomberos, arrojar agua desde la seguridad del exterior mientras potenciales víctimas podrían estar amenazadas en el interior simplemente no parece ser lo correcto. “Existe la idea de que no eres un bombero de verdad si no corres precipitadamente hacia el interior de un edificio en llamas”, dice Kerber. “Escucho a los bomberos decir, ‘No me registré para arrojar agua a través de una ventana’”.

Clay dice que se ha enfrentado rápidamente a los escépticos de su organización. “Ahora contamos con las investigaciones—y la prueba científica real acerca de lo que está sucediendo y el modo en que mejor podemos combatir el fuego y proteger a las personas”, dice. “La parte viril de la emoción de la pelea y la imagen de cuando sales del edificio con tu chaqueta humeante, eso ha desaparecido en cierta medida. Aunque les digo a mis hombres que no se trata de nosotros—se trata de cómo proteger a las personas y propiedades y de cuán rápidamente eliminamos la amenaza”.

Colaborar con los cuerpos de bomberos para salir del viejo dogma y adoptar la ciencia que podría salvar vidas es lo que mantiene a Madrzykowski y Kerber motivados mientras viajan de estado en estado, de aeropuerto en aeropuerto. “Algunos dicen que un cambio en un cuerpo de bomberos lleva generaciones”, sostiene Madrzykowski. “No coincido para nada con eso”.

Jesse Roman es escritor del NFPA Journal


Desde el punto de vista de NFPA
Los investigadores contemplan la posibilidad de elaborar una guía táctica de NFPA como un documento de “cambio del reglamento de juego” para los bomberos.

NFPA ocupa una posición única para contribuir con los bomberos en la comprensión y tratamiento de la amenaza que representa el aumento de los incendios en viviendas volátiles, según lo expresado por unpar de prominentes investigadores de la ciencia de incendios.

Stephen Kerber, director del Instituto de Investigación de Seguridad de Bomberos (FSRI) de Underwriters Laboratories (UL) y Dan Madrzykowski, jefe del Grupo de Tecnologías de Combate de Incendios del Instituto Nacional de Normas y Tecnología (NIST), dicen que la creación de una nueva guía táctica que aborde el cambiante ámbito de los incendios residenciales podría ser un paso importante para los bomberos.

Las investigaciones llevadas a cabo por Kerber y Madrzykowski han demostrado que los mobiliarios de viviendas fabricados con materiales sintéticos altamente combustibles, junto con los materiales de construcción y los métodos aplicados en las viviendas modernas, están generando incendios más veloces, más agresivos que representan mayores riesgos para los bomberos, en comparación con los incendios de viviendas ocurridos en décadas pasadas. Esos riesgos indican la necesidad de nuevas tácticas para el escenario de un incendio y los principales cuerpos de bomberos metropolitanos de todo el país, entre ellos el del Condado de Los Ángeles y el de la Ciudad de Nueva York, ya han adoptado algunos de estos métodos.

“NFPA desempeña un rol fundamental en el establecimiento de las normas de bomberos”, dice Kerber. “Nunca antes ha habido una guía táctica consensuada para los bomberos. Esto podría ser un cambio radical en el reglamento de juego, debido a que son muchas las personas que observan esas normas de NFPA como lineamientos”.

En gran medida como NFPA 921, Guía para investigaciones de incendios y explosiones, llevó la ciencia a la práctica de las investigaciones de incendios, un documento sobre tácticas para combate de incendios de NFPA podría incluir los últimos avances de la ciencia en las operaciones en el escenario de un incendio, dijo Madrzykowski. “No sería un documento que limite a las personas sobre las tácticas—sino que ampliaría sus opciones sobre tácticas, de modo que puedan aplicarlas con un determinado nivel de certeza”, dijo.

Madrzykowski dijo que él también concibe al potencial documento de NFPA como un “documento estratégico” que unificaría el conjunto de las normas de NFPA para bomberos sobre equipos de protección personal, estándares profesionales y entrenamiento. “Las normas son importantes, pero comunicarle a la gente el motivo y el modo en que todo esto se ata es realmente una pieza clave”, dijo.

Chris Dubay, vicepresidente de NFPA e ingeniero jefe, y otros funcionarios de NFPA se reunieron recientemente con Kerber y Madrzykowski para debatir sobre la posibilidad de ese documento. “Dada la magnitud de lo que ha estado sucediendo en los últimos años, puede ser que sea necesario considerar la elaboración de una guía o de normas que específicamente aborden estos temas”, dijo Dubay, que no especulaba sobre lo que incluiría una potencial nueva norma o guía.

Entre tanto, NFPA presta suma atención a las investigaciones de UL y NIST para observar qué potenciales impactos podrían tener en las normas existentes sobre equipos de protección, calificaciones profesionales, entrenamiento y otras áreas.

“Nos estamos asegurando de que los comités técnicos conozcan estos hallazgos e informes para garantizar que los socorristas de nuestro país tengan la información más actualizada basada en la ciencia, de modo que podamos brindarles el más alto nivel de protección”, dijo Dubay.—Jesse Roman


Siguiente paso
Proyecto de UL para el estudio de la ventilación con presión positiva

nist exterior attack c optA partir de enero, UL comenzará una serie de experimentos a escala real en su campus cercano a Chicago, con el fin de adquirir más conocimientos sobre la dinámica de lo que se conoce como “ventilación con presión positiva”, una técnica que utiliza grandes ventiladores para soplar al humo y dirigirlo hacia afuera de un edificio incendiado.

El último proyecto, llamado “Estudio de la efectividad de la ventilación con presión positiva para bomberos durante el ataque al fuego en viviendas unifamiliares que incorporan prácticas de construcción modernas”, es una continuación de las investigaciones que UL ha llevado a cabo con NIST, con el fin de brindar mayor seguridad a los bomberos a través del estudio científico de la dinámica de incendios. El estudio completo tendrá lugar durante un período de tres años.

La táctica de la ventilación con presión positiva, desarrollada en los años 80, utiliza ventiladores dirigidos hacia la puerta del frente de una estructura incendiada, con el fin de soplar el humo y el calor hacia afuera del edificio, generalmente a través de una abertura tal como una ventana o un orificio en el techo. La expectativa de los investigadores es adquirir nuevos conocimientos sobre hacia dónde se trasladan los gases y cómo reacciona el fuego ante diversas condiciones con la aplicación de la táctica.

“Hemos visto éxitos y fracasos en la manera en que los cuerpos de bomberos aplican esta táctica”, dice Stephen Kerber, director del Instituto de Investigación de Seguridad de Bomberos de UL. “Es un ejemplo de una tecnología que fue introducida a los bomberos sin una comprensión apropiada de los beneficios y limitaciones de su aplicación”.

Como se ha hecho en años anteriores con los experimentos sobre ventilación horizontal y vertical, UL construyó una vivienda de estilo colonial de 3,200 pies cuadrados y una vivienda en un predio rural de 1,200 pies cuadrados, para ser incendiadas en el edificio de su laboratorio de experimentos y pruebas de incendio. UL invitó a bomberos para que asistan a los 23 experimentos a escala real, que finalizaron el 5 de febrero. Para obtener mayores detalles sobre las pruebas e información sobre el registro para asistencia, visite modernfirebehavior.com.

Posted in Incendios, NFPA Journal | Comentarios desactivados en NFPA Journal. Nuevos incendios, nuevas tacticas.

NFPA Journal. Basado en Datos

Posted by Firestation en 03/07/2015

Por Jesse Roman

BasadoEnDatos

A medida que aumenta exponencialmente el volumen de datos generados, los bomberos consideran maneras innovadoras de aprovechar el poder que provee la información, para salvar vidas, reducir las pérdidas de propiedades y proteger a los bomberos—un mundo nuevo y audaz para el “combate inteligente de incendios”.


La estación de bomberos 308, situada en South Queens (EE.UU.), es el tipo de lugar en el que los visitantes reciben un fuerte apretón de manos y una rica taza de café cuando llegan. Arriba, la oficina de Eugene Ditaranto es de la vieja escuela. Los muros están revestidos con paneles de madera de la década de los 70 y Ditaranto, jefe del Batallón 51 del Cuerpo de Bomberos de la Ciudad de Nueva York (FDNY), tiene colgados tablones de anuncios y mapas de su distrito. Hay decenas de carpetas colocadas en un estante situado en el muro más alejado y la superficie del sencillo escritorio de madera del jefe está prolijamente cubierta con pilas de papeles, archivadores y notas autoadhesivas. A cada rato se escucha sonar el teléfono fijo por sobre el zumbido de dos unidades de aire acondicionado de ventana.

Sin embargo, en este modesto espacio de la vieja escuela, con sólo pulsar unas teclas el Jefe Ditaranto accede a una de las herramientas tecnológicamente más innovadoras y sofisticadas desarrolladas por los bomberos. Enciende su computadora Dell y en tan solo unos instantes su pantalla presenta lo que todo jefe sueña tener a su alcance: una lista de los edificios de su distrito que en ese día corren el mayor riesgo de sufrir un incendio. El programa se denomina Sistema de Inspección Basado en Riesgos (Risked-Based Inspection System o RBIS), que en esencia consiste en un innovador algoritmo de análisis de datos llamado FireCast.

Durante más de un año, el FDNY ha utilizado el FireCast 2.0, que clasifica los datos de cinco agencias de la ciudad en hasta 60 factores de riesgo de incendio, que a su vez se emplean para generar las listas de prioridades de todos los edificios inspeccionados por el FDNY. Los oficiales del cuerpo de bomberos aseguran que esta tecnología alivia la carga de trabajo, simplifica una tarea increíblemente compleja y, lo que es más importante, conduce a los bomberos de Nueva York a presentarse en algunos de los edificios de la ciudad más propensos a incendios, algunos de los cuales no han sido inspeccionados en años.

“La prevención de incendios es lo que, en definitiva, permite salvar una gran cantidad de vidas, hecho imposible de expresar numéricamente”, dijo Ditaranto, quien colaboró en el desarrollo y actualmente supervisa el sistema RBIS. “Si ingresamos en un edificio y vemos algo y lo corregimos, no podemos saber si estamos previniendo un incendio que podría ocurrir en tres semanas—no hay manera de predecirlo. Pero sí creo que, probablemente, en muchos casos, nuestras acciones implementadas efectivamente contribuyen a la prevención de un incendio”.

RBIS esta en vías de convertirse en una herramienta de trabajo cada vez más poderosa. A principios del próximo año, FDNY lanzará el algoritmo FireCast 3.0, que clasificará los datos recopilados de 17 agencias de la ciudad, junto con el sistema 311 de informe telefónico de la ciudad de casos que no son de emergencia, en hasta 7,500 factores de riesgo de incendio distintos y ponderados—todo desde las especificaciones del edificio y las ocupaciones hasta violaciones a las reglamentaciones de recolección de residuos y quejas por ruidos. Todas las noches, poderosas computadoras de las modernas y elegantes sedes centrales de FDNY en Brooklyn utilizarán el algoritmo FireCast 3.0 para analizar los valiosos datos recopilados en un período de tres años de todos los edificios de la ciudad. Con la aplicación de las variables y de los antecedentes de un solo incendio de cada uno de los vecindarios, FireCast 3.0 llevará a cabo un complejo análisis estadístico y le asignará a todos los edificios que inspecciona el FDNY un puntaje de riesgo de incendio. Los edificios que tengan el puntaje de riesgo de incendio más alto serán puestos en primer lugar de la lista de inspecciones de edificios, asignados diariamente a cada una de las 341 compañías de bomberos de Nueva York. FireCast también toma en consideración, según una programación establecida, los edificios que el cuerpo de bomberos legalmente debe inspeccionar, como por ejemplo: escuelas, edificios bajo construcción y edificios inhabilitados y los agrega en los primeros lugares de la lista. Todo el proceso llevará aproximadamente 90 minutos.

El sistema RBIS es tal vez el mejor ejemplo de lo que se ha dado por llamar “combate inteligente de incendios” — que emplea los datos, tanto para informar como para agilizar los procesos que aplican los bomberos cuando responden a un incendio u otra emergencia. En un mundo cada vez más saturado de información—en donde aparentemente todo es “inteligente”, desde los teléfonos hasta la red eléctrica—los bomberos, también, está comenzando a aprovechar la enorme cantidad de datos y herramientas actualmente disponibles, para contribuir a salvar vidas, proteger a los bomberos y reducir las pérdidas de propiedades.

