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NFPA Journal. Nuevos incendios, nuevas tacticas.

Posted by Firestation en 09/07/2015

Por Jesse Roman

NuevasTacticas

A medida que los modernos mobiliarios y métodos de construcción resultan en incendios más agresivos y de mayores dimensiones, una enorme cantidad de nuevas investigaciones realizadas, conducen a que los bomberos reevalúen las prácticas fundamentales para el combate de incendios residenciales

Para algunos, la investigación de la ciencia de los incendios de Dan Madrzkowski es innovadora, mientras que para otros es algo menos emocionante. A Madrzykowski le gusta contar la historia de un jefe de bomberos de Iowa que con efusividad le cuenta a su esposa que las nuevas investigaciones estaban revolucionando la manera en que los bomberos hacen su trabajo, y que posiblemente era la información más novedosa que había escuchado en 40 años. “De manera que su esposa le pregunta: ‘Bien, ¿cuál es el gran cambio?’”, recuerda Madrzykowski, un ingeniero en protección contra incendios del Instituto Nacional de Normas y Tecnología (National Institute of Standards and Technology o NIST). “El jefe de bomberos le responde ‘Nos dicen que echemos agua al fuego lo más pronto posible’. Su esposa lo mira perpleja y le pregunta: ‘¿ y qué es lo que has estado haciendo hasta ahora?’”

Madrzykowski, que usa anteojos de armazones delgados, el cabello entrecano, muy corto y un bigote en forma de herradura haciendo juego, ríe a carcajadas con este relato, que dice muestra cuán alejadas de la ciencia se encuentran algunas de las tácticas de combate de incendios que actualmente se aplican. Uno de sus favoritos dichos sarcásticos es, “El fuego se olvidó de leer el manual de combate de incendios”.

Durante más de una década, Madrzykowski y su socio en las investigaciones, Stephen Kerber, el director del Instituto de Investigación de Seguridad de Bomberos(Firefighter Safety Research Institute o FSRI) de Underwriters Laboratories (UL), han trabajado conjuntamente para cambiar esto y para hacer que las ciencias exactas tengan su lugar en el escenario de un incendio. En los últimos años, entre UL y NIST se han llevado a cabo más de 200 experimentos de incendios estructurales con el fin de determinar cómo responde el fuego a diferentes variables y modos de ataque. El trabajo constituye la mirada científica más extensa que se ha realizado en décadas con respecto a tácticas de combate de incendios y revela lo que investigadores dicen son graves fallas en el modo en que se combaten los incendios en la actualidad. Según sostienen Madrzykowski y Kerber, las técnicas aceptadas como un evangelio han demostrado ser potencialmente mortales en los incendios modernos, que suelen arder con mayor calor y más rápido de lo que lo hacían unas pocas décadas atrás.

Si bien sus investigaciones han llevado a diversas revelaciones, tres ideas principales han captado la mayor atención: arrojar agua a un incendio estructural desde el exterior o “golpearlo duramente desde un patio interno” es generalmente la mejor opción y puede salvar las vidas de civiles y bomberos; la ventilación no siempre salva vidas y, de hecho, puede rápidamente volverse mortal; y el agua no puede empujar al fuego hacia otros sectores de una estructura.

Todas esas ideas son contrarias a la sabiduría convencional de muchos cuerpos de bomberos, que durante décadas han utilizado la ventilación y los ataques interiores agresivos, moviéndose desde el sector no incendiado hasta el sector incendiado de una estructura, con el fin de evitar el empuje del humo y el fuego hacia el interior del edificio.

En forma conjunta y separada, Kerber y Madrzykowski pasaron más de 150 días en circulación el año pasado, difundiendo este mensaje, disertando, al parecer, en todos los encuentros de organizaciones contra incendios, y frecuentemente dejando muchos discípulos en su paso. Las especulaciones alrededor de su tarea parecen estar llegando a un punto crítico y son tema de debate para los jefes de bomberos, desde Des Moines hasta Daytona.

