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Maquinas en aumento. Drones y Robots en el ambito de la emergencia.

Posted by Firestation en 06/11/2015

Por Jesse Roman

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Drones, robots y la revolución venidera en sistemas no tripulados —y su potencial para los socorristas y los encargados del manejo de emergencias

Son las 8:45 de la mañana y estoy sentado en el Centro del Congreso Mundial de Georgia, en Atlanta, escuchando “Play That Funky Music” de Wild Cherry que emite el sistema de sonido de una antesala de convenciones oscura y cavernosa.

A mi alrededor, enmarcados por las luces de neón, hay algunos miles de ingenieros en robótica. Tomamos café mientras revisamos nuestros teléfonos celulares y esperamos la inauguración oficial de “Unmanned Systems 2015” (Sistemas No Tripulados 2015) una de las conferencias y exhibiciones más importantes a nivel mundial para drones y robots no tripulados.

Repentinamente, la música asciende en volumen, histriónica y mucho más fuerte, enormes pantallas de video a ambos costados del escenario representan drones y robots animados de todos los tipos, acuáticos, terrestres y voladores. Colin Guinn, ejecutivo en la compañía 3D Robotics y presentador de la sesión general del evento, salta sobre escenario con la energía de una bala de cañón.

“Bienvenidos a “Unmanned Systems 2015”—¡Quiero ver el entusiasmo de todos ustedes!” exclama Guinn, alzando sus brazos y haciendo palmas. “Contamos aquí con más de 7,000 personas de 55 países, más de 200 charlas educativas, y 350,000 pies cuadrados de espacio para exhibiciones—¡esto es más de cuatro canchas de fútbol para drones y otras curiosidades!”

Una hora más tarde, con la multitud rebosante de entusiasmo , caminamos por la amplia antesala de exhibiciones y descubrimos un mundo que podría haber provenido del imaginario del hermano menor de Willie Wonka—un hábil experto en tecnología. Drones, sensores, robots y artilugios de todos los tipos suspendidos en el aire, rodando por el piso, nadando en tanques y volando en espacios encerrados por redes. Cada pulgada del espacio equivalente a cuatro canchas de fútbol de la antesala de convenciones se colma del murmullo de selectos grupos de la industria, emprendedores entusiastas, inversores de mucho dinero, y espectadores tan curiosos como yo, todos preparados para un futuro cuando estos robots nos resulten tan familiares como los teléfonos que ahora llevamos en nuestros bolsillos. La conferencia está cargada de un energizado clima que parece decirnos “podemos cambiar el mundo”, y los pabellones de exhibición están colmados de breves pero contundentes consignas del tipo “Incorporando las ventajas del comando no tripulado” y mi favorita, “Construya hoy el mañana”.

Ese optimismo es compartido por muchos organismos públicos de seguridad y socorristas, que ven el gran potencial que ofrecen los sistemas no tripulados— robots terrestres y acuáticos, y drones aéreos— para salvar vidas y lograr una mayor eficiencia y seguridad para bomberos, policías y técnicos médicos de emergencia. A medida que la tecnología se expande rápidamente y las restricciones federales sobre sistemas operativos no tripulados se vuelven más definidas, los organismos públicos de seguridad están luchando para descubrir cómo pueden soltar este vasto potencial de forma segura e inteligente. NFPA ha realizado debates a nivel interno y con grupos externos sobre la necesidad de desarrollar códigos y normas nuevos para los socorristas que tengan la intención de utilizar drones y robots. “Creo que estas máquinas cuentan con un gran valor y es un área en la que NFPA puede ser de gran ayuda, ya que comprendemos las necesidades de los socorristas y los ambientes únicos en los que trabajan”, dice Ken Willette, Gerente de la División de Incendios Públicos y ex jefe de bomberos. “Veo esto como un posible grupo de normas nuevas dentro de la biblioteca de NFPA”.

NFPA no ha recibido aún el pedido formal para desarrollar una norma de sistemas no tripulados, pero Willette y otros creen que esto podría ocurrir pronto. De ser así, en primer lugar NFPA se concentraría, en desarrollar normas sobre la selección, cuidado y mantenimiento, así como calificaciones profesionales para los operadores de sistemas no tripulados, dice Willette.