El concepto parece estar a punto de despegar. A principios de este año la Fundación de Investigación en Protección contra Incendios, en asociación con el Instituto Nacional de Normas y Tecnología (National Institute of Standards and Technology o NIST) se embarcó en un ambicioso proyecto de 18 meses de investigación, cuyo objetivo fue identificar las oportunidades para crear y desarrollar nuevas herramientas para el combate inteligente de incendios. Como parte del proyecto, los equipos de peritos en incendios, científicos y expertos en datos y tecnología están creando una “guía” integral para el futuro estudio del combate inteligente de incendios, que abarca temas que van desde el análisis de datos y sensores, hasta aplicaciones móviles e interoperabilidad. El proyecto de la guía debería estar terminado para marzo-junio de 2015. “El mundo está cambiando muy rápidamente, y lo mismo sucede con los bomberos”, expresó Edward Baggott, jefe de operaciones adjunto de FDNY y uno de los desarrolladores de FireCast y del Sistema de Inspección Basado en Riesgos. “El RBIS colabora con los ciudadanos de Nueva York, pero es también beneficioso para los bomberos, ya que nos permite aprender algunos aspectos críticos directamente en el campo—se trata de un modelo en el que todos ganan. Creo que recién estamos en la primera etapa de su desarrollo.

Cómo resolver las deficiencias
Para saber hasta dónde ha llegado el FDNY, tan solo hay que mirar y ver en dónde se encontraba hace tan sólo siete años.

El 18 de agosto de 2007, envueltos en una turbia nube de denso humo, los bomberos de la Ciudad de Nueva York Robert Beddia, Joseph Graffagnino y James Martin subieron una escalera del inhabilitado edificio del Deutsche Bank, situado en el centro de Manhattan, con la intención de llegar hasta los bomberos que ellos creían estaban atrapados en el piso 15. El edificio de oficinas de gran altura, a sólo pasos de la Zona Cero, fue seriamente dañado en los ataques terroristas del 11 de septiembre y estaba siendo reducido y demolido. Justo antes de las 16:00 se produjo un incendio en el piso 17, cuando un empleado imprudentemente arrojó un cigarrillo.

Cuando llegaron los bomberos, descubrieron que los obreros de la construcción, en su prisa por demoler el edificio, habían hacía unos meses cortado un tramo de 42 pies de la tubería vertical que se usaba para suministrar agua a los pisos más altos durante un incendio. Como resultado, los bomberos debieron forcejear para hacer llegar la manguera desde el nivel de la calle. En un juicio penal contra tres de los supervisores de la construcción del sitio, el bombero Martin posteriormente testificó que él, Beddia y Graffagnino habían estado en el edificio 40 minutos antes de que llegara el agua, con sus tanques de oxígeno que se agotaban peligrosamente.

Entre los pisos 14 y 15, Graffagnino y Beddia se quedaron sin aire, pero escapar resultaba difícil, parcialmente debido a que sectores de la escalera habían sido sellados de manera inapropiada, como parte de las acciones de reducción en el edificio, según se observó en una investigación de la ciudad. A Martin, el último de los tres que ingresó en el edificio, le quedaba algo de oxígeno e intentó colaborar con sus dos compañeros antes de tomar la difícil decisión de dejarlos para buscar ayuda. Graffagnino y Beddia murieron poco después por la inhalación de humo.

Los registros mostraron que el cuerpo de bomberos no había inspeccionado el edificio desde hacía cinco meses, aún cuando las reglamentaciones de la ciudad requieren de una inspección visual de las tuberías verticales de un edificio en demolición cada 15 días. Entre tanto, el Departamento de Construcción de la ciudad sí había llevado a cabo inspecciones, pero no había descubierto la tubería vertical rota ni había compartido la información referente a las inspecciones con el FDNY. “Lamentamos profundamente los errores de nuestras agencias en la inspección y detección de las condiciones que llevaron a la muerte de los bomberos Beddia y Graffagnino”, reconoció el gobierno de la ciudad en una declaración publicada después del incendio. Los tres supervisores del proyecto fueron acusados de homicidio, pero fueron absueltos.

“Después del 11 de septiembre, el enfoque se centró en la reconstrucción del cuerpo de bomberos y en la preparación para el terrorismo—la inspección del edificio no era una de nuestras principales prioridades”, dijo Baggot en una reciente entrevista que tuvo lugar en la sede central del FDNY en Brooklyn. “Deutsche Bank nos demostró que definitivamente teníamos deficiencias”.

FDNY tiene la responsabilidad de inspeccionar 330,000 edificios de la ciudad, lo que abarca a todos los edificios comerciales y a todos los otros edificios con áreas comunes, tales como complejos de departamentos. (El Edificio Empire State, con sus 2.7 millones de pies cuadrados de espacio, se cuenta como un único edificio.) Durante años, el cuerpo de bomberos confiaba en un anticuado método de catálogo fichero para hacer el seguimiento de las inspecciones. A cada edificio de la ciudad se le asignaba una ficha con información básica, como ocupación, superficie en pies cuadrados, materiales de construcción y año de construcción. Quedaba a cargo del comandante de la compañía hacer el seguimiento de las fichas y asignar a cada uno una letra, de la A a la E, lo que determinaba la frecuencia con la que el edificio debía ser inspeccionado. Ninguno de los registros estaba digitalizado y no había manera de hacer el seguimiento de la información crítica o incluso de cuándo un edificio había sido inspeccionado por última vez, sin ir a la estación de bomberos local y buscar en el catálogo fichero.

“Nosotros le indicábamos a los comandantes de las compañías, que ellos necesitaban determinar, de los miles de edificios del distrito administrativo de la compañía, a cuáles de ellos debían ir todos los años, cada dos años, cada tres, etc.”, dijo Ditaranto. “Con todas las otras responsabilidades que tenían, eso resultaba ser una tarea imposible. Lo más probable es que muchos aspectos quedarían marginados”. La fortuita naturaleza del sistema, expresó Baggott, llevaba a que muchas de las fichas se perdieran o se destruyeran y no estuvieran en el archivo.

La reparación del destruido sistema de inspecciones era algo desalentador. El objetivo del cuerpo de bomberos era completar las inspecciones del 10 por ciento de sus edificios todos los años, pero con algunas compañías con hasta 5,000 llamadas anuales por incendios, aún ese objetivo presentaba un gran desafío. “Tuvimos que preguntarnos qué podíamos hacer para mejorar la manera de determinar cuales edificios visitaríamos, dado que ciertamente no podíamos asistir a los 330,000”, sostuvo Jeff Roth, un comisionado adjunto de FDNY y líder de la unidad de análisis de FDNY de cuatro miembros, a cargo del desarrollo y mantenimiento del algoritmo FireCast. “Pero, ¿cómo hacer esa determinación?”.

Los cambios largamente debatidos en la municipalidad, fueron implementados tras el incendio del Deutsche Bank, sostuvo Roth. Se les ordenó al Departamento de Construcción y al Departamento de Protección Ambiental que comenzaran a compartir automáticamente con FDNY toda la nueva información sobre construcciones e inspecciones que obtuvieran. Más significativo aún, en abril de 2013, el entonces alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg firmó un decreto por el que se creaba una plataforma de uso compartido de datos para toda la ciudad, que le permitiría a las agencias e incluso al público en general ver y manejar la enorme cantidad de datos obtenidos por las agencias de la ciudad. El decreto también creaba la Oficina de Análisis de Datos de la Alcaldía, conocida como “centro de inteligencia cívica” de la Ciudad de Nueva York. El giro que dio la ciudad hacia un empleo innovador de los datos ocurría mientras el FDNY continuaba con el proceso de renovación de sus políticas de inspección de edificios. “Se trató de un progreso natural para nosotros”, dijo Roth sobre la decisión de desarrollar un modelo de inspecciones de seguridad contra incendios basado en datos. “Nos dimos cuenta de que debíamos priorizar las inspecciones con algún fundamento, y repentinamente se nos revelaron todos estos datos. Así que pensamos, ‘¿de qué manera podemos emplearlos?’”.

El cuerpo de bomberos comenzó modestamente, digitalizando la totalidad de la información que tenía en su viejo sistema de fichas de inspecciones de edificios. Coordinó luego grupos de debate con oficiales para determinar cuál era la información fundamental que constaba en las fichas que podía tomarse como los mayores indicadores de predicción de un incendio. A partir de este proceso, FireCast 1.0, que Roth describió como un indicador “anecdótico” de predicción de un incendio sin demasiada base estadística, fue lanzado en marzo de 2013. “Era anecdótico porque en ese momento nuestro acceso a los datos era limitado”, dijo Roth. “Era lo mejor que podíamos hacer, pero resultó ser un primer paso crucial”.

Al darse cuenta de las limitaciones de este esfuerzo inicial, FDNY contactó a la nueva oficina de análisis de datos de la ciudad y consagró su ayuda al desarrollo de un nuevo modelo, basado en una mayor cantidad de datos. En junio de 2013, el equipo a cargo de los datos de la alcaldía entregó el proyecto a una recientemente convocada Unidad de Análisis del FDNY, que completó y lanzó FireCast 2.0—“el primer paso hacia un modelo estadístico real”, de acuerdo con lo expresado por Ryan Zimgibl, científico a cargo de los datos de los potenciales clientes del sistema FireCast y uno de los cuatro miembros originales de la Unidad de Análisis de FDNY.

Sintonización perfecta de la maquinaria
De acuerdo con lo que sostiene Zimgibl, el concepto central del algoritmo FireCast es detectar las características de los edificios que han sufrido incendios y compararlas con las características de aquellos en los que no ha habido un incendio. “¿Cuál es la diferencia entre los dos edificios que lucen exactamente iguales, excepto que en uno de ellos se ha producido un incidente de incendio? ¿Qué es lo que no estamos viendo en estos edificios?, expresó Zimgibl. “Se quiere encontrar aquellas descripciones que existen en uno de esos mundos, pero no en el otro, y hay unas pocas pruebas estadísticas diferentes que empleamos para colaborar en la determinación de cuáles son los factores que nos interesan”.

Una vez que el algoritmo FireCast resuelve cuáles son los factores que están correlacionados, y en qué medida, evalúa el caché masivo de datos almacenados en la nueva plataforma de uso compartido de datos de la Ciudad de Nueva York para determinar cuáles son los edificios que tienen características de predicción de un incendio y asignarle a cada edificio un puntaje de riesgo de incendio. “FireCast emula la intuición de un oficial de bomberos experimentado, alguien que ha estado en el vecindario durante años y realmente conoce los edificios”, explicaba Roth. “Muchos de estos veteranos con los que he conversado no están demasiado sorprendidos por los hallazgos del FireCast que a mí me han sorprendido, y que yo pensé era algo enormemente impresionante”.

Si bien FireCast 2.0 ha sido un gran avance, quienes están a cargo del desarrollo de FireCast 3.0 nos dicen que esta versión mejorada superará todo lo imaginable. Además de la enorme cantidad de datos que el nuevo modelo puede manejar y el increíble aumento de la cantidad de factores de riesgo de predicción de un incendio de 60 a 7,500, la versión 3.0 es también una maquinaria mucho mejor sintonizada. Mientras que las dos primeras versiones de FireCast concentraban los datos de toda la ciudad en un solo conjunto, la versión 3.0 analiza de manera separada cada uno de los distritos de los 49 batallones de bomberos, lo que permite generar puntajes de riesgo de incendio de los edificios basándose en los antecedentes de un solo incendio y en las características de los vecindarios individuales.