La información también moviliza algunos de los cambios tácticos más significativos que los bomberos han visto en décadas. El año pasado, se publicó un suplemento en el que se describían estas sugerencias en la tercera edición de Principios de Competencias de Bomberos de Jones & Bartlett (Fundamentals of Fire Fighter Skills), uno de los más populares manuales de entrenamiento para bomberos en EE.UU. Este año, con el financiamiento del programa Beca de Ayuda a Bomberos (Assistance to Firefighters Grant), los instructores de la Sociedad Internacional de Instructores de Bomberos (International Society of Fire Service Instructors) llevarán a cabo dos talleres en cada uno de los 50 estados, a fin de brindar entrenamiento a los bomberos sobre las nuevas tácticas. En septiembre del 2014, el Foro contra Incendios Urbano (Urban Fire Forum), una asamblea anual organizada por la Sección de la NFPA de Jefes Metropolitanos reunió a 25 jefes de bomberos de todo el país, quienes unánimemente adoptaron un documento de posicionamiento que impulsaba a los cuerpos de bomberos a la implementación de las nuevas tácticas.

El impacto de las investigaciones se ha sentido más fuertemente en el escenario de un incendio. Cuerpos de bomberos como el Cuerpo de Bomberos de Nueva York, el Cuerpo de Bomberos del Condado de Los Ángeles y el Cuerpo de Bomberos de la Ciudad de Oklahoma han alterado los procedimientos tácticos basándose en estos hallazgos. En el Condado de Los Ángeles, por ejemplo, el nuevo material actualmente se enseña como parte de la asociación con la Universidad de los Canyons, se evalúa en los exámenes de promoción y se incluye en el entrenamiento en todos los niveles de los cuerpos de bomberos.

En los ocho meses posteriores a la implementación de los cambios en el Condado de Los Ángeles, las lesiones en bomberos disminuyeron un 45 por ciento y las pérdidas de propiedades se redujeron en un 7 por ciento respecto de los ochos meses previos, según expresa Daryl Osby, Jefe del Condado de Los Ángeles. Igualmente importante para los oficiales de bomberos, es que se dieron cuenta que tenían un mejor sentido de la ciencia a partir de lo que experimentaban en su tarea. “Según mi experiencia, cuando perdíamos una vivienda unifamiliar, no siempre comprendíamos los motivos”, dice Osby. “Ahora entendemos la dinámica y estamos incorporando eso en nuestro ámbito de trabajo”. Ese es exactamente el objetivo, sostiene Kerber, ya que ese entendimiento puede resultar ser más crítico que en cualquier otro momento en lo que respecta a la vida y la muerte.

“Cuando un bombero se lesiona o muere, surge el deseo de un cambio, expresa. “Una de las potenciales consecuencias de esta tarea es la muerte, lo que demuestra la importancia de aplicar las tácticas de la manera correcta”.

Más grande, más fuerte, más rápido
Actualmente los incendios pueden tener un desarrollo más agresivo y potencialmente representar mayores peligros respecto de lo observado sólo unas pocas décadas atrás. Esto se debe en gran medida a que los contenidos y materiales de construcción de las viviendas modernas pueden ser mucho más volátiles de lo que solían ser.

Anteriormente los muebles estaban hechos de madera dura; hoy el material predominante es un material de rápida combustión como el aglomerado. Los colchones y sofás que alguna vez se rellenaban con algodón actualmente se rellenan con materiales sintéticos, entre ellos sustancias altamente combustibles, energéticamente enriquecidas, como la espuma de polietileno. “Libra por libra, la tasa energética ha aumentado de tres a cuatro veces”, dice Madrzykowski de los mobiliarios modernos. “Esto hace probable que los bomberos se encuentren con una carga rica en combustible cuando llegan a la escena”.

La introducción de nuevos materiales livianos en la construcción de las viviendas residenciales que, en condiciones de incendio pueden debilitarse mucho antes que las tradicionales vigas de madera sólida, se ha sumado al problema. Considerados conjuntamente, las viviendas modernas y sus contenidos pueden arder ocho veces más rápido que las viviendas de décadas atrás, según lo expresado por UL.

En un video particularmente impactante de su presentación, Madrzykowski y Kerber muestran en pantalla partida dos cuartos de estar. Uno de los cuartos contiene “muebles heredados”—silla y mesillas de madera dura y un sofá con almohadones rellenados con algodón—y el otro cuarto contiene muebles modernos construidos de espuma y aglomerado. Los sofás se prenden fuego. El cuarto con los muebles antiguos arde lenta y deliberadamente, y crece de una manera estable; transcurren aproximadamente 30 minutos hasta que en el cuarto se observa una combustión súbita generalizada. Los muebles del cuarto moderno arden de una manera mucho más agresiva y el cuarto llega a una combustión súbita generalizada en tan sólo 3 minutos, 40 segundos. Según un reciente estudio de NFPA, desde 2007 hasta 2011, en EE.UU. el tiempo promedio de respuesta nacional de los cuerpos de bomberos a incendios estructurales de viviendas era de aproximadamente seis minutos.

