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Característica de Seguridad/Riesgo de Seguridad. Escaleras de incendios.

Posted by Firestation en 01/04/2015

Por Carl Baldassarra

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Hace 100 años, en su primer informe presentado al Comité Ejecutivo, el nuevo Comité de Seguridad Humana de la NFPA hizo sonar la alarma sobre los medios de escape de incendios. Un siglo después, todavía estamos luchando contra los problemas que presenta esta tecnología de la era victoriana

En el verano de 1975, se desató un incendio en los pisos más altos de un edificio de apartamentos de cinco pisos, revestido de piedra arenisca, situado en Back Bay, Boston. Los bomberos estaban en el lugar del hecho, con un camión escalera y la dotación participó en el rescate de una joven y de su pequeña ahijada, desde un escape de incendio de un piso superior.

Cuando uno de los bomberos estaba a punto de ayudar a la mujer y a la niña a llegar hasta la escalera, se derrumbó el escape de incendio. Un fotógrafo de un periódico hacía tomas de la dramática escena, y capturó el momento en el que el escape de incendio se desprendió, y la mujer y la niña se desplomaron hacia abajo, cayendo sobre la acera, mientras el bombero se aferraba a la escalera. La mujer murió en el lugar; la niña sobrevivió. Periódicos y agencias de noticias de todo el mundo divulgaron las imágenes— el fotógrafo, Stanley Forman, ganaría un premio Pulitzer por su trabajo de ese día — y se comenzaba el debate sobre la necesidad de códigos de seguridad contra incendios más severos, lo que llevó a que en algunos casos las municipalidades adoptaran reglamentaciones más estrictas que incluían disposiciones para escapes de incendio exteriores.

En NFPA, el debate llevaba ya décadas. Cien años antes, el Comité de Seguridad Humana de la NFPA, recientemente designado, se ocupaba de llevar a cabo un minucioso análisis de la seguridad contra incendios y de edificios. Creado en 1913 como parte de la respuesta de la NFPA al incendio ocurrido en la Triangle Waist Company, el devastador incidente ocurrido en 1911 en una fábrica de indumentaria de la Ciudad de Nueva York, en el que murieron alrededor de 150 personas, el comité dedicó sus primeros años al análisis de los incendios de mayor envergadura que provocaron pérdidas de vidas no solamente el de Triangle, sino también el incendio del Teatro Iroquois ocurrido en Chicago, en 1903 (más de 600 víctimas fatales), el incendio de la Escuela de Lake View, ocurrido en Collinwood, Ohio, en 1908 (en el que murieron 175 personas), el incendio de la fábrica de indumentaria Binghamton, ocurrido en el estado de Nueva York, en 1913 (31 víctimas fatales) y otros. Desde el principio, el comité reservó algunas de sus más duras críticas a los escapes de incendio, que solía considerar como una solución problemática para el problema aún mayor de sacar a las personas de un edificio, de manera rápida y segura ante un incidente de incendio.

Después del incendio de Triangle, las municipalidades de todo el país habían comenzado a promulgar leyes que requerían medios de emergencia para egresar desde edificios y las escaleras exteriores hechas de hierro forjado se transformaron en el método predominante para obtener dichos medios—aunque no sin generar nuevos problemas. En su informe presentado al comité ejecutivo de la NFPA, en 1914, el Comité de Seguridad Humana observó diversos “defectos comunes”, presentes en “un muy alto porcentaje de los escapes de incendio exteriores que actualmente se utilizan”. Entre dichos problemas se incluía la inaccesibilidad, su tendencia a estar desprotegidos contra el fuego y su deficiente diseño—muchos de los escapes de incendio más antiguos eran poco más que una serie de escaleras verticales empernadas a muros exteriores. Entre otros aspectos se incluía la ausencia de escaleras desde el segundo piso hasta la planta baja, condiciones generales deficientes, recubrimiento de hielo y nieve, y su uso como áreas de almacenamiento exteriores por parte de los arrendatarios del edificio. A pesar de dichos defectos, el comité expresó: “Lo cierto es que el escape de incendio exterior es la disposición especial más habitual para un escape, [y] que ello esté escrito en la legislación de los estados, y seguirá siendo así durante mucho tiempo”.