Los oficiales de bomberos esperan que esta calidad dinámica resulte en una herramienta de inspección más sensible—y más efectiva. Por ejemplo, si el algoritmo determina que una violación en la recolección de residuos es un elemento de predicción de incendio en el Distrito del Batallón 3 del Bronx, un edificio allí situado para el que se emitió una violación en la recolección de residuos un martes, tendrá un puntaje de riesgo de incendio más alto el miércoles. Sin embargo, en el Batallón 51 de Queens, una violación en la recolección de residuos puede no ser un indicador de incendio basándose en los antecedentes de incendio locales, por lo que la violación no tendrá impacto en el puntaje de riesgo de un edificio—aunque ello podría modificarse. Si al día siguiente un edificio de Queens, con antecedentes de violaciones en la recolección de residuos sufre un incidente de incendio, el algoritmo automáticamente discernirá los datos nuevamente y podría determinar que las violaciones en la recolección de residuos se han vuelto estadísticamente significativas y las incluye en el modelo de riesgo de incendio del día siguiente.

Para captar el rol del comportamiento humano en la evaluación del riesgo de incendio, FireCast 3.0 también incluirá los datos del amplio sistema 311 de informe telefónico de casos que no sean de emergencia de la ciudad. De los 2.6 millones de quejas registradas en el 311 que se procesan anualmente, 1.4 millones están relacionadas con edificios. La mayoría de esas quejas—categorizadas en más de 6,000 tipos diferentes—están relacionadas con los edificios que inspecciona el FDNY, lo que otorga al FireCast 3.0 una corriente inmensa de puntos de ingreso de datos recientes y en constante actualización que se procesa todas las noches.

De esta manera, el programa refina constantemente su proceso para “detectar las tendencias incluso antes de que sean visibles”, dijo Zimgibl. “Este sistema hace eso porque los datos se actualizan dinámicamente”.

Los resultados indican que el sistema prioriza correctamente los edificios. Durante los 30 días posteriores a la implementación del FireCast 2.0, la cantidad promedio de violaciones en edificios en la ciudad aumentó un 19 por ciento. Después de los primeros 60 días, la cantidad de violaciones era todavía un aumento de 10 por ciento. El ingreso en los edificios correctos también significa estar mejor preparados para cuando ocurra un incendio en esas estructuras. A partir de la implementación de la versión 2.0, el 16.5 por ciento de los incendios estructurales de toda la ciudad ocurrieron en edificios que el FDNY había inspeccionado dentro del período de 90 días previos al incidente. Esto significa que, si bien las inspecciones no previnieron esos incendios, los bomberos contaban con información actualizada sobre la disposición, forma y tamaño del edificio, la ubicación de las tuberías verticales, los paneles de alarma, hidrantes y otra información fundamental. También reveló que FireCast predecía con exactitud cuáles eran los edificios que probablemente podían sufrir incidentes de incendio. Mediante una comparación, con la versión 1.0, solamente el 1.9 por ciento de los edificios con incidentes de incendios estructurales habían sido inspeccionados dentro de los 90 días. Los oficiales del FDNY predicen que, con FireCast 3.0, en la Ciudad de Nueva York el 25 por ciento de los incendios estructurales ocurrirá en edificios que el FDNY ha inspeccionado dentro de los últimos 90 días, lo que en gran medida reduce las posibilidades de que suceda otro incidente como el del Deutsche Bank.

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Ditaranto dijo que la efectividad y promesa del RBIS es el resultado de haber sido creado por los oficiales bomberos, y no por ingenieros, tecnólogos u otros. “Los oficiales de bomberos son los que tienen la perspectiva única y los conocimientos prácticos que otros profesionales no poseen,” expresó, citando los esfuerzos por parte de oficiales tales como el Capitán Thomas Gale, jefe de operaciones de Ditaranto que lidera el proyecto RBIS, para el diseño de un sistema que tenga en cuenta la seguridad de los civiles, así como la de los bomberos. “Somos quienes mejor comprendemos el riesgo, ya que somos quienes estamos en el campo de batalla, enfrentando todos los niveles de riesgo en todo momento”.

La mayor evidencia anecdótica sobre el correcto funcionamiento del FireCast surge de la gran cantidad de llamadas al Programa de Seguridad de Inspecciones de Edificios del FDNY (BISP)—esencialmente una línea directa para los inspectores de campo, que desean formular consultas sobre el código de incendios de la ciudad, o enfrentan situaciones desafiantes o únicas que superan su nivel de conocimientos. A medida que los inspectores eran enviados a los edificios que corrían mayor riesgo, aumentaba la cantidad de llamadas solicitando ayuda. “Dado que las inspecciones comenzaron a basarse en el puntaje de riesgo, todo tipo de elementos han sido sacados a la luz: materiales peligrosos, aspectos relacionados con el egreso, y todo lo demás”, expresó Capt. Michael Scheibe, uno de los principales responsables del BISP. “Como resultado, el nivel de educación [para los inspectores de campo] ha crecido enormemente. Cuentan con mejores elementos para saber qué hacer ante las situaciones con las que se enfrentan”.

A medida que el sistema madura, los lideres del FDNY piensan que el sistema podría derivar en mucho más que sólo conducir a los bomberos a los edificios más riesgosos—podría también brindar nuevas respuestas al motivo y al modo en que se inician los incendios en la Ciudad de Nueva York. “Estos datos podrían tener el potencial de modificar las leyes y las reglamentaciones—si observamos una tendencia, tal vez podamos rectificar las reglas antes de que suframos un incidente mayor”, dijo Baggott, jefe adjunto de operaciones de FDNY. “Los hombres responsables de las operaciones contra incendios observan parte de los datos y comentan: ‘¿En serio? ¿Eso causa un incendio?’ Pero nosotros debemos considerar las cifras. Si los datos nos indican que es así, así lo encararemos”.

Una guía inteligente para el combate de incendios
FireCast puede ser ´punta de lanza´ en el combate inteligente de incendios, pero es tan solo el comienzo. En marzo del 2014, un inusual grupo de 80 personas se reunió en Arlington, Virginia, con el fin de debatir cómo sería un combate inteligente de incendios en el futuro. Aproximadamente la mitad eran bomberos profesionales, mientras que la otra mitad eran ciberfísicos con antecedentes en sitios como Google y diversas agencias del gobierno federal. El taller, organizado por la Fundación de Investigación en Protección contra Incendios, se celebró con el fin de establecer un diálogo entre los grupos, como un primer paso para abordar un proyecto complejo, denominado: “Smart Firefighting: Where Big Data and Fire Service Unite” (Combate inteligente de incendios: donde se unifica el volumen de data y los bomberos—nfpa.org/smartfirefighting), destinado a crear el futuro del combate inteligente de incendios.

“Estamos anegados de una cantidad increíble de datos—se colocan sensores en todo lo que puedan imaginarse”, dijo Casey Grant, director de investigaciones de la Fundación, que supervisa el proyecto. “Al mismo tiempo, nuestra capacidad de procesamiento y almacenamiento de datos han crecido radicalmente. El interrogante es, ¿qué hacemos con esto?

En los meses siguientes a la reunión inicial, 11 pares de peritos en incendios y expertos en datos y tecnología se han unido para abordar dicho interrogante. Cada par de expertos ha escrito un capítulo sobre temas que van desde tecnología de la información y métodos de envío de datos hasta sensores, recopilaciones de datos, interoperabilidad hardware/software, sistemas analíticos y otros más. Para inicios del 2015, el grupo habrá elaborado un documento integral que identificará las oportunidades de mejora del servicio contra incendios a través de la tecnología de datos y la priorización de áreas para futuras investigaciones. “La guía nos indicará el camino a seguir”, expresó Anthony Hamins, jefe de la división de investigación de incendios de los laboratorios de ingeniería de NIST, que financia el proyecto.

A través de NIST, el gobierno federal esta gastando millones de dólares en la investigación de los llamados sistemas ciberfísicos o CPS (por sus siglas en inglés)—el sistema integrado de redes, computadoras y sensores que funcionan en tándem con el mundo físico para la creación de sistemas inteligentes. El trabajo de NIST para el perfeccionamiento de los sistemas inteligentes se encuentra en curso en diversos sectores, entre ellos el de fabricación, transporte, energía y otros. “Los sistemas ciberfísicos son un área clave del programa en NIST—son muchas las personas que trabajan en los temas relacionados con los CPS”, sostuvo Hamins. “Creemos que aprovechar las ventajas de esta tecnología emergente es muy importante para garantizar la seguridad y la efectividad de los bomberos”.

El combate de incendios ofrece particulares desafíos y oportunidades para esta tecnología; como lo demuestra el algoritmo FireCast del FDNY, el rango de datos aplicables es prácticamente ilimitado. Por ejemplo, ¿qué sucede si un bombero pudo emitir una orden verbal para acceder a un detalle de la disposición de un edificio que aparecería en su visor? ¿Qué sucede si los comandantes del incidente pudieron ver una modelización del incendio en tiempo real basada en las condiciones reales según lo informado por los sensores situados dentro y en los alrededores del edificio?

Grant, que describe al proyecto como uno de los más desafiantes en los que él alguna vez ha trabajado, cree que las implicancias para los bomberos son inmensas. “Algunas personas observan esto y dicen que estamos en la cúspide de una nueva era, y coincido con ellos”, dijo. “Esto está llegando tan rápido y se modifica tan velozmente que estamos intentando adelantarnos para ver dónde iremos después”. Grant expresó que el proyecto para un combate inteligente de incendios podía informar a los nuevos códigos y normas, tales como NFPA 950, Desarrollo e intercambio de datos para bomberos, que ha sido redactada como una norma y NFPA 951, Guía para el desarrollo y el uso de la información digital, que a su vez podrían transformarse en importantes herramientas para navegar en el emergente panorama tan rico en datos. [Ver “Existe una norma para eso“]

Si bien se da cuenta de su potencial, Hamins minimiza la importancia de las nociones acerca de que los bomberos se encuentran al borde de una repentina transformación—al menos no todavía. “No es fácil predecir cuándo será generalizado, debido a que hay muchos desafíos técnicos”, sostuvo. “Existen maravillosas oportunidades y posibilidades, y es mucho lo que queda por hacer. Pero FireCast es un ejemplo excelente de dónde podemos ir”.

Jesse Roman es escritor del NFPA Journal


smartandsmarter hedInteligente + más inteligente
Nuevas maneras en que el personal de emergencias está utilizando la tecnología basada en datos

RESPUESTA A EMERGENCIAS EN ESCUELAS
Programa SAFER
Frisco, Texas
En 2009, la ciudad de Frisco, Texas, desarrolló un innovador sistema llamado Concientización Situacional para dar Respuesta a Emergencias (Situational Awareness For Emergency Response o SAFER). El sistema permite a los socorristas tener acceso inmediato a información fundamental sobre cada una de las 46 escuelas del distrito. SAFER, desarrollado por el departamento de Servicios de Tecnología de la Información de la ciudad, incorpora en una interfaz de  fácil manejo para los usuarios, información de seis bases de datos y señales de video de las cámaras estratégicamente ubicadas dentro de cada escuela. El resultado es que los socorristas de Frisco—Sea en la misma escena de emergencia, en sus vehículos o en la estación—pueden ver videos en tiempo real de planos de pisos, mapas con vistas aéreas, listas de productos químicos peligrosos in situ, información de contacto de los administradores de las escuelas, fuentes de agua y otra información fundamental.

“Es la herramienta más avanzada que conozco”, expresó Mack Borchardt, jefe del Cuerpo de Bomberos de Frisco, en una publicación en ci.frisco.tx.us. “nos provee una increíble cantidad de información de manera instantánea y los bomberos y oficiales de policía tienen la misma visión. En el caso de los videos, una imagen vale más que mil palabras”

INTERFAZ URBANO/FORESTAL
FIREWATCH TEXAS
College Station y Condado de Travis, Texas
Más de 1,000 millas cuadradas de bosques cercanos a College Station, Texas, están siendo monitoreadas mediante el uso de un nuevo sistema de cámaras que permiten advertir tempranamente un incendio forestal. La tecnología, de una empresa alemana, se comercializa en los EE.UU. con el nombre de FireWatch America. Según informa la empresa, las cámaras, montadas en torres ubicadas por encima de la línea de los árboles, pueden ver penachos de humo de 10 metros por 10 metros, a distancias de 10 millas o más. Los sensores rotan en incrementos de 10 grados, y completan un barrido de 360 grados del área en un tiempo de cada ocho o doce minutos. Según describe fiewatchamerica.com, durante cada una de las rotaciones los sensores de las cámaras captan y analizan las imágenes, las transmiten a un centro de comando central y alertan a las autoridades si se detectan posibles incidentes de  incendio.