Una de las características de construcción de las viviendas modernas, sin embargo, puede efectivamente tener un efecto amortiguador en la volatilidad de un incendio. Las viviendas modernas suelen estar bien aisladas, dice Madrzykowski; generalmente con ventanas de doble vidrio y cerramientos de construcción herméticos. Como resultado, “los incendios se inician y rápidamente se ven limitados por la ventilación—se consume el oxígeno de la vivienda que el incendio necesita para la combustión”, dice. En ese entorno, un incendio arderá de manera muy ineficiente, generando un denso humo negro compuesto por hidrocarburos sin quemar—combustibles gaseosos que no pueden encenderse debido a las condiciones de carencia de oxígeno. Pero si se abre una ventana o una puerta, el oxígeno ingresa abruptamente y el fuego puede erupcionar violentamente. “En una vivienda pequeña, puede ir de nada, excepto humo, a una combustión súbita generalizada en 30 segundos, y en una vivienda de mayor tamaño tal vez en dos o tres minutos”, expresa Madrzykowski. Comprender cómo actúa este flujo de aire es central en el mensaje que Madrzykowski y Kerber están comunicando. Su presentación incluye una gran cantidad de videos que demuestran este proceso en acción en incendios estructurales. En el video de un incendio residencial, el humo sale a bocanadas de una ventana de la planta baja de una vivienda unifamiliar. Los bomberos rompen las ventanas para ventilar la vivienda, con el fin de sacar los humos mortales y enfriar el fuego. El aire fresco fluye hacia el interior por las nuevas aberturas y en segundos el incendio crece considerablemente. Los bomberos retroceden y atacan a las llamas con agua, y en pocos minutos el fuego es controlado y extinguido.

Quien observa desde afuera podría considerar que esto es un éxito, dice Kerber, pero no lo es. “Les garantizo que estos hombres todavía estáncelebrando entre ellos”, expresa. “Pero si no se hubiera ventilado, ese incendio se hubiera mantenido como un incendio de sótano de una sola habitación”.

Otro video de una combustión de prueba muestra el voraz incendio de una vivienda; la puerta del frente de la vivienda está abierta, pero cuando los bomberos la cierran, los sensores muestran que la temperatura en el interior de la casa en llamas cae a 1,000 grados Fahrenheit en menos de un minuto. El fuego retrocede, tambaleante por la falta de oxígeno.

El mensaje de la prueba es claro: si se mantienen cerradas las puertas y ventanas de una estructura hasta que las líneas de manguera estén listas para ser desplegadas se priva de oxígeno al incendio y se lo mantiene pequeño—un incendio limitado por la ventilación. A la inversa, al abrirse las puertas y ventanas antes de atacar al incendio con agua puede provocarse el rápido crecimiento de las llamas. Una ventilación demasiado temprana o en los sitios inadecuados también puede causar una rápida propagación del fuego hacia otros sectores de la estructura. La ventilación sigue siendo un aspecto crítico, dicen los investigadores, aunque sólo después de que el incendio haya sido atacado con agua.

Otro hallazgo clave de la investigación es que combatir el fuego con agua desde el exterior de la estructura durante solamente un poco tiempo, antes de ingresar, enfría toda la estructura considerablemente y aumenta la supervivencia de las víctimas y de los bomberos. Durante décadas, dice Madrzykowski, se ha instruido a los bomberos que no se arrojara agua desde el exterior, por el temor de que pudiera dañar a potenciales víctimas atrapadas en el interior por el vapor o por el empuje del humo y el fuego en su dirección. Existe además la creencia generalizada de que el ataque al incendio desde el sector encendido empujará al fuego hacia los sectores no encendidos de la estructura. La investigación arriba a una conclusión opuesta—el agua no puede empujar al fuego, pero hace descender drásticamente la temperatura en el interior. En otras palabras, dice Madrzykowski, atacar al fuego con agua tan pronto como sea posible tiene diversas ventajas.