Mientras tanto, el Instituto Nacional de Normas y Tecnología (National Institute of Standards and Technology, o NIST) está actualmente trabajando para desarrollar métodos de ensayo normalizados con el fin de asegurar que los sistemas no tripulados, comercializados para socorristas, funcionen según lo pautado. También se están llevando a cabo proyectos de investigación relacionados en universidades; desde Carolina del Norte hasta Hawaii, y tan solo en el último año se realizaron dos importantes talleres regionales para bomberos sobre drones en Maryland y Oklahoma. La Fundación de Investigación de Protección contra Incendios ha solicitado un subsidio federal para llevar a cabo al menos dos encuentros más sobre estas cuestiones para dar espacio a la puesta de ideas en común.

“Creímos que tal vez reuniríamos de 20 a 25 personas, y terminaron asistiendo 110 cuerpos de bomberos de todo Oklahoma, Kansas, Arkansas y Texas”, dice Jamey Jacob, jefe del nuevo programa de posgrado de Sistemas Aéreos No Tripulados (Unmanned Aerial Systems) en la Universidad del Estado de Oklahoma, que fue sede de uno de estos talleres para bomberos. Las reuniones y los debates son cruciales, dice, ya que la tecnología ha avanzado mucho más rápido que las normas y las reglamentaciones sobre cuándo y cómo utilizarla. “Si no nos hacemos cargo de esto”, dice Jacob, “muchos cuerpos de bomberos buscarán hacerlo por su cuenta”.

Un mundo de posibilidades
Recorriendo la exposición en Atlanta, resulta inevitable comprender el entusiasmo por estas máquinas. La Asociación Internacional para Sistemas de Vehículos No Tripulados (Association for Unmanned Vehicle Systems International, o AUVSI), que lleva a cabo la conferencia de Sistemas No Tripulados cada año, predice que en los próximos 20 años, en Estados Unidos nada más, existirán un millón de vuelos de drones no tripulados por día, y también estima que la industria aportará más de 82 mil millones de dólares a la economía de la nación en la próxima década Los expertos en industria creen que, después de su uso en la agricultura, las aplicaciones para socorristas y seguridad pública serán el mercado civil más amplio para robots no tripulados en tierra, aire y mar. Predicen que los drones aéreos, o “vehículos aéreos no tripulados” (unmanned aerial vehicles, o UAV), sin duda serán los más utilizados.

Las posibilidades son tentadoras. Los sistemas no tripulados pueden llegar a lugares que los humanos no pueden de manera rápida y segura: planear por fuera de los pisos superiores de un incendio de gran altura, excavar bajo los escombros después de un terremoto, realizar búsquedas en áreas contaminadas después de un derrame químico. También pueden llegar a la escena del accidente más rápidamente que los socorristas porque, como me ha dicho la co-fundadora de iRobot Helen Grenier, “la distancia más corta entre dos puntos la define el vuelo del drone”.

Imaginen si el personal del Servicio de Emergencias Médicas pudiera despachar rápidamente un pequeño drone para entregarle un antiveneno a un senderista mordido por una serpiente de cascabel en un área remota de un bosque. Imaginen desplegar una flota de naves autónomas de tres pies de longitud, programadas para trabajar en coordinación para completar de forma metódica una búsqueda en 10,000 millas cuadradas de océano en tan solo algunas horas. Imaginen la posibilidad de lanzar cuadricópteros de cinco libras para planear por encima de un incendio forestal, capaces de enviar datos en tiempo real a los comandantes del incidente sobre las velocidades y dirección del viento, imágenes térmicas, e ilustraciones desde múltiples ángulos—todo esto al mismo tiempo que brindan una red inalámbrica 4G para comunicaciones operativas. Imaginen lo útil que resultaría si un drone pudiera volar dentro de un edificio en llamas, ubicar a las víctimas, crear rápidamente un escaneo tridimensional del piso de la estructura, y transmitir esta información a los bomberos fuera del edificio.