El sistema emplea una triangulación para señalar la ubicación exacta del incendio a los socorristas. En junio, la municipalidad de Austin, Texas, aprobó de manera unánime un programa piloto para la instalación de tres cámaras de alta tecnología en las torres del Condado de Travis. Según los informes publicados, cada cámara tiene un costo de US$175,000 y más de US$200,000 de mantenimiento. Según se informa, Texas es el primer estado de los Estados Unidos utilizando las cámaras, que ya se están usando en 13 otros países.

HERRAMIENTA INFORMÁTICA PARA BOMBEROS
Proyecto Google Glass
Rocky Mount, Carolina del Norte
Patrick Jackson, un bombero de Rocky Mount, Carolina del norte, ha diseñado una aplicación para Google Glass, la computadora montada en la cabeza—generalmente de tipo visor o gafas—que podría convertirse en una útil herramienta manos libres para los bomberos en el campo. La aplicación de Jackson les permite dar órdenes verbales a la computadora sobre mapas y enviar información, que luego se transmite directamente al dispositivo Glass; de esta manera los bomberos acceden a información fundamental en el vértice superior de sus visores. Futuras versiones podrían incluir la disposición del edificio, información sobre potenciales riesgos para el edificio, información de contacto, etc., comentó recientemente Jackson a la CNN. El dispositivo Google Glass también toma fotografías y videos, lo que permite a los socorristas grabar ininterrumpidamente su respuesta a un incidente de incendio u otra emergencia, que después podría resultar de gran utilidad en las investigaciones del incidente.

Jackson, un programador autodidacta, utilizó una campaña de recaudación de fondos de participación colectiva para adquirir el dispositivo de Google Glass y desarrolló el software en su tiempo libre.

Proyecto Google Glass de Patrick Jackson


Existe una norma para eso

HayUnaNormaparaEso

Los nuevos documentos de la NFPA abordan aspectos tales como desarrollo, almacenamiento e intercambio de datos

Si bien son muchos los que pregonan sobre el potencial de las emergentes tecnologías para el combate inteligente de incendios, todavía queda mucho por hacer detrás de escena antes de que esas tecnologías sean de uso generalizado. “Esa es un área donde NFPA, con la elaboración de códigos y normas, puede contribuir enormemente”, dijo Anthony Hamins, jefe de la división de Investigación de Incendios de NIST. “NFPA desempeña un rol muy importante en el desarrollo de formatos normalizados, protocolos y tipos de datos”.

Esa tarea ya está en curso. Si no hay objeciones del Consejode normas de NFPA, una nueva norma, NFPA 950, Desarrollo e intercambio de datos para bomberos, será publicada por primera vez en noviembre. Se ha programado la publicación de su compañera, NFPA 951, Guía para el desarrollo y el uso de la información digital, para noviembre de 2015. “Creo que estos documentos de NFPA son de suma importancia”, dijo Casey Grant, director de investigaciones de la Fundación de Investigación de Protección contra Incendios. “Creo que en pocos años veremos el despegue de estos documentos, ya que es hacia dónde va encaminado el mundo. El comité técnico a cargo de NFPA 950/951 está realmente configurando algunas de las métricas básicas de iniciación para toda esta temática”.

Como sucede con toda industria nueva, y rápidamente cambiante, la falta de uniformidad puede generar grandes problemas, o al menos lentificar los potenciales avances. Los nuevos documentos contemplarán ese aspecto y “brindarán un marco normalizado para el desarrollo, manejo y uso compartido de datos para las organizaciones y agencias que dan respuesta a las emergencias de todo riesgo”, según se describe en el Capítulo 1 de la norma propuesta NFPA 950.

“Hay fabricantes que desarrollan radios que emiten la localización geográfica de los usuarios, dispositivos colocados en la vestimenta que pueden monitorear los signos vitales de los bomberos, localizadores situados en los alrededores de los edificios que literalmente pueden diagramar la disposición del edificio”, dice Christopher Farrell, personal de enlace de NFPA para NFPA 950 y NFPA 951. “Lo único que nos frena es que las distintas tecnologías están escritas en idiomas diferentes y en diferentes plataformas.

Algunos dispositivos se comunican entre sí sin dificultad, otros no. La integración de estas diferentes tecnologías permitirá que los bomberos accedan a la información en tiempo real. Sino superamos este escollo, podría terminar siendo como en la Torre de Babel”. La primera edición de NFPA 950 consta de seis capítulos cortos que contienen información relativamente básica, aunque importante.

Entre los temas se incluyen los requisitos para los cuerpos de bomberos para el desarrollo de las políticas sobre datos, copias de seguridad de datos claves y de disposiciones sobre la manera de formatear apropiadamente el ingreso de los datos. “Comienza sólo con elementos de alto nivel—la siguiente edición tendrá materiales más concentrados”, sostuvo Farrell. “Estamos construyendo una caja y todavía falta determinar qué es lo que se colocará dentro de la caja. Es un buen ejemplo que nos muestra que ya nos encontramos en una posición avanzada del juego”.

El impulso para la elaboración de NFPA 950 comenzó en 2008, cuando se presentó la solicitud del nuevo proyecto ante el Consejo de normas de NFPA. Una vez aprobado, le llevó un tiempo a Farrell junto con otros para identificar a los potenciales miembros del comité técnico, dado que la norma, expresó Farrell, “es un área completamente nueva para NFPA”. Farrell asistió a eventos comerciales para conocer gente que perteneciera a los mundos de bomberos y de la tecnología, porque como dijo en su momento “ellos no nos conocen a nosotros y nosotros no los conocemos a ellos”.

Como resultado, la mayoría de los más de 20 miembros de los comités—entre los que se incluyen peritos en tecnología de cuerpos de bomberos, consultores, profesores, profesionales en manejo de datos, y otros—nunca han ocupado un puesto en un comité de NFPA.

Farrell y Grant creen que en un futuro no muy lejano, serán muy codiciados los cargos en los comités técnicos de NFPA 950 y NFPA 951. “A medida que el mercado madure y haya una mayor concientización, serán innumerables la cantidad de personas que querrán ser parte del movimiento, debido al potencial generador de grandes cantidades de dinero para esta área”, predijo Farrell. “Garantizo que serán muchas las personas que van tener interés en esta norma y que verán su enorme potencial”. -J.R.
Source: http://www.nfpajla.org/index.php/archivos/edicion-impresa/bomberos-socorristas/1066-basado-en-los-datos

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NFPA Journal Latinoamericano – Junio 2015

Posted by Firestation en 19/06/2015

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Característica de Seguridad/Riesgo de Seguridad. Escaleras de incendios.

Posted by Firestation en 01/04/2015

Por Carl Baldassarra

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Hace 100 años, en su primer informe presentado al Comité Ejecutivo, el nuevo Comité de Seguridad Humana de la NFPA hizo sonar la alarma sobre los medios de escape de incendios. Un siglo después, todavía estamos luchando contra los problemas que presenta esta tecnología de la era victoriana

En el verano de 1975, se desató un incendio en los pisos más altos de un edificio de apartamentos de cinco pisos, revestido de piedra arenisca, situado en Back Bay, Boston. Los bomberos estaban en el lugar del hecho, con un camión escalera y la dotación participó en el rescate de una joven y de su pequeña ahijada, desde un escape de incendio de un piso superior.

Cuando uno de los bomberos estaba a punto de ayudar a la mujer y a la niña a llegar hasta la escalera, se derrumbó el escape de incendio. Un fotógrafo de un periódico hacía tomas de la dramática escena, y capturó el momento en el que el escape de incendio se desprendió, y la mujer y la niña se desplomaron hacia abajo, cayendo sobre la acera, mientras el bombero se aferraba a la escalera. La mujer murió en el lugar; la niña sobrevivió. Periódicos y agencias de noticias de todo el mundo divulgaron las imágenes— el fotógrafo, Stanley Forman, ganaría un premio Pulitzer por su trabajo de ese día — y se comenzaba el debate sobre la necesidad de códigos de seguridad contra incendios más severos, lo que llevó a que en algunos casos las municipalidades adoptaran reglamentaciones más estrictas que incluían disposiciones para escapes de incendio exteriores.

En NFPA, el debate llevaba ya décadas. Cien años antes, el Comité de Seguridad Humana de la NFPA, recientemente designado, se ocupaba de llevar a cabo un minucioso análisis de la seguridad contra incendios y de edificios. Creado en 1913 como parte de la respuesta de la NFPA al incendio ocurrido en la Triangle Waist Company, el devastador incidente ocurrido en 1911 en una fábrica de indumentaria de la Ciudad de Nueva York, en el que murieron alrededor de 150 personas, el comité dedicó sus primeros años al análisis de los incendios de mayor envergadura que provocaron pérdidas de vidas no solamente el de Triangle, sino también el incendio del Teatro Iroquois ocurrido en Chicago, en 1903 (más de 600 víctimas fatales), el incendio de la Escuela de Lake View, ocurrido en Collinwood, Ohio, en 1908 (en el que murieron 175 personas), el incendio de la fábrica de indumentaria Binghamton, ocurrido en el estado de Nueva York, en 1913 (31 víctimas fatales) y otros. Desde el principio, el comité reservó algunas de sus más duras críticas a los escapes de incendio, que solía considerar como una solución problemática para el problema aún mayor de sacar a las personas de un edificio, de manera rápida y segura ante un incidente de incendio.

Después del incendio de Triangle, las municipalidades de todo el país habían comenzado a promulgar leyes que requerían medios de emergencia para egresar desde edificios y las escaleras exteriores hechas de hierro forjado se transformaron en el método predominante para obtener dichos medios—aunque no sin generar nuevos problemas. En su informe presentado al comité ejecutivo de la NFPA, en 1914, el Comité de Seguridad Humana observó diversos “defectos comunes”, presentes en “un muy alto porcentaje de los escapes de incendio exteriores que actualmente se utilizan”. Entre dichos problemas se incluía la inaccesibilidad, su tendencia a estar desprotegidos contra el fuego y su deficiente diseño—muchos de los escapes de incendio más antiguos eran poco más que una serie de escaleras verticales empernadas a muros exteriores. Entre otros aspectos se incluía la ausencia de escaleras desde el segundo piso hasta la planta baja, condiciones generales deficientes, recubrimiento de hielo y nieve, y su uso como áreas de almacenamiento exteriores por parte de los arrendatarios del edificio. A pesar de dichos defectos, el comité expresó: “Lo cierto es que el escape de incendio exterior es la disposición especial más habitual para un escape, [y] que ello esté escrito en la legislación de los estados, y seguirá siendo así durante mucho tiempo”.

Un siglo después, todavía existen estos problemáticos escapes de incendio en muchos edificios antiguos. Sin embargo, los escapes de incendio generalmente no se encuentran a la vista y entonces tampoco se piensa mucho en ellos; son características de los edificios que se da por descontado son salidas secundarias “adecuadas” sin someterlos a demasiado análisis, aunque pueda ser sencillo para los profesionales en protección contra incendios descartar la capacidad de los escapes de incendio de brindar un beneficio mensurable para el egreso. De hecho, debido a los peligros que plantean los escapes de incendio en sí mismos, no han sido reconocidos como un medio de egreso aceptable en las construcciones nuevas. Desde la creación del Código de Salidas de Edificios—el precursor del NFPA 101, Código de Seguridad Humana—en 1927. La alternativa es la escalera con cerramiento certificada contra incendios, que también fue reconocida en la edición de 1927 del Código de Salidas de Edificios como un medio de egreso suficientemente confiable y de fácil uso, y con el que la mayoría de las personas tienen experiencia por el uso diario que hacen.