Un siglo después, todavía existen estos problemáticos escapes de incendio en muchos edificios antiguos. Sin embargo, los escapes de incendio generalmente no se encuentran a la vista y entonces tampoco se piensa mucho en ellos; son características de los edificios que se da por descontado son salidas secundarias “adecuadas” sin someterlos a demasiado análisis, aunque pueda ser sencillo para los profesionales en protección contra incendios descartar la capacidad de los escapes de incendio de brindar un beneficio mensurable para el egreso. De hecho, debido a los peligros que plantean los escapes de incendio en sí mismos, no han sido reconocidos como un medio de egreso aceptable en las construcciones nuevas. Desde la creación del Código de Salidas de Edificios—el precursor del NFPA 101, Código de Seguridad Humana—en 1927. La alternativa es la escalera con cerramiento certificada contra incendios, que también fue reconocida en la edición de 1927 del Código de Salidas de Edificios como un medio de egreso suficientemente confiable y de fácil uso, y con el que la mayoría de las personas tienen experiencia por el uso diario que hacen.

Pero, mientras los esfuerzos de preservación en todo el país procuran mantener los viejos edificios, y mientras estas estructuras son tenidas en cuenta para ser renovadas como parte de las acciones de remodelación de sus principales barrios, los escapes de incendio generalmente se incluyen como parte de los medios de egreso de dichos edificios. Dada nuestra tendencia a pasarlos por alto, se pierden, a veces, las oportunidades de hacer cumplir los requisitos de adecuación de las aberturas protectoras y de perfeccionar el acceso a los escapes de incendio. El riesgo de incendio asociado con algunos de estos edificios no siempre es evidente: un grave incendio en un piso inferior requeriría que muchas personas utilicen los escapes de incendio, sometiéndolos a una prueba física que podrían no haber tenido durante décadas, si es que alguna vez la tuvieron. Nuestras ciudades más antiguas están repletas de edificios con escaleras centrales únicas, o incluso con escaleras sin cerramientos, lo que coloca en un nivel aún más alto de importancia a los escapes de incendio como el medio de egreso secundario.

Si bien el uso real de los escapes de incendio para un egreso de emergencia no se somete frecuentemente a prueba, los riesgos siguen vigentes. Un trágico incidente de incendio en el Edificio de la Administración del Condado de Cook, situado en el centro de Chicago, ocurrido en 2003, se llevó la vida de seis personas. Una encuesta posterior, realizada en cientos de edificios de altura de la ciudad reveló un sinnúmero de deficiencias relacionadas con los escapes de incendio existentes, desde aberturas en muros no protegidas a condiciones de acceso difíciles o casi imposibles—problemas estos, idénticos a aquellos criticados por el Comité de Seguridad Humana de la NFPA casi un siglo antes y características estas, comunes en los escapes de incendio en comunidades de todo el país. Todos los escapes de incendio exteriores conllevan interrogantes fundamentales: en última instancia, ¿puede el escape de incendio ser usado de manera eficaz cuando sea necesario, ya sea por los ocupantes del edificio o por los socorristas de emergencias? ¿Se mantendrá anexado al edificio si se utiliza? ¿Funcionarán conjuntamente las piezas que lo componen? ¿Puede ser útil para los ocupantes de un edificio que tengan discapacidades?

Esos interrogantes, en y por sí mismos, no constituyen un problema. Para los profesionales en incendios, la dificultad—y nuestra actual problemática con esta heredada tecnología de los escapes de incendio es que, con demasiada frecuencia, no tenemos respuestas.

Cómo hemos llegado aquí: una breve historia de los escapes de incendio
La construcción de edificios de mayor altura en los Estados Unidos comenzó a mediados del siglo diecinueve. Muchos de esos edificios tenían solamente una única escalera de madera abierta, ubicada en el centro del edificio y conectada a los corredores que utilizaban los apartamentos o áreas de oficinas, generalmente con una configuración de “sin salida”. Si bien eran convenientes, estas escaleras eran el único y exclusivo medio de acceso y egreso diario, y presentaban un doble riesgo: ser tanto inutilizables en un incidente de incendio como de ser un medio para la rápida propagación vertical del fuego. A ello le siguieron diversos incendios fatales.