Estas no son fantasías—la tecnología existe, y en parte ella ya está siendo utilizada en diferentes escenarios. Cuando se derritió la Planta de Energía Nuclear de Chernobyl en Ucrania en 1986, 30 trabajadores y socorristas murieron por envenenamiento debido a la radiación. Sin embargo, años más tarde, en el derretimiento casi igualmente devastador de la planta nuclear de Fukushima Daiichi de 2011 en Japón, no se reportaron víctimas, en gran parte, porque se desplegaron robots militares terrestres llamados PackBots, equipados con sensores químicos, biológicos, radiológicos y nucleares para evaluar la escena antes de enviar personal de emergencia. “Así pudieron abordar gradualmente el problema, en lugar de lanzar cientos de hombres a entrar, a lo que los llevaría posteriormente a la muerte”. dice Mike Edis, gerente de producto de iRobot, que fabrica los PackBots.

En 2014, en una excavación de granito en Brandford, Connecticut, se prendieron fuego los cobertores de goma contra voladuras de rocas, el incidente de fuego, resultaba muy riesgoso ya que se encontraba cerca de la dinamita que se estaba utilizando para minar las rocas. El Jefe de Bomberos de Branford, Jack Ahern, no logró que los bomberos pudieran extinguir las llamas de forma segura porque no sabía a qué distancia se encontraba el fuego de los explosivos. Un voluntario del cuerpo de bomberos hizo volar un drone que utilizaba como pasatiempos sobre el lugar para obtener un mejor panorama y pudo confirmar visualmente que los explosivos estaban a una distancia segura del fuego. Pudiendo así Ahern, ordenarles a las dotaciones que ingresaran.

Existe supuestamente una utilización de robots o drones para cualquier emergencia. California ha utilizado drones para asistir en los esfuerzos de extinción de un incendio forestal. Se utilizaron drones pequeños en operaciones de búsqueda y rescate después del terremoto de Nepal a principios de este año. Se están desarrollando planes para utilizar drones para inspeccionar puentes y analizar descarrilamientos de trenes con químicos peligrosos. La Fuerza Naval estadounidense ha incluso revelado un robot prototipo, bípedo, humanoide para combatir incendios en sus buques.

“En 10 años, los UAV serán tan importantes para los bomberos como el agua para combatir un incendio”, me contó Robert Doke, inspector del departamento de bomberos del estado de Oklahoma. “Serán piezas comunes para los cuerpos de bomberos. Con los UAV, el cielo es el límite—no es un buen juego de palabras, pero es la realidad”.

Complicaciones regulatorias
Pero los drones aéreos en particular enfrentan un desafío importante. Si bien la tecnología de los UAV es muy prometedora y está mejorando con rapidez, existen muy pocos organismos públicos de seguridad y casi ningún cuerpo de bomberos en Estados Unidos que la esté utilizando actualmente. Dicen los observadores, que esto se debe a que las reglamentaciones federales sobre drones voladores son tan onerosas, que han inhabilitado de forma efectiva el uso comercial de los UAV en Estados Unidos para todos, excepto para algunos pocos organismos públicos y negocios que están dispuestos a someterse a extensos procesos para obtener el permiso. Los aficionados, no obstante, pueden volarlos con pocas restricciones.

Este clima regulatorio ha frustrado a la industria de UAV por años. Según un informe de impacto económico publicado por AUVSI en 2013, “el principal inhibidor del desarrollo civil y comercial estadounidense de los UAS (sistemas aéreos no tripulados) es la falta de estructura regulatoria.” Según lo que me informaron los líderes comerciales de UAV con los que conversé, hasta en tanto la Administración Federal de Aviación (Federal Aviation Administration, o FAA) —que restringe el uso comercial de drones, fundamentado en un tema de seguridad y privacidad—no quite restricciones a las reglamentaciones sobre drones, la emergente industria tiene pocas probabilidades de despegar.


Vea como socorristas han utilizado sistemas no tripulados

Hoy día, para poder volar un drone legalmente, los organismos públicos de seguridad deben primero obtener una Certificación de Autorización (Certification of Authorization, o COA), e incluso después de esto existen muchas restricciones sobre dónde, cómo, y cuándo pueden volarlo. El proceso para obtener un COA puede ser largo, difícil y confuso para cuerpos de bomberos de gran tamaño y con recursos y casi imposible para los pequeños. “La FAA es un ninja burocrático—cualquier cosa que se le arroje, la devolverá y exigirá más información detallada”, dice Jacob.