Pero, mientras los esfuerzos de preservación en todo el país procuran mantener los viejos edificios, y mientras estas estructuras son tenidas en cuenta para ser renovadas como parte de las acciones de remodelación de sus principales barrios, los escapes de incendio generalmente se incluyen como parte de los medios de egreso de dichos edificios. Dada nuestra tendencia a pasarlos por alto, se pierden, a veces, las oportunidades de hacer cumplir los requisitos de adecuación de las aberturas protectoras y de perfeccionar el acceso a los escapes de incendio. El riesgo de incendio asociado con algunos de estos edificios no siempre es evidente: un grave incendio en un piso inferior requeriría que muchas personas utilicen los escapes de incendio, sometiéndolos a una prueba física que podrían no haber tenido durante décadas, si es que alguna vez la tuvieron. Nuestras ciudades más antiguas están repletas de edificios con escaleras centrales únicas, o incluso con escaleras sin cerramientos, lo que coloca en un nivel aún más alto de importancia a los escapes de incendio como el medio de egreso secundario.

Si bien el uso real de los escapes de incendio para un egreso de emergencia no se somete frecuentemente a prueba, los riesgos siguen vigentes. Un trágico incidente de incendio en el Edificio de la Administración del Condado de Cook, situado en el centro de Chicago, ocurrido en 2003, se llevó la vida de seis personas. Una encuesta posterior, realizada en cientos de edificios de altura de la ciudad reveló un sinnúmero de deficiencias relacionadas con los escapes de incendio existentes, desde aberturas en muros no protegidas a condiciones de acceso difíciles o casi imposibles—problemas estos, idénticos a aquellos criticados por el Comité de Seguridad Humana de la NFPA casi un siglo antes y características estas, comunes en los escapes de incendio en comunidades de todo el país. Todos los escapes de incendio exteriores conllevan interrogantes fundamentales: en última instancia, ¿puede el escape de incendio ser usado de manera eficaz cuando sea necesario, ya sea por los ocupantes del edificio o por los socorristas de emergencias? ¿Se mantendrá anexado al edificio si se utiliza? ¿Funcionarán conjuntamente las piezas que lo componen? ¿Puede ser útil para los ocupantes de un edificio que tengan discapacidades?

Esos interrogantes, en y por sí mismos, no constituyen un problema. Para los profesionales en incendios, la dificultad—y nuestra actual problemática con esta heredada tecnología de los escapes de incendio es que, con demasiada frecuencia, no tenemos respuestas.

Cómo hemos llegado aquí: una breve historia de los escapes de incendio
La construcción de edificios de mayor altura en los Estados Unidos comenzó a mediados del siglo diecinueve. Muchos de esos edificios tenían solamente una única escalera de madera abierta, ubicada en el centro del edificio y conectada a los corredores que utilizaban los apartamentos o áreas de oficinas, generalmente con una configuración de “sin salida”. Si bien eran convenientes, estas escaleras eran el único y exclusivo medio de acceso y egreso diario, y presentaban un doble riesgo: ser tanto inutilizables en un incidente de incendio como de ser un medio para la rápida propagación vertical del fuego. A ello le siguieron diversos incendios fatales.

En 1860 en la Ciudad de Nueva York, se requirió que todos los edificios residenciales de más de ocho unidades tuvieran un medio de escape secundario. Ese mismo año, Baker y McGill, de la Ciudad de Nueva York, patentaron un diseño que incorporaba casi la totalidad de los componentes principales de lo que actualmente reconocemos como el tradicional escape de incendio de balcones de hierro exterior, que constaba de una serie de escalones o escaleras ajustables o estacionarios.

En respuesta a un impulso para la reforma de viviendas, en 1867 el Estado de Nueva York aprobó la primera Ley de Casas de Vecindades (Tenement House Act), que obligaba a que todos los inquilinatos nuevos y existentes estuvieran equipados con escapes de incendio. Sin embargo, se consideró que la ley no era lo suficientemente específica como para ser efectiva, ya que solamente requería que los inquilinatos tuvieran escapes de incendio o “algún otro” medio de egreso aprobado. Se incluyeron mejoras graduales en la segunda Ley de Casas de Vecindades, aprobada en 1870 y en sus enmiendas, adoptadas en 1887.

El Día de San Patricio, en 1899, se desencadenó un incendio en el segundo piso del Hotel Windsor, de la Ciudad de Nueva York. El fuego se propagó rápidamente, dejando atrapadas a una gran cantidad de personas que estaban en los pisos superiores del edificio de siete plantas. El edificio contaba con una pequeña cantidad de escapes de incendio, aunque algunos informes indicaban que las oleadas de fuego que salían de las ventanas habían provocado su calentamiento excesivo, lo que impedía que pudieran ser utilizados. Las habitaciones para huéspedes estaban equipadas con sogas previstas para ayudar a la gente a ir hacia un lugar seguro; la dificultad de descender por una soga fue descripta, en uno de los relatos, como “un acto que solamente puede requerirse de un gimnasta”, e incluso muchos de quienes podían hacerlo eran obligados a soltar la soga cuando esta quemaba sus manos. Como resultado, muchas personas cayeron y murieron o saltaban de las ventanas para escapar de las llamas; el derrumbe de la estructura mató a muchas otras personas. Murieron casi 90 personas en el incidente. El incendio dio lugar a un torrente de protestas sobre el uso de sogas como un medio de escape. Se presentaron nuevos proyectos de ley para escapes de incendio en el Estado de Nueva York, que incluían las más pormenorizadas disposiciones sobre su construcción y uso.

Un momento decisivo para la seguridad de los edificios tuvo lugar el 26 de marzo de 1911, cuando un incendio ocurrido en Triangle Waist Co., una fábrica de indumentaria ubicada en los pisos octavo, noveno y décimo de un edificio de once pisos situado en la parte meridional de Manhattan, se llevó la vida de casi 150 empleados, en su mayoría niñas y mujeres jóvenes. La atroz pérdida de vidas fue atribuida en parte a la existencia de salidas interiores inadecuadas y bloqueadas, así como a un escape de incendio situado en la parte posterior del edificio que se derrumbó y provocó la muerte de una gran cantidad de personas que intentaban huir. Fueron consideradas responsables de la tragedia, la falta de una autoridad global en la Ciudad de Nueva York que exigiera el cumplimiento de las reglamentaciones y la vaguedad de la ley sobre salidas. El Artículo 103 del código de edificación de la ciudad incluía en su texto “correctos y suficientes” escapes de incendio, escaleras u otros medios de egreso, y dejaba que los términos “correcto/a y suficiente” fueran interpretados por cada inspector.

El impacto del incendio de Triangle repercutió más allá de Manhattan y del Estado de Nueva York. NFPA comenzó a debatir sobre la seguridad humana después de lo sucedido en Triangle, y ello incluyó una determinante evaluación de los escapes de incendio. Esas conclusiones, publicadas en el informe trimestral de la asociación en 1911, fortalecían la actitud del público acerca de la disminución de la seguridad del escape de incendio exterior:

Desde hace ya largo tiempo se ha reconocido que el habitual formato exterior de la serie de escalones de tipo escalera de hierro anclada en el costado del edificio resulta lamentablemente engañosa. Durante un cuarto de siglo este dispositivo ha sido el principal elemento de tragedia en todos los incendios que provocaron pánico. Atravesando sucesivamente las aberturas de ventanas de cada uno de los pisos, las lenguas de fuego que salían de las ventanas de cualquiera de los pisos obstruían el descenso de todos los que estaban en los pisos situados encima. Sus plataformas generalmente son lastimosamente pequeñas y una desesperada corrida hacia ellas desde varios pisos al mismo momento hace que se congestionen y atasquen irremediablemente. Se trata de una improvisada creación fruto de la avaricia de los dueños de propiedades; y que con frecuencia se vuelven aún más inútiles por la ignorancia de los arrendatarios que las abarrotan de botellas de leche, neveras y otras obstrucciones.

Como resultado del incendio en Triangle y de otros incendios en los que hubo gran cantidad de víctimas fatales, NFPA creó el Comité sobre Seguridad Humana en 1913, a fin de que se formularan las recomendaciones requeridas para mejorar la seguridad en las salidas de edificios. Los informes del comité se publicaron en forma de panfletos, entre ellos el de “Escaleras exteriores para salidas de incendio” (1916). El comité no reconocía a los escapes de incendio como un medio de egreso aprobado para las construcciones nuevas y solamente los recomendaba para corregir deficiencias en los edificios existentes.

El trabajo del comité contribuyó a la creación del Código de Salidas de Edificios, que fue aprobado en 1927. El Código de Salidas de Edificios incluía una nueva disposición que especificaba a las escaleras exteriores, y no a los escapes de incendio, como un medio de egreso exterior. Las escaleras exteriores aplicaban criterios más rigurosos que los de los escapes de incendio respecto del ancho, huellas, contrahuellas, materiales de construcción y de la protección de la escalera desde un espacio interior del edificio mediante aberturas certificadas. El código también incluía lo siguiente:

201. Las escaleras exteriores especificadas en este código son muy superiores a los escapes de incendio ordinarios que comúnmente se encuentran en los edificios existentes. Estos escapes de incendio absolutamente inadecuados, endebles, pronunciados, no protegidos contra el fuego en la estructura a la que están adosados, constituyen, realmente, una amenaza, ya que dan una falsa sensación de seguridad. Dichos escapes no están reconocidos en este código.

Aún las mejores escaleras exteriores construidas de acuerdo con lo establecido en este código presentan serias limitaciones que pueden evitar su efectivo uso al momento de un incendio. Incluso cuando se brinde protección en las ventanas, las condiciones pueden ser tales que el fuego (o el humo proveniente del fuego) en los pisos inferiores puede hacer que las escaleras se vuelvan intransitables antes de que los ocupantes de los pisos superiores hayan tenido tiempo para utilizarlas. Las escaleras exteriores pueden estar bloqueadas por nieve, hielo o aguanieve en el momento en que son más necesarias.

Es probable que las personas que utilizan las escaleras exteriores a una altura considerable sientan temor y desciendan, si lo hacen, a una velocidad mucho menor que con la que lo hacen por escaleras situadas en el interior de un edificio. . . Los ocupantes de edificios no las utilizarán tan prestamente en caso de incendio como lo harán con el medio de salida habitual, la escalera interior. Debido a que se trata de un dispositivo de emergencia de uso no habitual, su mantenimiento puede no ser tenido en cuenta.

A pesar de sus defectos, los escapes de incendio han funcionado de manera eficaz durante décadas y han contribuido a salvar innumerables vidas durante incidentes de incendio y otras emergencias. El incendio ocurrido en 1946 en el Hotel LaSalle de Chicago mostró, al menos, un éxito parcial de los escapes de incendio. El hotel de 1000 habitaciones fue construido en 1909 y se lo consideraba “el más confortable, moderno y seguro del área occidental de la Ciudad de Nueva York”. Se desató un incendio cerca del vestíbulo poco después de la medianoche que se propagó rápidamente; los trabajos de remodelación y la existencia de una escalera abierta permitieron que el denso humo subiera por la totalidad de altura de los 22 pisos del hotel, dejando a las escaleras intransitables. De las 61 personas que murieron en el incendio, la mayoría fallecieron por inhalación de humo. Aproximadamente 900 huéspedes pudieron abandonar el edificio, muchos de ellos a través de los escapes de incendio. Las fotografías periodísticas del incidente claramente mostraban filas de huéspedes moviéndose tranquilamente por los escapes de incendio en zigzag del edificio. El incendio llevó a que el municipio de la ciudad de Chicago promulgara nuevos códigos de edificación para hoteles y procedimientos para el combate de incendios, entre ellos la instalación de sistemas de alarma automática e instrucciones para la seguridad contra incendios en el interior de las habitaciones de hoteles.

Uno de los últimos edificios de arquitectura trascendental que incluía escapes de incendio fue el Edificio del Commonwealth, actualmente conocido como Edificio de la Equidad, situado en Portland, Oregón. Diseñado por Pietro Belluschi, un reconocido arquitecto modernista, fue uno de los primeros edificios de altura construido con metal y vidrio (originalmente de 12 pisos, posteriormente de 14) edificado hasta la fecha. Fue finalizado en 1948 con grandes elogios y en 1982 recibió el premio a los 25 años otorgado por el Instituto Americano de Arquitectos. Figura también en el Registro Nacional de Lugares Históricos.