“No consideraría esto como revolucionario”, dice Madrzykowski. “Considero solamente que este es el péndulo que trae las tácticas para combate de incendios a su centro. Si observamos el ataque al fuego, que realizaban los bomberos en los años 50 y 60, vemos que hacían casi exactamente lo que estamos diciendo hoy. Incluso en los libros de entrenamiento de los años 80 se menciona el control de las puertas y el conocimiento de la dirección de la corriente de aire. Los bomberos, lamentablemente, ha perdido parte de sus conocimientos sobre el comportamiento del fuego con el transcurso del tiempo, y estamos tratando de recuperar eso”.

Un puente hacia los bomberos
Una confluencia de incidentes ocurridos en los últimos 40 años llevó a los bomberos a adoptar tácticas de ataque interior agresivas. Ese enfoque se centraba en que la dotación de ataque se aproximara al incendio en la mayor medida posible antes de arrojar agua, con prioridad en la localización y retiro de civiles atrapados.

En los años 70, el aumento de las nuevas tecnologías para bomberos, como el uso de equipos de respiración autónomos y de equipos de protección más avanzados, permitió que los bomberos se acercaran a un incendio como nunca antes habían podido. Además, eventos como la publicación en 1973 del documento hito “Estados Unidos en llamas” (America Burning) de la Comisión Nacional sobre Prevención de Incendios (The National Commission on Fire Prevention), dio lugar a importantes nuevos desarrollos, entre ellos la creación de la Administración contra Incendios de los Estados Unidos (U.S. Fire Administration) y dela Academia Nacional contra Incendios (National Fire Academy). Sin embargo, esto también alejó la investigación de tácticas contra incendios y dinámicas de fuego en estructuras, dice Kerber, re-direccionándola hacia la prevención de incendios y métodos de hacer que los edificios sean más resistentes al fuego. Esa tarea contribuyó a una disminución considerable en la cantidad de incendios en las últimas cuatro décadas y de las correspondientes muertes, lesiones y pérdidas de propiedades. Sin embargo, incluso con la caída de esas cifras, los índices de lesiones y muertes de bomberos por incendio se mantuvieron constantes.

Los bomberos, ahora mejor protegidos contra el humo y el calor, comenzaron a adoptar tácticas interiores más agresivas para el combate de incendios residenciales. En algunos casos, esas tácticas eran radicalmente diferentes a las técnicas que habían sido la norma durante más de un siglo; previamente, el ataque de un incendio desde el exterior no era solamente una decisión táctica, era la única opción disponible. Antes de los años 80, sin embargo, “los cuerpos de bomberos no mostraban tanta preocupación en si arrojaban o no agua sobre el incendio mientras hacían una búsqueda para un rescate—podían soportar el calor y gas tóxico adicionales”, dice Madrzykowski. “Pero el cambiante entorno de incendios se ha puesto al corriente con ese nivel de protección. Actualmente puede superarlo con mucha facilidad y eso es lo que vemos hoy en las muertes ocurridas en acto de servicio”.

En los años 70, morían un promedio de 1.8 bomberos por cada 100,000 incendios mientras actuaban en el interior de una estructura, según se expresa en los datos recopilados por la División de Análisis e Investigación de Incendios de NFPA. Sin embargo, para la llegada de la década del 2000, la cantidad promedio de muertes de bomberos ocurridas en el interior de una estructura en llamas había ascendido a tres por cada 100,000 incendios. Según datos de NFPA, las operaciones en el interior de una estructura suman en promedio aproximadamente 13 muertes de bomberos anuales, de las casi 80 muertes de bomberos informadas en general cada año.

Los bomberos comenzaron a prestarle atención al problema en los 90, cuando por el flujo del aire o el viento los incendios empezaron a provocar muertes de bomberos en una tasa más alta. En 1999, dos bomberos murieron en un incendio residencial ocurrido en Washington, D.C., un incidente que se conoció como el incendio de Cherry Road. Los científicos de NIST estudiaron el incendio y se hicieron simulaciones computarizadas de las intensas llamas; comprendieron que el flujo de aire era un factor significativo en esos incidentes, pero necesitaban datos fidedignos para avalar ese concepto. Un informe de NIST publicado en el 2000 reveló que la “apertura de las puertas de vidrio corredizas del sótano hizo con que el aire exterior (oxígeno) ingresara en un compartimiento de incendio previamente calentado y mal ventilado, que después, en tan solo 60 segundos, se convirtió en un incendio producto de una combustión súbita generalizada.