El Cuerpo de Bomberos de Austin (Texas), que hace aproximadamente un año lanzó un nuevo equipo robótico para utilización en emergencias, está preparado para convertirse en el primer cuerpo de bomberos de la nación en recibir un COA para operar drones a fines de este año. Coitt Kessler, que lidera el equipo, me dijo que incluso con pilotos de aeronaves certificados en su personal, drones a disposición, y tiempo y espacio interior para una capacitación y práctica, el proceso de obtención del COA ha sido arduo. “Las normas cambian literalmente cada semana”, dice. “La FAA intenta proteger el espacio aéreo e intenta realmente dar lo mejor de sí, pero igual resulta muy confuso. No existe una voz unificada”. La FAA no respondió los pedidos de comentarios de NFPA Journal.

Existen razones para creer que todo esto podría cambiar pronto. En febrero, presionados por la industria de drones, la FAA publicó las normas propuestas para pequeños drones con un peso inferior a 55 libras. En esta propuesta, se permitía volar drones sin un COA, siempre que los operadores aprobaran un examen de conocimiento y cumplieran con algunas otras calificaciones mínimas. Estas normas incluyeron una serie de condiciones, incluso estipulaciones que indicaron que los drones solo pueden volar durante el día, al alcance de la vista del operador, y por debajo de los 500 pies. Muchos observadores creen que podría llevar dos años para completar estar normas, pero algunos hallazgos recientes indicarían que el proceso podría finalizar antes. En mayo, los Senadores estadounidenses Cory Booker, un Demócrata de Nueva Jersey, y John Hoeven, un Republicano de North Dakota, presentaron la “Ley de Modernización de UAS”, con el objetivo de perfeccionar el proceso regulatorio a corto plazo hasta que se establezcan las normas finales de la FAA.

Aquellas personas que manejan información privilegiada de la industria de los drones y quienes la siguen de cerca creen que estos hallazgos podrían ser la señal de un cambio radical. “Creo que una vez que recibamos la luz verde de la FAA, podremos ver que en unos pocos meses los cuerpos de bomberos estarán utilizando los UAV”, dice Doke, inspector del departamento de bomberos del estado de Oklahoma. “Y en menos de seis meses, en la medida en que se reduzcan los precios de los UAV, veremos un aumento repentino en su utilización por parte del cuerpo de bomberos”.

Actualmente, algunos dispositivos de recreación cuestan tan solo unos pocos cientos de dólares, pero las plataformas aéreas más importantes como las que probablemente utilizarán los organismos públicos pueden costar miles o cientos de miles de dólares—aún así son considerablemente más económicas y más fáciles de costear que cualquier aeronave tripulada. Dicen los observadores que una rápida adopción de estos sistemas podría reducir aún más los costos, volviéndolos incluso más accesibles todavía.

El imperativo de la norma
Como lo sugiere el término, una innovación perturbadora no es siempre un proceso simple, y los líderes en seguridad pública advierten que se debe realizar mucho trabajo preliminar antes de que los sistemas no tripulados puedan convertirse en herramientas seguras y efectivas. Sin las políticas, procedimientos, capacitación y equipos adecuados, la era no tripulada podría dar un paso en falso y tropezarse con un gasto ineficiente antes de poder despegar. “No contamos con los presupuestos para hacerlo mal—tenemos que hacerlo bien desde la primera vez”, me dice Kessler. “Ese proceso comienza con grupos como la NFPA estableciendo normas.

Existen muchas consideraciones que deben sopesarse antes de que los sistemas estén listos para ser utilizados—algunas son obvias, y otras no tanto, según Willette de NFPA. Por ejemplo, ¿es seguro o incluso posible operar un sistema no tripulado si el operador está usando un equipo completo de protección personal? La mayoría de los sistemas no tripulados se controlan a través de frecuencias de radio—¿afectará esto la comunicación en el lugar del incendio, o interferirá de otra manera con los equipos del servicio de bomberos de alta tecnología que utilizan comunicación inalámbrica o por Bluetooth? ¿Pueden los sistemas no tripulados soportar el calor, químicos, agua, humo, brasas transportadas en el aire y demás riesgos que deberán enfrentar en el lugar del incendio? “Las normas deben considerar la seguridad desde el punto de vista del operador”, dice Willette. Ya se está llevando a cabo una gran cantidad de investigación de los aspectos del desempeño del sistema no tripulado, su funcionamiento y los procedimientos para los socorristas, un trabajo que posiblemente informaría a cualquier norma futura de NFPA sobre sistemas no tripulados.