El edificio fue un ejemplo precoz de un sistema de muro de cortina sellado, con aire acondicionado central—un diseño que en apariencia no es congruente con los escapes de incendio exteriores. Sin embargo, no son muchas las construcciones que se han efectuado antes, y los códigos no han sido, aparentemente, actualizados para que contemplen, o prohíban el uso de, escapes de incendio exteriores. Presumiblemente, quien desarrollaba el proyecto lo que quería era maximizar la dimensión de área rentable e insistía en que se utilizaran escapes de incendio en lugar de escaleras interiores. Se considera que el resultado es un raro ejemplo de un rascacielos de metal y vidrio posterior a la Segunda Guerra Mundial que cuenta con un escape de incendio.

De aquí en adelante
El Código de Seguridad Humana ha favorecido a las escaleras interiores protegidas para las construcciones nuevas desde su inicio en 1927, disposiciones que se mantienen en el código hasta la actualidad. Sin embargo, los escapes de incendio exteriores pueden ser agregados a la mayoría de los edificios —las ocupaciones educacionales son una excepción notable—cuando esté permitido por las autoridades locales. En esos casos, no obstante, no se permiten escaleras, debido a la dificultad de utilizarlas en condiciones adversas; ni el acceso a través de ventanas, que también presenta dificultades para llegar de manera segura al escape de incendio. Solamente se permite el acceso a través de puertas que cumplan con los criterios especificados.

El código también incluye disposiciones sobre la inspección y mantenimiento de los escapes de incendio. Como muchas otras características para la seguridad contra incendios, el mantenimiento de los escapes de incendio es esencial para garantizar su uso y su seguridad. Los escapes de incendio deben mantenerse libres de obstrucciones, debe haber un libre acceso dentro del edificio a través de puertas y ventanas, los protectores de aberturas resistentes al fuego deben estar debidamente instalados y debe mantenerse la integridad estructural del escape de incendio y sus anclajes a la estructura del edificio. Este es un enfoque crítico para la inspección de los escapes de incendio; en enero, una persona murió y dos resultaron gravemente heridas cuando se derrumbó un escape de incendio del tercer piso de un edificio de apartamentos de Filadelfia. Durante una celebración de cumpleaños, las personas habían salido al balcón del escape de incendio para fumar.

La oxidación es la principal amenaza para el deterioro del hierro fundido y forjado. Si se deja que el proceso continúe, el metal puede deteriorarse completamente. La prevención y eliminación de herrumbre es el primer paso para la conservación de los escapes de incendio. La oxidación también se produce cuando la humedad se acumula en juntas, grietas y fisuras de la mampostería a la que está anclado el escape de incendio. La corrosión puede provocar el deterioro del hierro y de la mampostería, lo que debilita el anclaje a la estructura. Los pernos deberían ser quitados e inspeccionados como parte de la inspección regular de los escapes de incendio. Podría ser necesario reemplazar la ferretería si el deterioro es serio. El descuido durante un largo plazo puede llevar a una falla estructural que incluya la pérdida del anclaje al muro de mampostería.

Si bien la misma exposición al fuego es ampliamente reconocida como una amenaza a la integridad estructural del hierro forjado expuesto, dicha consideración no era generalmente tenida en cuenta en la instalación de escapes de incendio. No hay antecedentes claros sobre este tema. Es evidente que el impacto de las llamas sobre la estructura de soporte durante un período de tiempo suficiente eventualmente debilitaría el material y provocaría una falla. Ese tema, sin embargo, no ha sido contemplado en los criterios de instalación de escapes de incendio más allá de las protecciones para aberturas requeridas, presumiblemente en beneficio de los ocupantes del edificio que podrían estar expuestos durante el uso del escape de incendio.

Durante largo tiempo se ha presumido que el uso de escapes de incendio por parte del público en condiciones de emergencia es una experiencia indeseable, a juzgar por el informe del Comité sobre Seguridad Humana de hace casi 100 años. Esta no es una inquietud infundada, dado que generalmente no se entrena a las personas ni se hacen simulacros sobre el uso de los escapes de incendio. El comportamiento humano también indica que muchas personas considerarán extremadamente indeseable salir por un escape de incendio, en general sobre una plataforma enrejada a muchos pies de altura y frecuentemente con un clima adverso o en la oscuridad. Estos dispositivos han sido claramente previstos para ser utilizados como un último recurso en caso de que las vías interiores se vuelvan inutilizables. Por estos motivos, el mantenimiento de un acceso libre y la prueba regular de los componentes operativos es aún más importante para evitar lesiones durante el egreso de ocupantes inexpertos y no entrenados, así como de los socorristas que podrían necesitar hacer uso de los escapes de incendio en una emergencia.

En general, puede argumentarse que, basándose en una revisión de diversos códigos actuales, los requisitos de inspección y mantenimiento de escapes de incendio son incongruentes y podrían hacerse más estrictos. Si bien los códigos generalmente son claros acerca de que no pueden usarse escapes de incendio en las construcciones nuevas, son pocos los requisitos que contemplan a los escapes de incendio de los edificios existentes. Tanto NFPA 1, Código de Incendios, como NFPA 101 solamente incluyen referencias generales para el mantenimiento de escapes de incendio. Aparte del requisito de mantener los medios de egreso libres de obstrucciones, no hay criterios específicos sobre la frecuencia o método para la inspección, pintura o prueba de carga de los escapes de incendio. (La edición 2012 del Código Internacional de Incendios ha ampliado en cierta medida los criterios para inspección, prueba y mantenimiento.) Una revisión general y la modificación de los códigos podrían representar una mejora significativa en los criterios para inspección y mantenimiento, y la correspondiente mejora en la seguridad humana para los ocupantes de edificios y los socorristas. Grupos tales como la Asociación Nacional de Escapes de Incendio están trabajando para una mayor concientización y ofrecen entrenamiento y servicios sobre escapes de incendio. Reglas y reglamentaciones normalizadas pueden contribuir a aumentar el tiempo de vida de los escapes de incendio existentes.

Además, criterios adicionales para la mejora de la protección y el arreglo del acceso a los escapes de incendio al momento de llevar a cabo las renovaciones de un edificio deberían estar específicamente incluidos en los códigos de incendio y en los códigos de edificación existentes. Dichas renovaciones pueden ser la única oportunidad razonable de mejorar el nivel de seguridad que brindan los escapes de incendio durante el tiempo de vida de un edificio.

Los escapes de incendio continuarán siendo parte del entorno de un edificio en los próximos años y es fundamentalmente importante que sean apropiadamente inspeccionados y mantenidos, y que nuestros códigos y normas se mantengan vigilantes en la formulación de los criterios para así hacerlo a los propietarios y a la comunidad responsable de hacer cumplir lo establecido. Asimismo, al momento de llevar a cabo las renovaciones principales de un edificio, los profesionales de diseño deberían eliminar el uso de escapes de incendio mejorando otras características para el egreso, siempre que fuera factible. Nos arriesgamos a una tragedia mayor al permitirles que se oculten a plena vista.

Carl Baldassarra es un ingeniero certificado en protección contra incendios de Chicago

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NFPA Journal Latinoamericano. Marzo 2015

Posted by Firestation en 21/03/2015

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NFPA Journal Latinoamericano Diciembre 2014

Posted by Firestation en 21/12/2014

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NFPA Journal Latinoamericano Sept 2014

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NFPA Journal Latinoamericano. Septiembre 2014.

Posted by Firestation en 18/10/2014

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NFPA Journal Latinoamericano – Problema en mente

Posted by Firestation en 07/10/2014

crisis
Por Janet A. Wilmoth

Una nueva consciencia sobre la salud conductual en el cuerpo de bomberos está finalmente sacando a la luz cuestiones que se han ocultado por mucho tiempo, tales como la depresión y el trastorno por estrés post-traumático (TEPT). ¿Pero les facilita el trabajo a los socorristas reconocer estos problemas y buscar ayuda?

Kyle Ienn pertenecía a una nueva raza de jefes de bomberos. Con 23 años de servicio en el departamento, lideró un cuerpo de bomberos voluntarios progresista en su ciudad de residencia Ralston, Nebraska, un suburbio de Omaha. Fue un miembro activo a nivel estatal y nacional de la Asociación de Jefes de Bomberos de Nebraska y de la Sección de Oficiales de Combinación Voluntaria de la Asociación Internacional de Jefes de Bomberos. Trabajó en el programa “Everyone Goes Home®” (Todos regresamos a casa) de la Fundación Nacional de Bomberos Caídos, una iniciativa para prevenir muertes y lesiones de bomberos en servicio. Como fundador del Equipo de Respuesta a Emergencias por Muerte en Servicio y Lesiones Graves de Nebraska, Ienn era el primero a llegar en escena para ayudar a los departamentos de bomberos con la muerte de un bombero.

En una entrevista en 2010 para Omaha.com, cuando se le preguntó qué lo mantenía motivado, Ienn respondió “Saber que he ayudado a alguien”.

En la mañana del 31 de enero de 2012, algunos días antes de cumplir 41 años, se encontró el cuerpo sin vida de Ienn colgando de un puente en un parque de Omaha. Un vehículo del departamento de bomberos estaba estacionado cerca de allí. La policía de Omaha llegó a la conclusión de que Ienn se había suicidado. Dejó a su mujer, que trabajaba como asistente administrativa en el departamento de bomberos, y tres hijos adolescentes, dos de ellos participaban en el programa de Exploradores del departamento de bomberos.

El suicidio de un activo jefe de alto perfil generó una ola de conmoción entre los cuerpos de bomberos de la nación. Muertes como la de Ienn, sumado al de “grupos suicidas” en años recientes, que incluyeron bomberos del servicio de incendios metropolitano de todo el país, han centrado cada vez mayor atención en los problemas de salud relativos al comportamiento—alcoholismo, drogadicción, depresión y trastorno por estrés post-traumático (TEPT) entre otros— que afectan a los socorristas, principalmente a bomberos y personal del servicio de emergencias médicas. Si bien los datos empíricos sobre el problema siguen siendo escasos, existen sugerencias de que los problemas de salud entre socorristas relativos al comportamiento podrían ser generalizados; algunos estudios demuestran que tanto como el 37% de los bomberos puede presentar síntomas de TEPT. Encubrir el problema es un estigma persistente que podría dificultar el hecho de que los socorristas reconozcan cuestiones conductuales tales como la depresión, ya sea propia o de un colega.

Pero varios esfuerzos recientes (informes, recursos, líneas directas, la simple voluntad de analizar la cuestión) están sacando a la luz el problema y les están brindando a los socorristas una serie de herramientas para combatir este problema. En los próximos meses, la Fundación Nacional de Bomberos Caídos (National Fallen Firefigthers Foundation o NFFF), por ejemplo, estará lanzando una serie de iniciativas, desde la creación de aplicaciones sobre salud conductual hasta la planificación de una conferencia para analizar cómo agregar evaluaciones de salud conductual a las evaluaciones físicas anuales de los socorristas.

Como parte de la Iniciativa de bienestar y aptitud física para la gestión del trabajo conjunto del cuerpo de bomberos lanzada en 1996, este verano, la International Asociación Internacional de Bomberos (Association of Fire Fighters—IAFF) y la Asociación Internacional de Jefes de Bomberos (International Association of Fire Chiefs —IAFC) publicarán nuevas y más amplias recomendaciones sobre salud conductual, incluyendo prevención y conciencia del suicidio. Mientras tanto, NFFF espera noticias sobre la financiación para un estudio empírico propuesto sobre el suicidio de bomberos; el primero de su tipo, y un elemento crucial para comprender el alcance y las características del problema.

Ken Holland, un especialista senior en servicios de emergencia en NFPA y personal de enlace para NFPA 1500, Programas de salud y seguridad ocupacional del departamento de bomberos, dice que la salud conductual sigue siendo un tema difícil para los socorristas por varias razones. “El pensamiento es: nos llaman para ayudar a los demás, no somos nosotros los que deberíamos necesitar ayuda”, dice Holland, que ha trabajado de socorrista durante 22 años. “Nadie quiere admitir que tiene una preocupación sobre alguna cuestión. Pero el efecto acumulativo de lo que vemos en el cuerpo de bomberos día a día, sin tener manera de descargar parte de lo vivido, se está convirtiendo obviamente en un asunto de cuidado”.

