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Combustibles forestales. Aspectos fisico quimicos relacionados con el incendio.

Posted by Firestation en 13/01/2014

Entradas pertenecientes a FuegoLab que, por su interes didactico y explicativo de fenomenos relacionados con el incendio, me permito relacionar aqui.

fuegolab

Todo el mundo hemos intentado encender un fuego (chimenea, estufa, barbacoa) utilizando una fuente de calor (cerillas, mechero, quemador) ¿lo hemos conseguido a la primera y sin problemas sin ayuda de acelerante? ¿por qué es más fácil que ardan las hierbas secas, hojas y ramillos que cuando están húmedas? ¿a alguien se le ocurre encender un fuego con ramas vivas recién podadas? ¿y con un tronco aunque esté seco? ¿Cuánto calor es necesario? ¿Durante cuánto tiempo? ¿Por qué soplar “despacio” ayuda y soplar “fuerte” apaga cuando estamos intentando conseguir llama?

Estas inocentes preguntas con evidente respuesta para cualquiera que se haya peleado con una chimenea, no tienen una respuesta tan evidente para la ciencia del fuego. Efectivamente los procesos de combustión de un material vegetal son objeto de sesudos estudios, tesis doctorales y artículos científicos. Las técnicas y metodologías desarrolladas para evaluar la ignición y reacción al fuego están basadas en el análisis de los materiales de construcción, pero aún no hay una metodología estándar para evaluar la inflamabilidad de los combustibles forestales. En general, los materiales inflamables arden en presencia de oxígeno (siempre disponible en el aire atmosférico) y de una fuente calor. En los incendios forestales el combustible que tiene capacidad de inflamarse es la vegetación. Dicha vegetación está compuesta básicamente por celulosahemicelulosa y lignina, compuestos orgánicos formados por cadenas de Carbono (C) con  Oxígeno (O) e Hidrógeno (H) también llamados polímeros. La combustión con llama (inflamación) de esta vegetación por tanto la podemos definir mediante una sencilla fórmula química como:

Combustible forestal (CHO)n + Oxigeno (O2) + calor ————-> Agua (H2O)+Dióxido de carbono (CO2)+Energía

Evidentemente esto es una simplificación tanto de la formulación orgánica de los polímeros como de la reacción en sí que es algo más compleja (sobre todo la fase gaseosa), pero pone de manifiesto los elementos fundamentales que rigen la termoquímica aplicada a los materiales vegetales, conocido como “triángulo del fuego” ya que hacen falta estos tres elementos para generar la combustión con llama. Así por ejemplo el combustible forestal posee grandes cantidades de agua que se encuentran en sus tejidos  conductores y de constitución y que por tanto se evapora y se une a la mezcla de gases durante el proceso. También poseen pequeñas cantidades de aceites esenciales con diversas funciones fisiológicas que se evaporan muy fácilmente al aparecer la fuente de calor y que, sin embargo, su baja temperatura de inflamación suele ser responsable, en realidad, de generar la ignición (compuestos orgánicos volátiles). En las fases previas y sobre todo posterior a la llama, la combustión es incompleta y por tanto se genera monóxido de carbono (CO) en lugar de CO2. Incluso en la fase de llama no todo el vegetal se quema simultáneamente con lo que aunque el gas predominante sea el CO2, en realidad siempre existe emisión de CO.

Como hemos dicho, la explicación química de esta reacción y por tanto el proceso de transformación de energía que se produce está bastante bien definido, existiendo ensayos de laboratorio que lo demuestran. Consisten en secar y moler la vegetación y medir muy detalladamente la combustión de manera controlada (Análisis termogravimétrico,  Bomba calorimétrica, Análisis Térmico Diferencial, Calorimetría de Escaneo Diferencial). En estos ensayos se suele controlar gran cantidad de parámetros entre los que se encuentran los referentes a la cantidad de oxígeno disponible, la cantidad de calor y la forma de calentar la muestra (entradas de la reacción). Por otro lado se analizan los gases emitidos antes (precalentamiento), durante (fase de llama) y después de la llama (fase de rescoldo) y la energía liberada en el proceso (productos de la reacción). La verdad es que el asunto tiene poco misterio cuando lo enfocamos desde un punto de vista exclusivamente químico ya que la mayoría de los vegetales tienen una composición muy parecida. Sin embargo ¿es esto suficiente para explicar la combustión de los vegetales en un incendio forestal? ¿Qué “puede más” en la inflamación de los vegetales durante un incendio, la química o la física de la combustión? ¿Los mismos procesos que rigen la ignición del material son los que intervienen en la fase de llama y en la fase de rescoldo?