NIST compartió los resultados con los cuerpos de bomberos publicándolos en un sitio web y con la distribución de un DVD. “Los bomberos estaban fascinados porque podían acceder a estos datos y emplearlos fácilmente en los simulacros de entrenamiento”, dice Madrzykowski. “Para mí, ese fue el momento en que se encendió la lamparita. Pensé, ‘tenemos que construir este puente para hacerles llegar a los bomberos esta información novedosa para ellos’”.

En el 2001, NIST formó su grupo de Tecnología en Combate de Incendios. Ese mismo año, elCongreso creó el programa de Becas de Ayuda a Bomberos (AFG), un paso que fue altamente beneficioso para las investigaciones de la ciencia de incendios, dice Kerber. En el 2007, con la colaboración del programa de becas AFG, la Fundación de Investigación en Protección contra Incendios organizó un taller sobre incendios impulsados por el viento y patrocinó las pruebas de laboratorio llevadas a cabo en NIST para estudiar la respuesta al viento de un incendio estructural. A principios de 2008, el Cuerpo de Bomberos de Nueva York (Fire Department of New York o FDNY) recibió una beca para llevar a cabo una serie de experimentos de incendios impulsados por el viento en un edificio de siete pisos en Governors Island, Ciudad de Nueva York, con NIST. Dentro de los 18 meses de esos experimentos, el FDNY había elaborado nuevas políticas, tácticas y equipos para el combate de incendios de altura impulsados por el viento.

“Mientras trabajábamos con el FDNY en este tema, se percataron de que un incendio impulsado por el viento es sólo un caso extremo de ventilación no coordinada”, dice Madrzykowski. “La realidad era que no comprendían totalmente el impacto de la ventilación, y como resultado, no ventilaban de la manera correcta. Es ahí donde la pelota realmente comenzó a rodar”. Dentro de su planta de pruebas, situada cerca de Chicago, UL comenzó a elaborar y ejecutar pruebas a escala real en viviendas de estilo colonial de 3,200 pies cuadrados y en viviendas de predios rurales de 1,200 pies cuadrados. En 2013 y 2014, con otra beca AFG otorgada, NIST incendió 12 viviendas unifamiliares abandonadas de Spartanburg, Carolina del Sur, para llevar a cabo múltiples experimentos en cada una de ellas.

“Colaboramos en todo. Dan y yo coordinamos todos los proyectos para asegurarnos de que los bomberos reciban el máximo rendimiento de su inversión”, expresa Kerber. “Las investigaciones generalmente plantean nuevos interrogantes. Más aprendemos, más queremos saber. Entre los interrogantes que planteamos en forma conjunta y los interrogantes sobre los que los bomberos piden una respuesta, es mucho lo que tenemos que hacer”.

Las respuestas parecen estar llegando rápidamente en estos días. Consultado sobre si estaba de acuerdo, Kerber dice: “Antes, no estaba pasando nada, entonces ahora todo parece más rápido”.

Diferentes enfoques
En el mundo de los incendios, el trabajo efectuado por Madrzykowski y Kerber los transforma en estrellas de rock o en herejes, según a quien se le pregunte. Un grupo de Facebook llamado “Sólo porque no estoy de acuerdo con UL/FSRI no me hace una mala persona” (Just Because I Don’t Agree With UL/FSRI Doesn’t Make Me a Bad Person) tenía 167 miembros en noviembre.

Un miembro de ese grupo es John Salka, un jefe veterano de un Batallón del FDNY de 33 años de edad. Salka, autor de tres libros, entre ellos: The Engine Company (La Compañía del Camión), que trata sobre las operaciones y tácticas de las compañías de camiones de bomberos de todo Estados Unidos, critica parte de las investigaciones. Salka argumenta que los investigadores pueden configurar todas las variables experimentales, provocan el incendio en el lugar que ellos eligen y mantienen un control total de los procedimientos.

Critica particularmente la observación de que el humo o el fuego no pueden ser empujados hacia las víctimas que están del otro lado de la línea de mangueras. “He estado en miles de incendios, en el interior y en el exterior, y mi experiencia no me dice lo que ellos me están diciendo”, dice. “He estado en un edificio en el que alguien abrió una línea de manguera afuera, en la dirección incorrecta. Es como la descarga de un rayo—una enorme y repentina ráfaga de vapor, humo y fuego que te alcanza. Tiene un gran impacto negativo en el lado de la salida de una habitación”.