Brecha en la información
Puede ser fácil interpretar las noticias de otro suicidio de un bombero como prueba de que el problema está creciendo. Pero algunos investigadores, incluida Kim Van Orden, una profesora adjunta de psiquiatría en la Universidad del Centro Médico Rochester, no están convencidos de que las cuestiones sobre salud conductual estén realmente en ascenso entre los socorristas, argumentan en cambio que la creciente consciencia sobre la cuestión está finalmente sacando a relucir los problemas que han estado ocultos por muchos años. “Simplemente nos estamos dando cuenta de un problema que ha existido desde hace mucho tiempo”, dice.

Parte del problema al abordar cuestiones de salud conductual entre socorristas es la dificultad de cuantificarlo. El riesgo psicológico es una parte innegable del trabajo; la tasa de muertes por suicidio entre socorristas puede ser casi igual a la de la población en general, dice NFFF, pero ellos están expuestos a intentos de suicidio y a suicidios concretos en una tasa significativamente más elevada que la mayoría de las otras ocupaciones. Sin embargo, a pesar de que aumentan las anécdotas que evidencian los incrementos en problemas de salud conductual, los datos empíricos siguen siendo escasos. “La vigilancia es un problema— y realmente no es bueno el trabajo que realiza EE.UU. sobre este tema en general”, dice Van Orden. “Nuestros datos sobre cualquier ocupación en particular, en EE.UU. son muy pobres”.

Ninguna agencia nacional reconocida recopila datos estadísticos sobre los suicidios de bomberos y del servicio de emergencias médicas; universalmente, los certificados de defunción no incluyen datos ocupacionales, dificultando el rastreo de información o la construcción de tendencias, y la información sobre muchos bomberos jubilados no especifica una ocupación al momento del fallecimiento. Sesenta y nueve por ciento de los cuerpos de bomberos estadounidenses es voluntario, y no es común que se mencione su afiliación al cuerpo de bomberos en sus certificados de defunción.

La fuente con mayor reconocimiento para esta información es Jeff Dill, un capitán del Distrito de Protección contra Incendios Palatino (Illinois) y asesor matriculado y especializado en cuestiones de salud conductual de los bomberos. Dill recopila información de informes suicidas en ffbha.org, el sitio Web de la Alianza de Salud Conductual de Bomberos (Firefighter Behavioral Health Alliance—FFBHA), una organización sin fines de lucro que fundó en 2011. Dill dice que entre los años 2000 y 2013 se registraron 360 suicidios confirmados de bomberos; y la mayoría de dichas muertes se observó en años recientes, 57 cada año en 2012 y 2013 de una población nacional de 1.1 millones de bomberos profesionales y voluntarios.

Pero la información que recibe Dill fue enviada en forma voluntaria, y representa solamente un fracción de los más de 30,000 departamentos de bomberos de la nación. Dill es reticente a estimar la cantidad real de suicidios de socorristas, pero cree que sus datos ofrecen una ventana desde donde empezar a abordar la envergadura de este problema entre socorristas. “Imaginen si tuviéramos el reporte del 80 ó 90 por ciento”, dice. “Las cifras serían mucho mayores”.

Según los datos de Dill, más del 70 por ciento de los suicidios de bomberos corresponden a hombres blancos, la demografía dominante entre los bomberos estadounidenses. Las armas de fuego son el método más utilizado en los suicidios concretados, seguido de ahorcamiento. El rango de edad con la mayor frecuencia de suicidios es de 41 a 50 años, seguido de 31 a 40; los rangos de 18 a 30 y 51 a 60 están en el mismo nivel. La mayoría es personal en servicio activo, a contraposición de los miembros ya retirados.

Para abordar la necesidad de datos empíricos, NFFF ha recurrido al Programa de Subsidios para Asistencia a Bomberos administrado por la Agencia Federal de Manejo de Emergencias, en busca de financiamiento para apoyar la investigación sobre suicidios, ideas suicidas e intentos de suicidio entre bomberos. El trabajo evaluaría los reclamos de que “el trabajo” está llevando a más bomberos a quitarse la vida, y que su tasa de suicidios es más alta que la del resto de la sociedad, información que ayudaría al cuerpo de bomberos y a los profesionales de la salud a guiar adecuadamente los esfuerzos de prevención.

“No existen soluciones inmediatas”
Lo que se sabe es que la naturaleza del trabajo ha cambiado considerablemente durante las últimas décadas. Si bien la cantidad de llamados por incendios es menor, en parte debido a una mejora en los métodos de prevención de incendios, los departamentos de bomberos han asumido muchas nuevas responsabilidades: rescates, liberación de vehículos, incidentes con materiales peligrosos, y el triple de llamados de asistencia médica durante los últimos 25 años, según los datos de NFPA Los socorristas se enfrentan en forma rutinaria con incidentes que incluyen lesiones severas y muertes, incluso suicidios. “Nuestra gente es quien baja a las personas [cuando están colgadas] y ve el suicidio en primera plana cuando limpia las heridas de un disparo”, dice Elizabeth Crowe, coordinadora de relaciones humanas para el Departamento de Bomberos de Chicago. Los socorristas también enfrentan el riesgo de exposición a los químicos cancerígenos, el trauma de los incidentes de víctimas en masa, y recientemente, comenzaron a correr el riesgo de convertirse en el blanco de tiradores activos. Los riesgos enfrentados por los socorristas son más más variados hoy que en cualquier otro momento.

Con esos riesgos llega el estrés emocional. Históricamente los bomberos han sido reticentes a hablar sobre estos tipos de estrés, en parte por miedo a cargar con el estigma de débiles o vulnerables. Si bien podrían considerar conversar con los pares sobre estos tipos de problemas, muchos socorristas mantienen una aversión casi obstinada en contra de los terapeutas u otros profesionales “externos” que, algunos socorristas consideran, no comprenden ni el trabajo ni el estrés que ellos enfrentan.

Si bien algunos observadores como Van Orden ven signos de que el estigma se está reduciendo, los recuentos anecdóticos sugieren que sigue siendo obstinado en la cultura machista, dominada por el sexo masculino del cuerpo de bomberos estadounidense. Los socorristas se enorgullecen por ser una hermandad firmemente unida que trabaja en equipo en ambientes peligrosos, confiando unos en otros para sobrevivir. Los individuos con este tipo de inclinación hacia la acción podrían no estar dispuestos o ser incapaces de salir de su zona de confort y preguntar “¿Qué ocurre contigo?” cuando un colega no puede o no quiere responder a preguntas o preocupaciones.

“La filosofía predominante es “romper las ventanas, patear la puerta y entrar corriendo con una manguera”, dice el Dr. Richard Gist, asistente principal del director del Departamento de Bomberos de la Ciudad de Kansas (Missouri) y un miembro del cuerpo docente en el Departamento de Medicina Preventiva en la Universidad de Medicina y Biociencias de la Ciudad de Kansas. “Los bomberos pueden estar buscando una solución rápida [a los problemas conductuales] pero no existe una solución rápida en este caso”. Al no saber cómo tratar el problema, quienes sufren TEPT o depresión pueden auto medicarse con alcohol o drogas, encubriendo el problema y acelerando un empeoramiento espiralado.

A pesar de las dificultades del trabajo, o debido a ellas, los socorristas por lo general no pueden concentrarse en casi ninguna otra cosa. “Para esta gente el trabajo de bomberos es todo en su vida, colocan carteles en sus autos y coleccionan recuerdos de los incendios”, dice Crowe. El fuerte sentido de pertenencia y la camaradería necesarios para tomar el riesgo pueden trabajar a la inversa cuando el bombero se jubila o deja el cuerpo de bomberos y ya no tiene esa conexión. Los suicidios de bomberos por lo general involucran la pérdida de un trabajo, en particular por cuadros médicos más allá del control del individuo, como por ejemplo enfermedades relacionadas con el estrés o cardíacas o lesiones en el trabajo. Los hombres de más de 55 años de edad están bajo un riesgo de suicidio particularmente alto cuando se enfrentan a su jubilación o pérdida repentina del trabajo.

Pero los defensores de la salud conductual esperan que los esfuerzos por promover la conciencia en torno a este tema, resulte en que más aceptable, o incluso más fácil para los socorristas, reconocer que existe un problema, y que cuentan con mucha compañía, tanto entre los socorristas como entre el público en general. Según los Centros para el Control de Enfermedades uno de cada cuatro adultos estadounidenses experimenta una enfermedad mental en algún año determinado, y la mitad de todos los adultos estadounidenses experimenta una enfermedad mental en algún momento de sus vidas.

Incluso la semántica cumple un papel en la escena; el término “salud conductual” tiene como fin borrar parte del estigma de los términos “salud mental” o “enfermedad mental” al mismo tiempo que abarca un rango más amplio de conducta psicológica que incluye las emociones, el temperamento y la motivación. La designación “síndrome de agotamiento de los socorristas” ha sido propuesta como un mejor término para describir las asperezas psicológicas propias de esta actividad y enfrentadas por bomberos y personal de servicios de emergencias médicas.

Abordaje del problema
El foco sobre la salud conductual de los socorristas aumentó a partir del 11 de septiembre de 2001. Los socorristas observaron con impotencia como la gente desesperada, atrapada por las llamas en las ardientes torres del World Trade Center, saltaba a la muerte. Trabajaron entre las pilas de escombros en Ground Zero, en una desalentadora búsqueda de restos humanos, al mismo tiempo de lidiaban con la pérdida de cientos de compañeros. La Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (Federal Emergency Management Agency —FEMA) buscó asistencia de salud conductual para los socorristas, y NFFF respondió al llamado de FEMA brindándoles grupos de autoayuda para dar apoyo a bomberos y familiares. Como resultado, la fundación desarrolló programas de prevención para el TEPT a través de intervenciones que dependen fuertemente de los grupos de autoayuda.

En 2004, NFFF invitó a 200 líderes de 43 organizaciones de bomberos a una reunión cumbre sobre prevención de muertes en servicio en Tampa, Florida. Como resultado de la reunión, se emitió un documento titulado “16 iniciativas de seguridad humana para bomberos” (lifesafetyinitiatives.com) diseñado con el fin de reducir la cantidad anual de muertes de bomberos. La número 13 de estas iniciativas “Apoyo psicológico”, establece que “los bomberos y sus familiares deben tener acceso a un asesoramiento y apoyo psicológico”.

Justo cuando estaba creciendo la actividad y la conciencia en torno a la salud conductual, se produjo un fenómeno perturbador en el cuerpo de bomberos. En 2008, el Departamento de Bomberos de Chicago anunció que se habían registrado siete suicidios (tanto de personal activo como retirado) dentro de un período de 18 meses, y se encontraron patrones similares conocidos como “grupos suicidas” en Phoenix, Filadelfia y en otros importantes departamentos de bomberos metropolitanos en todo el país. Los departamentos de bomberos y uniones de bomberos publicaron una serie de programas para abordar el tema de la salud conductual, pero no se llevaron a cabo estudios epidemiológicos en profundidad para determinar la razón por la que se produjeron estos patrones, o de las condiciones que existieron que pudieron haber provocado dicho comportamiento.

Los expertos en salud conductual dicen que el cuerpo de bomberos puede aprender algo de las fuerzas de seguridad cuando se trata de educar al personal sobre el tema del suicidio. Para empezar, los expertos dicen que la policía nacional mantiene mucho mejor registro de las cifras sobre los problemas de salud conductual; según la Vigilancia Nacional de Suicidios Policiales (National Surveillance of Police Suicides—NSOPS), un estudio comprehensivo efectuado por la Fundación de Salud Mental Policial “Badge of Life”, los suicidios entre policías disminuyeron de 141 en 2008 a 126 en 2012, en base a la población estimada de 900,000 agentes del orden público en Estados Unidos. Según sus autores, NSOPS atribuye posiblemente la disminución “a la mayor cantidad de departamentos que adoptan programas de autoayuda y a la mayor voluntad de los oficiales, muchos de ellos más jóvenes, de buscar asistencia profesional” no sólo cuando tienen un problema, sino como medidas preventivas tales como chequeos anuales de salud mental. Se encuentran en marcha esfuerzos similares para los socorristas a través de los talleres de FFBHA y programas de NFFF.