En 1860 en la Ciudad de Nueva York, se requirió que todos los edificios residenciales de más de ocho unidades tuvieran un medio de escape secundario. Ese mismo año, Baker y McGill, de la Ciudad de Nueva York, patentaron un diseño que incorporaba casi la totalidad de los componentes principales de lo que actualmente reconocemos como el tradicional escape de incendio de balcones de hierro exterior, que constaba de una serie de escalones o escaleras ajustables o estacionarios.

En respuesta a un impulso para la reforma de viviendas, en 1867 el Estado de Nueva York aprobó la primera Ley de Casas de Vecindades (Tenement House Act), que obligaba a que todos los inquilinatos nuevos y existentes estuvieran equipados con escapes de incendio. Sin embargo, se consideró que la ley no era lo suficientemente específica como para ser efectiva, ya que solamente requería que los inquilinatos tuvieran escapes de incendio o “algún otro” medio de egreso aprobado. Se incluyeron mejoras graduales en la segunda Ley de Casas de Vecindades, aprobada en 1870 y en sus enmiendas, adoptadas en 1887.

El Día de San Patricio, en 1899, se desencadenó un incendio en el segundo piso del Hotel Windsor, de la Ciudad de Nueva York. El fuego se propagó rápidamente, dejando atrapadas a una gran cantidad de personas que estaban en los pisos superiores del edificio de siete plantas. El edificio contaba con una pequeña cantidad de escapes de incendio, aunque algunos informes indicaban que las oleadas de fuego que salían de las ventanas habían provocado su calentamiento excesivo, lo que impedía que pudieran ser utilizados. Las habitaciones para huéspedes estaban equipadas con sogas previstas para ayudar a la gente a ir hacia un lugar seguro; la dificultad de descender por una soga fue descripta, en uno de los relatos, como “un acto que solamente puede requerirse de un gimnasta”, e incluso muchos de quienes podían hacerlo eran obligados a soltar la soga cuando esta quemaba sus manos. Como resultado, muchas personas cayeron y murieron o saltaban de las ventanas para escapar de las llamas; el derrumbe de la estructura mató a muchas otras personas. Murieron casi 90 personas en el incidente. El incendio dio lugar a un torrente de protestas sobre el uso de sogas como un medio de escape. Se presentaron nuevos proyectos de ley para escapes de incendio en el Estado de Nueva York, que incluían las más pormenorizadas disposiciones sobre su construcción y uso.

Un momento decisivo para la seguridad de los edificios tuvo lugar el 26 de marzo de 1911, cuando un incendio ocurrido en Triangle Waist Co., una fábrica de indumentaria ubicada en los pisos octavo, noveno y décimo de un edificio de once pisos situado en la parte meridional de Manhattan, se llevó la vida de casi 150 empleados, en su mayoría niñas y mujeres jóvenes. La atroz pérdida de vidas fue atribuida en parte a la existencia de salidas interiores inadecuadas y bloqueadas, así como a un escape de incendio situado en la parte posterior del edificio que se derrumbó y provocó la muerte de una gran cantidad de personas que intentaban huir. Fueron consideradas responsables de la tragedia, la falta de una autoridad global en la Ciudad de Nueva York que exigiera el cumplimiento de las reglamentaciones y la vaguedad de la ley sobre salidas. El Artículo 103 del código de edificación de la ciudad incluía en su texto “correctos y suficientes” escapes de incendio, escaleras u otros medios de egreso, y dejaba que los términos “correcto/a y suficiente” fueran interpretados por cada inspector.