Entre esta investigación se encuentra el trabajo que se está llevando a cabo en NIST. Si el evento “Unmanned Systems 2015” fuera una brillante producción de Broadway, entonces el laboratorio de Adam Jacoff en NIST sería el espacio para el ensayo. Durante casi una década, Jacoff, director de pruebas de la División de Sistemas Inteligentes en NIST, ha trabajado para desarrollar métodos de ensayo normalizados para asegurarse de que los drones y robots se desempeñen según lo publicitado para el Departamento de Defensa y, más recientemente, el mercado de seguridad pública civil. Hasta el momento ha desarrollado 15 métodos de ensayo normalizados, con otros cinco que se agregarán este año, lo que mide de forma confiable las capacidades basales del robot y del operador, necesarias para desempeñar una tarea específica definida por los socorristas militares y de emergencia. Estos ensayos normalizados, son actualmente publicados por ASTM International.

Con tantos robots y drones y tantos escenarios y utilizaciones posibles, es una tarea sobrecogedora que lo mantendrá ocupado por el resto de su vida laboral, dice Jacoff. “Por necesidad , nos corrimos rápidamente de las tareas específicas de la misión y nos concentramos en tareas más específicas de los robots—todas requieren de algún grado de agudeza visual, comunicación por radio, resistencia y movilidad en el terreno”, . “Una vez que comenzamos a analizarlo en el espacio de la robótica, el trabajo se vuelve mucho más fácil, y ya no es tan complicado descubrir dónde se encuentran las brechas. Estamos agilizando nuestra capacidad de adaptarnos y expandir los diferentes escenarios de prueba”, agrega Jacoff.

NIST está actualmente documentando las capacidades de los sistemas no tripulados y está dejando en manos de los compradores la decisión de si dichas capacidades cumplen con sus necesidades. Es información valiosa, pero para muchos departamentos de seguridad pública, puede ser aún difícil saber exactamente qué comprar. Allí es donde podría ayudar NFPA, dice Jacoff. “La experiencia de NFPA en el desarrollo de normas sería de gran valor para esto”, dice. “Si NFPA quisiera adoptar o definir la versión del nivel del equipo de lo que estamos haciendo en NIST—tomar ese trabajo y corroborarlo como un robot normalizado con todos los umbrales definidos—eso podría ser el golpe inesperado perfecto”.

En mayo, los funcionarios de NFPA se reunieron con ASTM International, que publica las normas de desempeño de NIST, para analizar de qué manera NFPA podría complementar el trabajo que se estaba realizando en NIST para crear una norma del equipo para los socorristas.

“Juega perfectamente a nuestro favor—no necesariamente contamos con la experiencia para evaluar las capacidades técnicas de los sistemas no tripulados, pero sí contamos con la experiencia necesaria para seleccionar, cuidar y mantener piezas muy técnicas de los equipos”, dice Willette. “También contamos con experiencia para analizar lo que necesita saber un socorrista y las capacidades que necesitan tener”.

Contar con drones y robots utilizables y poder operarlos es solo el comienzo—las partes interesadas deben saber cuándo y cómo utilizarlos, dice Jacob del Estado de Oklahoma. “Deben saber qué tipo de vehículos deben utilizarse, de qué manera deben utilizarse, y cómo deben integrarlos en las operaciones actuales”, dice.

Pareciera no faltar gente que intenta responder estas inquietudes. El Centro Nacional de Capacitación de Preparación para el Desastre (National Disaster Preparedness Training Center) en la Universidad de Hawaii, que prepara los programas de capacitación para la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (Federal Emergency Management Agency, o FEMA), está trabajando para desarrollar un curso sobre cómo integrar los sistemas no tripulados a los procedimientos para desastres existentes y crear procedimientos nuevos. En 2012, el Centro de Transporte Aéreo NextGen (NextGen Air Transportation Center) del Instituto para la Investigación y Educación del Transporte (Institute for Transportation Research and Education) en la Universidad del Estado de Carolina del Norte llevó a cabo una serie de pruebas relacionadas con incendios forestales utilizando cuatro drones en diferentes alturas durante un incendio controlado en Florida. Los investigadores intentaban determinar qué tan bien detectan los sensores de los drones, los cambios clave en las condiciones en el lugar del incendio, así como la forma de transmitir dicha información a los comandantes del incidente y luego transmitirla a los bomberos en el lugar del incendio en tiempo real.