Bombero de Seattle durante largo tiempo, Aaron Fields, fundador de Nozzle Forward (Boquilla hacia delante), un programa de entrenamiento para compañías de camiones de bomberos que entrena a alrededor de 2,000 bomberos cada año en todo el país, cree en la ciencia y en los resultados de las pruebas presentados por Madrzykowski y Kerber. Aunque también expresa que la realidad en el escenario del incendio puede ser diferente a la del terreno de prueba. Si los métodos de UL y NIST no se aplican con precisión, o si las condiciones existentes no son óptimas—como sucede en una densa área urbana donde es posible que los bomberos no puedan acceder a una línea de mangueras exterior en la posición apropiada—las cosas pueden salir muy mal, dice Fields.

Como Salka, Fields cuestiona el hallazgo de las investigaciones, que indica que el humo y las llamas no pueden ser movidos por un flujo de agua exterior. El vapor resultante de un ataque exterior también puede ser mortal, dice Fields, que es un área que el NIST no ha investigado en su totalidad. “El motivo por el que uno ingresa no es el incendio, es con el fin de rescatar personas”, sostiene Fields. “Los gases de un incendio matan a las personas antes que las llamas. Si ingreso, mi tarea es mover hacia afuera a los productos derivados de la combustión y extinguirlos”.

En sus clases, Fields enseña que, en la mayoría de los incendios, un ataque interior agresivo en el que se utilicen líneas de mangueras para extinguir el fuego y sacar hacia el exterior los gases tóxicos es la manera más efectiva de salvar vidas. Arrojar agua desde el exterior debería reservarse, dice, para un ataque defensivo o para situaciones donde haya una demora significativa para lograr el despliegue de las líneas de mangueras. “En su generalidad, no me opongo a los resultados de las investigaciones, dice Fields. “Todo lo que digo es que el estudio no es completo”.

Kerber y Madrzykowski han escuchado estas críticas antes y rápidamente reconocen que nodefienden un enfoque apto para todos para el combate de incendios. “Nadie dice que el fuego sólo puede ser atacado desde el exterior—lo que decimos es que es una opción válida y debería ser incluida en su libro del reglamento del juego”, dice Madrzykowski. “Se debe dimensionar cada incendio y decidir qué hacer. Si es un incendio pequeño, ingrese y contrólelo. De lo que realmente hablamos es de los ajustes que hay que hacer en lo que los bomberos ya hacen”.

A pesar de los cuestionamientos, el trabajo de Kerber y Madrzykowski recibe elogios de los rangos más altos de los bomberos. “Necesitamos acelerar la capacitación y la implementación”, Ernest Mitchell Jr., Jefe de la Administración contra Incendios de los Estados Unidos, dijo en el último Foro contra Incendios Urbano. “La pregunta es, ¿cómo llegamos al mundo exterior para que esta ciencia no sólo salve vidas en Nueva York, en el Condado de Los Ángeles y en la Ciudad de Oklahoma, sino en todos lados?”

La Asociación Internacional de Bomberos (International Association of Firefighters o IAFF), el mayor sindicato de bomberos de América del Norte, también avala los cambios tácticos y ha desarrollado un programa de estudio basado en las investigaciones. Lori Moore-Merrell, asistente del presidente general de IAFF, dijo en el Foro contra Incendios Urbano del mes de septiembre que la cantidad de horas dedicadas a la capacitación de las personas reclutadas sobre el comportamiento del fuego debe ser aumentada, aunque también reconoció los desafíos relacionados con ese tipo de cambio, describiéndolo como un “cambio de paradigma” para muchos y urgiendo a los bomberos a “superar el shock”.

Los Jefes del Condado de Los Ángeles y de Nueva York dijeron que lo más difícil era eliminar los escollos culturales de dentro de los bomberos para la implementación de los nuevos procedimientos. El Subjefe del Cuerpo de Bomberos de la Ciudad de Oklahoma, Cecil Clay, que encabezaba la adopción y personalmente ha entrenado a aproximadamente 1,000 bomberos en las nuevas tácticas, expresó que muchos de sus oficiales fueron inicialmente escépticos. “Algunos tienen más de 20 años de experiencia en combate de incendios y ahora se intenta enseñarles otras maneras. Dicen: ‘¡Eh!, sé que lo estoy haciendo bien porque es así como siempre lo he hecho’”, dice Clay. “Pero una vez que hemos comenzando a implementar esto, ya no tengo que convencerlos. Los resultados han sido destacables”.