El impacto del incendio de Triangle repercutió más allá de Manhattan y del Estado de Nueva York. NFPA comenzó a debatir sobre la seguridad humana después de lo sucedido en Triangle, y ello incluyó una determinante evaluación de los escapes de incendio. Esas conclusiones, publicadas en el informe trimestral de la asociación en 1911, fortalecían la actitud del público acerca de la disminución de la seguridad del escape de incendio exterior:

Desde hace ya largo tiempo se ha reconocido que el habitual formato exterior de la serie de escalones de tipo escalera de hierro anclada en el costado del edificio resulta lamentablemente engañosa. Durante un cuarto de siglo este dispositivo ha sido el principal elemento de tragedia en todos los incendios que provocaron pánico. Atravesando sucesivamente las aberturas de ventanas de cada uno de los pisos, las lenguas de fuego que salían de las ventanas de cualquiera de los pisos obstruían el descenso de todos los que estaban en los pisos situados encima. Sus plataformas generalmente son lastimosamente pequeñas y una desesperada corrida hacia ellas desde varios pisos al mismo momento hace que se congestionen y atasquen irremediablemente. Se trata de una improvisada creación fruto de la avaricia de los dueños de propiedades; y que con frecuencia se vuelven aún más inútiles por la ignorancia de los arrendatarios que las abarrotan de botellas de leche, neveras y otras obstrucciones.

Como resultado del incendio en Triangle y de otros incendios en los que hubo gran cantidad de víctimas fatales, NFPA creó el Comité sobre Seguridad Humana en 1913, a fin de que se formularan las recomendaciones requeridas para mejorar la seguridad en las salidas de edificios. Los informes del comité se publicaron en forma de panfletos, entre ellos el de “Escaleras exteriores para salidas de incendio” (1916). El comité no reconocía a los escapes de incendio como un medio de egreso aprobado para las construcciones nuevas y solamente los recomendaba para corregir deficiencias en los edificios existentes.

El trabajo del comité contribuyó a la creación del Código de Salidas de Edificios, que fue aprobado en 1927. El Código de Salidas de Edificios incluía una nueva disposición que especificaba a las escaleras exteriores, y no a los escapes de incendio, como un medio de egreso exterior. Las escaleras exteriores aplicaban criterios más rigurosos que los de los escapes de incendio respecto del ancho, huellas, contrahuellas, materiales de construcción y de la protección de la escalera desde un espacio interior del edificio mediante aberturas certificadas. El código también incluía lo siguiente:

201. Las escaleras exteriores especificadas en este código son muy superiores a los escapes de incendio ordinarios que comúnmente se encuentran en los edificios existentes. Estos escapes de incendio absolutamente inadecuados, endebles, pronunciados, no protegidos contra el fuego en la estructura a la que están adosados, constituyen, realmente, una amenaza, ya que dan una falsa sensación de seguridad. Dichos escapes no están reconocidos en este código.

Aún las mejores escaleras exteriores construidas de acuerdo con lo establecido en este código presentan serias limitaciones que pueden evitar su efectivo uso al momento de un incendio. Incluso cuando se brinde protección en las ventanas, las condiciones pueden ser tales que el fuego (o el humo proveniente del fuego) en los pisos inferiores puede hacer que las escaleras se vuelvan intransitables antes de que los ocupantes de los pisos superiores hayan tenido tiempo para utilizarlas. Las escaleras exteriores pueden estar bloqueadas por nieve, hielo o aguanieve en el momento en que son más necesarias.

Es probable que las personas que utilizan las escaleras exteriores a una altura considerable sientan temor y desciendan, si lo hacen, a una velocidad mucho menor que con la que lo hacen por escaleras situadas en el interior de un edificio. . . Los ocupantes de edificios no las utilizarán tan prestamente en caso de incendio como lo harán con el medio de salida habitual, la escalera interior. Debido a que se trata de un dispositivo de emergencia de uso no habitual, su mantenimiento puede no ser tenido en cuenta.

A pesar de sus defectos, los escapes de incendio han funcionado de manera eficaz durante décadas y han contribuido a salvar innumerables vidas durante incidentes de incendio y otras emergencias. El incendio ocurrido en 1946 en el Hotel LaSalle de Chicago mostró, al menos, un éxito parcial de los escapes de incendio. El hotel de 1000 habitaciones fue construido en 1909 y se lo consideraba “el más confortable, moderno y seguro del área occidental de la Ciudad de Nueva York”. Se desató un incendio cerca del vestíbulo poco después de la medianoche que se propagó rápidamente; los trabajos de remodelación y la existencia de una escalera abierta permitieron que el denso humo subiera por la totalidad de altura de los 22 pisos del hotel, dejando a las escaleras intransitables. De las 61 personas que murieron en el incendio, la mayoría fallecieron por inhalación de humo. Aproximadamente 900 huéspedes pudieron abandonar el edificio, muchos de ellos a través de los escapes de incendio. Las fotografías periodísticas del incidente claramente mostraban filas de huéspedes moviéndose tranquilamente por los escapes de incendio en zigzag del edificio. El incendio llevó a que el municipio de la ciudad de Chicago promulgara nuevos códigos de edificación para hoteles y procedimientos para el combate de incendios, entre ellos la instalación de sistemas de alarma automática e instrucciones para la seguridad contra incendios en el interior de las habitaciones de hoteles.