“Eso es lo importante—tener algún concepto de las operaciones”, dice Tom Zajkowski, gerente de operaciones de vuelo del programa de UAS del centro del Estado de Carolina del Norte. “Sin eso, un drone es simplemente un juguete brillante en el aire”.

Existen muchos centros de certificación de sistemas no tripulados fundados a nivel federal en todo el país, incluso uno en Oklahoma fundado por el Departamento de Seguridad Nacional específicamente orientado a evaluar pequeños UAV para ser utilizados por socorristas. El centro recibe a dos o tres proveedores por mes que pasan por diferentes escenarios de misión, entre ellos una búsqueda y rescate, un tirador activo y un incendio forestal.

Además de evaluar las capacidades de los sistemas no tripulados, un foco primario del programa de Oklahoma es desarrollar procedimientos operativos, dice Stephen McKeever, profesor de física en el Estado de Oklahoma y secretario de ciencias y tecnología del estado. “La comunidad técnica puede resolver las cuestiones técnicas”, dice. “Existirán drones específicos para estas vocaciones que contarán con los sensores correctos. Pero poder obtener datos es una cosa—cómo utilizarlos es otra cosa. Allí es donde entra en juego la capacitación”.

La participación de NFPA podría también ayudar a darle credibilidad al concepto de utilización de sistemas no tripulados en los bomberos, dice Kessler, quien, como líder de uno de los pocos cuerpos de bomberos que analizan seriamente la utilización de drones, comprende lo delicada que puede ser la proposición. El público sigue desconcertado sobre la utilización de drones, tanto desde el punto de vista de la privacidad como de la seguridad incluso en situaciones de emergencia en las que la utilización de drones podría ofrecer un claro beneficio. Por ejemplo, en marzo 2014, después del fatal alud de barro en Oso, Washington, los funcionarios del condado quisieron utilizar drones para buscar a los sobrevivientes, en aquellas áreas en las que era casi imposible que accederían los socorristas. Se realizaron esfuerzos a tal fin por más de un mes hasta que, no obstante, los vecinos citando sus preocupaciones sobre privacidad presionaron a los funcionarios para que no permitieran la utilización de drones. Se permitió que volara un drone durante 48 minutos a fin de abril para realizar un modelo 3-D del área del alud para ser utilizado por los ingenieros para la reconstrucción y recuperación.

En el futuro, contar con una norma de consenso ya establecida sobre los procedimientos para la operación y retención de datos podría contribuir en gran medida para apaciguar parte de estos temores, dice Kessler. “Creo que si podemos demostrar profesionalismo desde el comienzo, y con esto podría ayudar NFPA, tal vez ese juego de confianza con el público avanzaría un poco más rápido, abriendo camino para la gente que nos sigue”, me dice Kessler. “Pero en este momento somos los pioneros. Estoy seguro de que los próximos cuerpos de bomberos podrán manejar este tema mucho más fácilmente de lo que lo hicimos nosotros”.

El futuro le pertenece a los usuarios
En el evento de Sistemas No Tripulados en Atlanta, la antesala de la conferencia aún bulle con actividad. Un grupo de jóvenes ingenieros posan para una fotografía frente a un helicóptero Apache no tripulado de tamaño real. Un hombre lee detenidamente la información en el salón de exposiciones al mismo tiempo que opera un vehículo de mando a distancia—la máquina con aspecto de tanque parece pesar varios cientos de libras— y merodea por el pasillo en frente de él. Un drone metálico con forma de orbe zumba por el aire frente a mí mientras que el inventor les cuenta a los espectadores que puede chocar contra una ventana, levantarse y volver a despegar. En una pequeña sala de conferencias en el piso superior, durante una charla sobre sistemas marítimos no tripulados, Bruce Hanson, un ejecutivo de una compañía llamada MARTAC, muestra un bote robótico de tres pies de longitud—una “embarcación no tripulada”. La nave, elegante y cómoda, parece haber sido creada por el equipo de diseño de Batman.