Clay describe los cambios tácticos implementados en la Ciudad de Oklahoma como “un cambio total de 180 grados”, respecto de lo que el cuerpo de bomberos había estado haciendo hace dos años. “Como muchos otros cuerpos de bomberos, optamos por un enfoque interior agresivo”, dice. “Nuestras tácticas consistían en ir desde el sector no incendiado [a través de la vivienda] hasta el sector incendiado. La teoría era que así empujaríamos el fuego hacia afuera. Además, nunca aplicábamos agua en el exterior en un ataque ofensivo—creíamos que empujaríamos al incendio hacia una víctima. Mediante las investigaciones y la ciencia encontramos que ambas son totalmente falsas”.

Actualmente se enseña a los bomberos de la Ciudad de Oklahoma a que evalúen un área de 360 grados de la estructura para observar si el fuego se está ventilando, con el fin de decidir dónde debería aplicarse agua. Si el humo se ventila en el lado A, lo atacan con agua a través de una ventana del lado A antes de la ventilación o de las acciones de búsqueda. Las imágenes de la termografía de los incendios ocurridos en la Ciudad de Oklahoma han revelado que el ataque al cielo raso con agua y dejar que rebote hacia abajo sobre el incendio como hace un rociador—una técnica descubierta por NIST y UL como la más efectiva—enfría la habitación desde aproximadamente 1,500 grados hasta 300 grados en sólo segundos. “Eso nos brinda una seguridad sorprendentemente mayor” cuando los bomberos ingresan a la estructura, dice Clay.

Si bien puede ser más seguro para los bomberos, esas tácticas han surgido frente a otro escollo cultural. Para muchos bomberos, arrojar agua desde la seguridad del exterior mientras potenciales víctimas podrían estar amenazadas en el interior simplemente no parece ser lo correcto. “Existe la idea de que no eres un bombero de verdad si no corres precipitadamente hacia el interior de un edificio en llamas”, dice Kerber. “Escucho a los bomberos decir, ‘No me registré para arrojar agua a través de una ventana’”.

Clay dice que se ha enfrentado rápidamente a los escépticos de su organización. “Ahora contamos con las investigaciones—y la prueba científica real acerca de lo que está sucediendo y el modo en que mejor podemos combatir el fuego y proteger a las personas”, dice. “La parte viril de la emoción de la pelea y la imagen de cuando sales del edificio con tu chaqueta humeante, eso ha desaparecido en cierta medida. Aunque les digo a mis hombres que no se trata de nosotros—se trata de cómo proteger a las personas y propiedades y de cuán rápidamente eliminamos la amenaza”.

Colaborar con los cuerpos de bomberos para salir del viejo dogma y adoptar la ciencia que podría salvar vidas es lo que mantiene a Madrzykowski y Kerber motivados mientras viajan de estado en estado, de aeropuerto en aeropuerto. “Algunos dicen que un cambio en un cuerpo de bomberos lleva generaciones”, sostiene Madrzykowski. “No coincido para nada con eso”.

Jesse Roman es escritor del NFPA Journal


Desde el punto de vista de NFPA
Los investigadores contemplan la posibilidad de elaborar una guía táctica de NFPA como un documento de “cambio del reglamento de juego” para los bomberos.

NFPA ocupa una posición única para contribuir con los bomberos en la comprensión y tratamiento de la amenaza que representa el aumento de los incendios en viviendas volátiles, según lo expresado por unpar de prominentes investigadores de la ciencia de incendios.

Stephen Kerber, director del Instituto de Investigación de Seguridad de Bomberos (FSRI) de Underwriters Laboratories (UL) y Dan Madrzykowski, jefe del Grupo de Tecnologías de Combate de Incendios del Instituto Nacional de Normas y Tecnología (NIST), dicen que la creación de una nueva guía táctica que aborde el cambiante ámbito de los incendios residenciales podría ser un paso importante para los bomberos.

Las investigaciones llevadas a cabo por Kerber y Madrzykowski han demostrado que los mobiliarios de viviendas fabricados con materiales sintéticos altamente combustibles, junto con los materiales de construcción y los métodos aplicados en las viviendas modernas, están generando incendios más veloces, más agresivos que representan mayores riesgos para los bomberos, en comparación con los incendios de viviendas ocurridos en décadas pasadas. Esos riesgos indican la necesidad de nuevas tácticas para el escenario de un incendio y los principales cuerpos de bomberos metropolitanos de todo el país, entre ellos el del Condado de Los Ángeles y el de la Ciudad de Nueva York, ya han adoptado algunos de estos métodos.