Algunos observadores han especulado que la nueva atención que se le presta a los suicidios y problemas de salud conductual de los socorristas podría deberse en parte al ex personal militar en servicio activo que ingresa a los rangos de socorristas y que traen consigo TEPT y otros problemas conductuales. Si bien no existen datos que demuestren específicamente este enlace, los programas como la Evaluación del Suicidio y Compromiso Posterior: Tratamiento de Emergencia en Veteranos (Suicide Assessment and Follow-up Engagement: Veteran Emergency Treatment) y el Programa de Guardias (Gatekeeper Program) instaurados por la Fuerza Aérea abordan una serie de cuestiones sobre salud conductual para el personal militar en servicio activo y para veteranos. El año pasado, se adaptó la capacitación “Primeros auxilios por estrés” desarrollada por la Fuerza Naval estadounidense y se la presentó en el cuerpo de bomberos.

Pasos para la acción
En febrero, Tom McGowan, el enlace del personal de protección pública contra incendios para NFPA, hizo una publicación en el blog “Today’s Responder” (Socorristas de hoy) de la asociación. McGowan es un miembro retirado de un pequeño departamento de bomberos en Massachusetts, y su publicación fue sobre el suicidio de un ex colega bombero: un miembro del departamento durante 25 años, que se había retirado recientemente. McGowan lamentó la misteriosa razón por la que el hombre se había quitado la vida, y presentó una serie de respuestas de colegas bomberos, desde tristeza hasta enojo.

También presentó un llamado a la acción. “Esto no es un panegírico”, escribió. “Este blog es para concientizarnos a todos los que formamos parte del cuerpo de bomberos y de la seguridad pública sobre el estrés del trabajo, de la vida hogareña o una combinación de ambos y decir algo, a viva voz, a tiempo. No se lo guarden, no sean héroes”. Si bien la publicación recibió solo unos pocos comentarios en una página de Facebook relacionada, tuvo más de 2500 visitas en los dos días posteriores a su aparición; exponencialmente más que las publicaciones que el sitio recibe habitualmente.

“Tal vez la gente estaba buscando algún tipo de asistencia o ayuda o dirección”, dice McGowan por la cantidad de visitas. “Si puedo ayudar a prevenir que alguna que otra persona se suicide, o al menos lograr que busque ayuda o intervención, entonces el blog logró su cometido”.

El año pasado, NFPA incorporó cuestiones sobre salud conductual de los bomberos en las normas nacionales. Según Ken Holland de NFPA, se volvieron a titular dos capítulos en la edición 2013 de NFPA 1500; ahora son “Programas sobre bienestar y salud conductual” y “Exposición ocupacional a los eventos atípicamente estresantes” con el fin de ampliar la perspectiva de la salud de los bomberos y permitir una implementación más integrativa de los programas de salud conductual. En la última edición de NFPA 1500, Holland dice, “toma la totalidad de la salud conductual y bienestar de los miembros del departamento de bomberos a contraposición de un panorama en particular”.

También se están llevando a cabo análisis para incluir material adicional sobre la salud conductual para los socorristas en NFPA 1582, Programa médico ocupacional comprehensivo para los departamentos de bomberos. “Unir la salud conductual al examen físico anual del cuerpo de bomberos brindaría otra oportunidad para detectar estos tipos de problemas y abordarlos”, dice Holland.

Durante el proceso de revisión de la edición 2013 de NFPA 1500, el Capítulo 12, “Exposición ocupacional en eventos atípicos”, el tema del informe evaluativo sobre estrés por incidentes críticos, o CISD por sus siglas en inglés, generó controversia. Por más de 20 años, el CISD basado en la opinión de los pares ha sido utilizado para reducir el estrés psicológico para los socorristas; después de un incidente crítico como un evento violento o la muerte de un compañero de trabajo, los socorristas podían conversar con los equipos de los miembros capacitados del cuerpo de bomberos. El CISD se consideró efectivo cuando se presentó, pero una investigación reciente indica otros métodos, incluido el uso de profesionales externos especializados en salud conductual que podrían ser más efectivos con los socorristas después de dichos incidentes.

El comité para NFPA 1500 actuó sobre una propuesta pública, presentada por Gist, que eliminó el CISD del Capítulo 12 e hizo únicamente una mención menor al mismo en el anexo del capítulo. En base a la investigación y a los datos que se les presentaron, así como en base a sus propias experiencias los miembros del Comité creyeron,, que era necesario un enfoque diferente para tratar a los miembros del departamento de bomberos en relación a la manera en que la actividad puede afectarlos. El CISD puede ser demasiado intenso para algunos socorristas, dicen, argumentando que un enfoque más simple y más concluyente como la “revisión después de la acción” podría ser mejor para más gente.

La propuesta generó una crítica intensa de quienes apoyan el enfoque del CISD, pero el comité no cedió. El texto revisado en el Capítulo 12 se centra en el uso de los servicios profesionales al tratar el tema de la exposición a los eventos atípicos estresantes y se aleja del modelo del informe evaluativo como un requisito o intervención deseable.

NFFF, mientras tanto, está ocupada en una diversidad de frentes. Además de planificar una conferencia sobre la evaluación de la salud conductual, la organización está preparando una campaña de alcance industrial en base a la sigla en inglés “ACT”: Preguntar, Cuidar, Tomar (Ask, Care, Take), una variante del programa “ACE” del ejército estadounidense, sigla en inglés que significa Preguntar, Cuidar, Escoltar (Ask, Care, Escort) enfatizando la necesidad de entrar en acción para asistir a los socorristas que necesitan ayuda. Este verano, planea lanzar el primer programa virtual/ aplicación denominado “PocketPeer”, financiado por un subsidio de AFG, que combina una capacitación en la Web sobre entrevistas motivacionales (esencialmente, cómo derivar a una persona que necesita ayuda) con información sobre el reconocimiento de la tendencia suicida y recursos para vincular a esa persona con fuentes efectivas de atención profesional. NFFF ha solicitado otro subsidio de AFG para un segundo programa virtual/ aplicación “PocketPeer” para abordar las cuestiones del estigma y promover la búsqueda de ayuda entre socorristas.

Más hacia fin de año, NFFF planea contribuir con información adicional sobre el suicidio y la intervención en el sitio “Helping Heroes” (Ayudando a los héroes), helping-heroes.org, creado para brindarles a los profesionales en salud conductual, que trabajan con bomberos, los recursos para aprender las mejores técnicas de tratamiento basado en la evidencia de las condiciones que afectan al cuerpo de bomberos.

Los esfuerzos por parte de NFFF, NFPA, y muchos otros sugieren una nueva actitud receptiva para abordar las cuestiones de salud conductual, y que ya no es necesario que socorristas afligidos sufran en silencio o estén aislados. Aun así a pesar de la riqueza de los nuevos recursos a su disposición, algunos incidentes pueden ser especialmente difíciles de manejar para los socorristas; como el suicidio de alguno de ellos. Después de la muerte de Kyle Ienn, el prometedor jefe de bomberos de Nebraska, un equipo del CISD llegó para asistir a los miembros del departamento, muy golpeado por el hecho. Joe Eischeid, el sub-jefe en aquel momento en que ocurrió la muerte de Ienn, puso en claro qué tan duro puede ser para los socorristas recuperarse de estas heridas emocionales : “Dos años más tarde aún contamos con miembros a quienes les cuesta superarlo”.

Janet A. Wilmoth es la exdirectora editorial en la revista “Fire Chief”.


“Estado de la Unión”
Un influyente libro blanco evalúa los problemas de la salud conductual entre socorristas y ofrece un plan de acción.

Si bien aún debe completarse un estudio epidemiológico definitivo sobre cuestiones relacionadas con la salud conductual y el suicidio de los socorristas, tal vez la mejor descripción del problema es un documento titulado “Medidas de vigilancia, prevención e intervención del suicidio para el cuerpo de bomberos estadounidense” (Suicide Surveillance, Prevention, and Intervention Measures for the U.S. Fire Service), publicado en 2011.

Este documento, resultado de una conferencia que reunió a los representantes de las comunidades de psicólogos, médicos, funcionarios de la salud pública y del cuerpo de bomberos, fue redactado conjuntamente por el Dr. Richard Gist, asistente principal del director del Departamento de Bomberos de la ciudad de Kansas (Missouri) y miembro del cuerpo docente en el Departamento de Medicina Preventiva en la Universidad de Medicina y Biociencias de la ciudad de Kansas; Vickie Taylor, una trabajadora social clínica matriculada del Comité de Servicios a la Comunidad del Condado de Prince William (Virginia); y Scott Raak, un técnico en emergencias médicas – paramédico de la ciudad de Kansas, Missouri. El documento resumió lo que habían aprendido sobre el suicidio de los socorristas e identificó a los expertos, su trabajo y la manera de trasladarlo al cuerpo de bomberos. Taylor lo describe como “un tipo de estado de la unión, en lo que respecta a lo que sabemos, donde estamos y hacia dónde vamos desde aquí”.

El documento incluyó un plan detallado para el desarrollo de programas que abordan la salud conductual. También incluyó una serie de recomendaciones, incluidas:

  • El estado limitado de comprensión sobre el tema suicidio en el cuerpo de bomberos, así como también la escasa información empírica actual, debe ser claramente reconocido en todos los análisis y presentaciones sobre el tema, independientemente de la fuente, audiencia u objetivo.
  • La Fundación Nacional de Bomberos Caídos (NFFF) y otras organizaciones de la comunidad del cuerpo de bomberos deben proponer fondos de financiamiento y apoyo para la conducción de un estudio epidemiológico empíricamente sólido sobre el suicidio en el cuerpo de bomberos; en la búsqueda por brindar una sólida base que apoye una mejor comprensión y una acción consecuente.
  • Los investigadores que trabajan en proyectos militares deben ser específicamente reclutados, alentados, y apoyados para adaptar sus investigaciones al tema específico de suicidios en el cuerpo civil de bomberos.
  • NFFF y otras organizaciones de la comunidad del cuerpo de bomberos deben proponer apoyo y financiamiento para estudios epidemiológicos empíricamente sólidos y similares en las poblaciones del cuerpo de bomberos sobre las condiciones conocidas por interactuar con el riesgo de suicidio y/o exacerbarlo (por ej., depresión, trastorno por estrés post-traumático, trastornos conductuales, y abuso a las drogas), en los casos en los que se propague la especulación sobre la prevalencia pero los datos sean de hecho limitados.
  • Se debe aconsejar y prevenir a los defensores de esta acción que propongan presentaciones con respecto a la, incidencia percibida, presuntos factores causales, posibles intervenciones para hacerlo de forma precavida y conservadora, y que respeten los hallazgos empíricos establecidos, a fin de evitar impactos paradójicos involuntarios.
  • Se deben desarrollar y probar los enfoques para la evaluación e intervención en relación a su utilización en las poblaciones del cuerpo de bomberos.
  • Parecería ser difícil que los programas de prevención con un enfoque relativamente específico (es decir, específicos del suicidio) brinden un impacto sustancial y sostenido a diferencia de los programas dirigidos de forma más generalizada a la salud conductual, apoyo social y tratamiento de los trastornos y condiciones asociados con el suicidio.
  • Se deben desarrollar y difundir extensamente los programas que brindan una instrucción accesible y económica para los proveedores de salud conductual y atención sanitaria del cuerpo de bomberos (por ej., médicos del departamento de bomberos, directores médicos de servicio de emergencias médicas, enfermeras y médicos de salud ocupaciones, proveedores de asistencia a empleados) en la evaluación de la idea e intento de suicidio.
  • Los programas de apoyo y compromiso de los pares, cuando estuvieran presentes, deben tener acceso a una capacitación y asistencia adecuadas al abordar el tema del suicidio como un elemento de una estrategia comprehensiva de promoción de la salud y de compromiso con la comunidad.
  • Los esfuerzos a nivel departamental, cuando los hubiere, deben representar estrategias con bases amplias para impactar sobre una serie de factores de riesgo y protección, y deben estar embebidos dentro de una serie de sitios y procesos organizacionales.

Para encontrar un enlace al documento, incluido un listado completo de las recomendaciones de los autores, visite nfpa.org/behavioralhealth

http://nfpajla.org/

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