Uno de los últimos edificios de arquitectura trascendental que incluía escapes de incendio fue el Edificio del Commonwealth, actualmente conocido como Edificio de la Equidad, situado en Portland, Oregón. Diseñado por Pietro Belluschi, un reconocido arquitecto modernista, fue uno de los primeros edificios de altura construido con metal y vidrio (originalmente de 12 pisos, posteriormente de 14) edificado hasta la fecha. Fue finalizado en 1948 con grandes elogios y en 1982 recibió el premio a los 25 años otorgado por el Instituto Americano de Arquitectos. Figura también en el Registro Nacional de Lugares Históricos.

El edificio fue un ejemplo precoz de un sistema de muro de cortina sellado, con aire acondicionado central—un diseño que en apariencia no es congruente con los escapes de incendio exteriores. Sin embargo, no son muchas las construcciones que se han efectuado antes, y los códigos no han sido, aparentemente, actualizados para que contemplen, o prohíban el uso de, escapes de incendio exteriores. Presumiblemente, quien desarrollaba el proyecto lo que quería era maximizar la dimensión de área rentable e insistía en que se utilizaran escapes de incendio en lugar de escaleras interiores. Se considera que el resultado es un raro ejemplo de un rascacielos de metal y vidrio posterior a la Segunda Guerra Mundial que cuenta con un escape de incendio.

De aquí en adelante
El Código de Seguridad Humana ha favorecido a las escaleras interiores protegidas para las construcciones nuevas desde su inicio en 1927, disposiciones que se mantienen en el código hasta la actualidad. Sin embargo, los escapes de incendio exteriores pueden ser agregados a la mayoría de los edificios —las ocupaciones educacionales son una excepción notable—cuando esté permitido por las autoridades locales. En esos casos, no obstante, no se permiten escaleras, debido a la dificultad de utilizarlas en condiciones adversas; ni el acceso a través de ventanas, que también presenta dificultades para llegar de manera segura al escape de incendio. Solamente se permite el acceso a través de puertas que cumplan con los criterios especificados.

El código también incluye disposiciones sobre la inspección y mantenimiento de los escapes de incendio. Como muchas otras características para la seguridad contra incendios, el mantenimiento de los escapes de incendio es esencial para garantizar su uso y su seguridad. Los escapes de incendio deben mantenerse libres de obstrucciones, debe haber un libre acceso dentro del edificio a través de puertas y ventanas, los protectores de aberturas resistentes al fuego deben estar debidamente instalados y debe mantenerse la integridad estructural del escape de incendio y sus anclajes a la estructura del edificio. Este es un enfoque crítico para la inspección de los escapes de incendio; en enero, una persona murió y dos resultaron gravemente heridas cuando se derrumbó un escape de incendio del tercer piso de un edificio de apartamentos de Filadelfia. Durante una celebración de cumpleaños, las personas habían salido al balcón del escape de incendio para fumar.

La oxidación es la principal amenaza para el deterioro del hierro fundido y forjado. Si se deja que el proceso continúe, el metal puede deteriorarse completamente. La prevención y eliminación de herrumbre es el primer paso para la conservación de los escapes de incendio. La oxidación también se produce cuando la humedad se acumula en juntas, grietas y fisuras de la mampostería a la que está anclado el escape de incendio. La corrosión puede provocar el deterioro del hierro y de la mampostería, lo que debilita el anclaje a la estructura. Los pernos deberían ser quitados e inspeccionados como parte de la inspección regular de los escapes de incendio. Podría ser necesario reemplazar la ferretería si el deterioro es serio. El descuido durante un largo plazo puede llevar a una falla estructural que incluya la pérdida del anclaje al muro de mampostería.