Uno no puede más que asombrarse, y al mismo tiempo preguntarse qué haremos con todas estas cosas ya sea por tierra, aire o mar. Es una pregunta para la que la mayoría de los asistentes a la conferencia tienen una respuesta guardada y lista para ofrecer. Pero en realidad, Hanson le dice a su audiencia, que realmente depende de todos nosotros—incluso de los cuerpos de bomberos, funcionarios del manejo de emergencias, organismos a cargo del cumplimiento de la ley, creadores de normas, y más—tomar la decisión. “Si la tecnología es lo suficientemente económica, los usuarios innovarán sobre que hacer con ella”, dice, mientras luce su bote de Batman. “Existen tantas aplicaciones para estos sistemas no tripulados. Ni siquiera sabemos lo que la mayoría de estas son.”

Jesse Roman es redactor de NFPA Journal. Se lo puede contactar en .


Desde los escombros

Desde Fukushima hasta DARPA, la evolución de los robots

En 2011, menos de una hora después de que un terremoto de 9.0 puntos de magnitud cortara la energía en la planta de energía nuclear Fukushima Daiichi en Japón, un tsunami de 45 pies de altura chocó contra las instalaciones, destrozando los generadores de reserva y otros equipos eléctricos. El vapor que se acumula como agua en los reactores se evaporó, y los altos niveles de radiación impidieron que los trabajadores pudieran realizar las reparaciones críticas y lograr que las válvulas liberaran la creciente presión. En pocos días, explotaron tres reactores, disparando una ola de radiación mortal hacia el aire y el mar.

Si los trabajadores en planta hubieran tenido acceso a robots capaces de atravesar los deshechos, abrir las válvulas y realizar otras reparaciones críticas después del terremoto y tsunami, se podría haber evitado el desastre—pero ese nivel de destreza y capacidad robótica no existió. Dichas limitaciones se convirtieron en el ímpetu detrás de la creación en 2012, del desafío robótico “DARPA Robotics Challenge”, que en 2013 lanzó una competencia de dos años que finalizó en junio. Financiada con 3.5 millones de dólares de dinero en premios por la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzados de Defensa (Defense Advanced Research Projects Agency, o DARPA) estadounidense la competencia tenía como fin acelerar la tecnología robótica para respuesta ante desastres.

Competencias como la de DARPA son invaluables ya que fuerzan a los ingenieros a concentrarse en los problemas que necesitan resolver los socorristas y las fuerzas armadas, dijo Adam Jacoff, ingeniero en investigación robótica en el Instituto Nacional de Normas y Tecnología (National Institute of Standards and Technology) y presidente de las competencias robóticas internacionales “RoboCupRescue”. “Estamos utilizando eficazmente las competencias de robots para ayudar a refinar, validar y diseminar las normas”, dijo. “Los métodos de prueba someten a los ingenieros a una prueba de fuego”.

Los 23 equipos que compitieron en las finales de DARPA, llevadas a cabo el 5-6 de junio en Pomona, California, debían construir robots accionados a batería que pudieran completar un circuito de ocho complicadas tareas. Los robots debían manejar un vehículo por una pista con obstáculos; salir del vehículo; caminar hasta una puerta, abrirla y atravesarla; girar válvulas; caminar sobre escombros; activar disyuntores; hacer un agujero en un muro; y subir escaleras. Se tomaba el tiempo que les llevaba a los robots, muchos de ellos humanoides y bípedos, completar el circuito y recibían un punto por cada tarea completada. Los equipos controlaban a sus robots de forma inalámbrica, a pesar de que los robots podían también completar algunas de las tareas básicas por sí solos.

El equipo Kaist de Daejeon, República de Corea, obtuvo el primer lugar y el premio principal de 2 millones de dólares con su robot DRC-Hubo, que completó las ocho tareas en solo 44 minutos. Un robot llamado “Running Man” (Hombre Corredor), diseñado por un equipo de Pensacola, Florida, obtuvo el segundo puesto y recibió 1 millón de dólares por completar las ocho tareas en solo 50 minutos.

“Este es el final de DARPA Robotics Challenge pero solo el comienzo de un futuro en el que los robots pueden trabajar junto a las personas para reducir el total de desastres”, dijo el Director de DARPA Arati Prabhakar después de la competencia. “Sé que la comunidad a la que el desafío DARPA impulsó a arrancar alcanzará grandes logros en los próximos años”. —J.R.
Source: http://www.nfpajla.org/archivos/edicion-impresa/bomberos-socorristas/1107-maquinas-en-aumento

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