“NFPA desempeña un rol fundamental en el establecimiento de las normas de bomberos”, dice Kerber. “Nunca antes ha habido una guía táctica consensuada para los bomberos. Esto podría ser un cambio radical en el reglamento de juego, debido a que son muchas las personas que observan esas normas de NFPA como lineamientos”.

En gran medida como NFPA 921, Guía para investigaciones de incendios y explosiones, llevó la ciencia a la práctica de las investigaciones de incendios, un documento sobre tácticas para combate de incendios de NFPA podría incluir los últimos avances de la ciencia en las operaciones en el escenario de un incendio, dijo Madrzykowski. “No sería un documento que limite a las personas sobre las tácticas—sino que ampliaría sus opciones sobre tácticas, de modo que puedan aplicarlas con un determinado nivel de certeza”, dijo.

Madrzykowski dijo que él también concibe al potencial documento de NFPA como un “documento estratégico” que unificaría el conjunto de las normas de NFPA para bomberos sobre equipos de protección personal, estándares profesionales y entrenamiento. “Las normas son importantes, pero comunicarle a la gente el motivo y el modo en que todo esto se ata es realmente una pieza clave”, dijo.

Chris Dubay, vicepresidente de NFPA e ingeniero jefe, y otros funcionarios de NFPA se reunieron recientemente con Kerber y Madrzykowski para debatir sobre la posibilidad de ese documento. “Dada la magnitud de lo que ha estado sucediendo en los últimos años, puede ser que sea necesario considerar la elaboración de una guía o de normas que específicamente aborden estos temas”, dijo Dubay, que no especulaba sobre lo que incluiría una potencial nueva norma o guía.

Entre tanto, NFPA presta suma atención a las investigaciones de UL y NIST para observar qué potenciales impactos podrían tener en las normas existentes sobre equipos de protección, calificaciones profesionales, entrenamiento y otras áreas.

“Nos estamos asegurando de que los comités técnicos conozcan estos hallazgos e informes para garantizar que los socorristas de nuestro país tengan la información más actualizada basada en la ciencia, de modo que podamos brindarles el más alto nivel de protección”, dijo Dubay.—Jesse Roman


Siguiente paso
Proyecto de UL para el estudio de la ventilación con presión positiva

nist exterior attack c optA partir de enero, UL comenzará una serie de experimentos a escala real en su campus cercano a Chicago, con el fin de adquirir más conocimientos sobre la dinámica de lo que se conoce como “ventilación con presión positiva”, una técnica que utiliza grandes ventiladores para soplar al humo y dirigirlo hacia afuera de un edificio incendiado.

El último proyecto, llamado “Estudio de la efectividad de la ventilación con presión positiva para bomberos durante el ataque al fuego en viviendas unifamiliares que incorporan prácticas de construcción modernas”, es una continuación de las investigaciones que UL ha llevado a cabo con NIST, con el fin de brindar mayor seguridad a los bomberos a través del estudio científico de la dinámica de incendios. El estudio completo tendrá lugar durante un período de tres años.

La táctica de la ventilación con presión positiva, desarrollada en los años 80, utiliza ventiladores dirigidos hacia la puerta del frente de una estructura incendiada, con el fin de soplar el humo y el calor hacia afuera del edificio, generalmente a través de una abertura tal como una ventana o un orificio en el techo. La expectativa de los investigadores es adquirir nuevos conocimientos sobre hacia dónde se trasladan los gases y cómo reacciona el fuego ante diversas condiciones con la aplicación de la táctica.

“Hemos visto éxitos y fracasos en la manera en que los cuerpos de bomberos aplican esta táctica”, dice Stephen Kerber, director del Instituto de Investigación de Seguridad de Bomberos de UL. “Es un ejemplo de una tecnología que fue introducida a los bomberos sin una comprensión apropiada de los beneficios y limitaciones de su aplicación”.

Como se ha hecho en años anteriores con los experimentos sobre ventilación horizontal y vertical, UL construyó una vivienda de estilo colonial de 3,200 pies cuadrados y una vivienda en un predio rural de 1,200 pies cuadrados, para ser incendiadas en el edificio de su laboratorio de experimentos y pruebas de incendio. UL invitó a bomberos para que asistan a los 23 experimentos a escala real, que finalizaron el 5 de febrero. Para obtener mayores detalles sobre las pruebas e información sobre el registro para asistencia, visite modernfirebehavior.com.

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