Si bien la misma exposición al fuego es ampliamente reconocida como una amenaza a la integridad estructural del hierro forjado expuesto, dicha consideración no era generalmente tenida en cuenta en la instalación de escapes de incendio. No hay antecedentes claros sobre este tema. Es evidente que el impacto de las llamas sobre la estructura de soporte durante un período de tiempo suficiente eventualmente debilitaría el material y provocaría una falla. Ese tema, sin embargo, no ha sido contemplado en los criterios de instalación de escapes de incendio más allá de las protecciones para aberturas requeridas, presumiblemente en beneficio de los ocupantes del edificio que podrían estar expuestos durante el uso del escape de incendio.

Durante largo tiempo se ha presumido que el uso de escapes de incendio por parte del público en condiciones de emergencia es una experiencia indeseable, a juzgar por el informe del Comité sobre Seguridad Humana de hace casi 100 años. Esta no es una inquietud infundada, dado que generalmente no se entrena a las personas ni se hacen simulacros sobre el uso de los escapes de incendio. El comportamiento humano también indica que muchas personas considerarán extremadamente indeseable salir por un escape de incendio, en general sobre una plataforma enrejada a muchos pies de altura y frecuentemente con un clima adverso o en la oscuridad. Estos dispositivos han sido claramente previstos para ser utilizados como un último recurso en caso de que las vías interiores se vuelvan inutilizables. Por estos motivos, el mantenimiento de un acceso libre y la prueba regular de los componentes operativos es aún más importante para evitar lesiones durante el egreso de ocupantes inexpertos y no entrenados, así como de los socorristas que podrían necesitar hacer uso de los escapes de incendio en una emergencia.

En general, puede argumentarse que, basándose en una revisión de diversos códigos actuales, los requisitos de inspección y mantenimiento de escapes de incendio son incongruentes y podrían hacerse más estrictos. Si bien los códigos generalmente son claros acerca de que no pueden usarse escapes de incendio en las construcciones nuevas, son pocos los requisitos que contemplan a los escapes de incendio de los edificios existentes. Tanto NFPA 1, Código de Incendios, como NFPA 101 solamente incluyen referencias generales para el mantenimiento de escapes de incendio. Aparte del requisito de mantener los medios de egreso libres de obstrucciones, no hay criterios específicos sobre la frecuencia o método para la inspección, pintura o prueba de carga de los escapes de incendio. (La edición 2012 del Código Internacional de Incendios ha ampliado en cierta medida los criterios para inspección, prueba y mantenimiento.) Una revisión general y la modificación de los códigos podrían representar una mejora significativa en los criterios para inspección y mantenimiento, y la correspondiente mejora en la seguridad humana para los ocupantes de edificios y los socorristas. Grupos tales como la Asociación Nacional de Escapes de Incendio están trabajando para una mayor concientización y ofrecen entrenamiento y servicios sobre escapes de incendio. Reglas y reglamentaciones normalizadas pueden contribuir a aumentar el tiempo de vida de los escapes de incendio existentes.

Además, criterios adicionales para la mejora de la protección y el arreglo del acceso a los escapes de incendio al momento de llevar a cabo las renovaciones de un edificio deberían estar específicamente incluidos en los códigos de incendio y en los códigos de edificación existentes. Dichas renovaciones pueden ser la única oportunidad razonable de mejorar el nivel de seguridad que brindan los escapes de incendio durante el tiempo de vida de un edificio.

Los escapes de incendio continuarán siendo parte del entorno de un edificio en los próximos años y es fundamentalmente importante que sean apropiadamente inspeccionados y mantenidos, y que nuestros códigos y normas se mantengan vigilantes en la formulación de los criterios para así hacerlo a los propietarios y a la comunidad responsable de hacer cumplir lo establecido. Asimismo, al momento de llevar a cabo las renovaciones principales de un edificio, los profesionales de diseño deberían eliminar el uso de escapes de incendio mejorando otras características para el egreso, siempre que fuera factible. Nos arriesgamos a una tragedia mayor al permitirles que se oculten a plena vista.

Carl Baldassarra es un ingeniero certificado en protección contra incendios de Chicago

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