En los últimos años se vienen proponiendo nuevas caracterizaciones de materiales basadas tanto en la química de la combustión como en los procesos dominados por el transporte de gases, que en el caso de combustibles forestales pueden llegar a ser más importantes que la fase química, ya que dependen de la estructura, relación superficie-volumen, porosidad, compactación, densidad y empaquetamiento del combustible, todas ellas propiedades físicas del material estudiado. El conocimiento y caracterización de la combustión desde el punto de vista del transporte de gases es imprescindible para extender conclusiones a escala real, donde en la mayoría de los casos la estructura de los combustibles condiciona la reacción al fuego. Los materiales altamente inflamables presentan dificultades para la descripción y análisis de su combustión ya que es un proceso complejo con muchos componentes relacionados, algunos de los cuales no son fáciles de medir. De hecho, muchas de las limitaciones que en la actualidad tienen los modelos de simulación se deben precisamente al escaso conocimiento de los procesos físico-químicos de dicha combustión. Si queremos conservar la estructura original de la vegetación y caracterizar su combustión se presenta la dificultad de que los vegetales son materiales altamente porosos (con mucho aire en su interior, pensemos en la hojarasca de un bosque o en las copa de un árbol) y heterogéneos (cada muestra es diferente de la anterior). A ello debemos añadir que son materiales vivos y con altos grados de humedad. Se entiende fácilmente que la presencia de gran cantidad de agua va alterar el proceso en relación a una muestra seca. Es más, los vegetales vivos pueden llegar a tener hasta 3 veces más peso de agua que de material vegetal seco (humedad 300%) siendo muy habitual que tengan una humedad alrededor del 100% (una muestra de 20 gramos tendría 10 g de agua y 10 g de materia seca). En este espectacular vídeo del NIST se puede comprobar la reacción al fuego del mismo árbol de Navidad con una humedad del 100% en las hojas (derecha) y una vez se ha secado (izquierda).

Clayton Huggett propuso en 1980 el método de consumo de oxígeno para estimar la energía emitida en una reacción de combustión. Enunciado originalmente por William Thornton en 1917, este autor no encontró ninguna aplicación práctica a su formulación, que se basa en asumir que el oxígeno consumido durante la combustión es proporcional al calor liberado. El “padre” de la aplicación tecnológica del método de consumo de oxígeno es Vytenis Babrauskas, que en 1984 fue el inventor del “cono calorimétrico”, el más conocido  equipo de laboratorio para la evaluación de la reacción al fuego de materiales, regulado por la norma ISO 5660 y por tanto su uso está normalizado en todo el mundo. Este dispositivo mide la concentración de oxígeno en el flujo de gases procedente de la combustión que multiplicado por un coeficiente que depende de las dimensiones del dispositivo, la presión (Pa) y la temperatura del gas (K), realiza la estimación de la energía liberada medida en kW. Es ésta, por tanto, la variable más importante para caracterizar la reacción al fuego de materiales y productos que retardan el fuego: la “Tasa de Calor Emitida”, denominada Heat Release Rate (HRR) en la literatura anglosajona (kW) parámetro ampliamente utilizado en la tecnología del fuego aplicada a los materiales y que según el propio V. Babrauskas: (1) Es un indicador de la fuerza conductora del fuego en un proceso que se retroalimenta (“heat makes more heat“, recordemos que para que haya combustión hace falta calor y como producto se emite calor) (2) La mayoría de las variables implicadas en la combustión están directamente relacionadas con el HRR, por tanto es una variable que explica muy bien la combustión (3) Altos valores de HRR implican altas amenazas para la vida, ya sea para las personas expuestas durante un accidente o para los bomberos que se enfrentan al reto de intentar apagar el fuego. Por tanto es una variable que funciona inequívocamente como “indice de peligro”.

Para la puesta en práctica de estas metodologías se han desarrollado en los últimos 30 años otros equipos a diferentes escalas, desde pequeñas muestras (small-scale test en la literatura anglosajona) hasta ensayos a escala “de habitación” (room-scale, forniture test) para ensayar muestras de tamaño real (como la de los árboles de Navidad mostrados). Estos equipos son utilizados para evaluar las características de la combustión de materiales y son suministrados por diversas empresas de calorimetría y tecnología del fuego.

Sin embargo un método más sencillo basado en el “principio de la entalpía” basado en los estudios desarrollados por Edwin E. Smith (1996) ha sido utilizado para desarrollar un calorímetro de pérdida de masa (Mass Loss Calorimeter MLC) que dispone para estimar la tasa de calor emitida un sensor denominado “termopila” (norma ISO 13927). La termopila está compuesta por 4 termopares (sensores para medir temperatura) conectados en serie y colocados al final de una chimenea. Mide la temperatura de los gases procedentes de la combustión de la muestra sometida a una radiación determinada (entre 10 y 100 kW/m2). Se asume que el calor liberado es proporcional a la masa, a su calor específico y a la diferencia de temperatura aplicando el principio de entalpía:

H2-H1=Cp(T2-T1)

Donde H son las entalpías inicial (1) y final (2) por unidad de masa, Cp es el calor específico o cantidad de calor que hay que suministrar a la unidad de masa de una sustancia para elevar su temperatura en una unidad y T es la diferencia de temperatura, en este caso de los gases procedentes de la combustión entre el estado 1 y el 2.

La termopila se calibra periódicamente con metano (CH4) para diferentes flujos de dicho gas ya que los valores de calor específico y calor emitido por unidad de masa de este hidrocarburo son conocidas. Las temperaturas obtenidas son aplicadas a las muestras a ensayar, por tanto se obtiene una estimación de HRR simplemente midiendo la temperatura de los gases a la salida de la chimenea. Este método acumula más error que el método de consumo de oxígeno pero es mucho más sencillo y económico. Este dispositivo, desarrollado para materiales plásticos, lo hemos aplicado en el Laboratorio de incendios forestales del INIA a otro tipo de muestras de alta inflamabilidad, como son los combustibles forestales, y se ha comprobado su precisión y repetibilidad en la medición del HRR, incluso para comparar muestras de combustibles vivos con altos porcentajes de humedad. En estas fotos podéis ver el dispositivo y un detalle de un ensayo de Coscoja (Quercus coccifera) con humedad del 100%  (la mitad del peso de la muestra es agua) sometida a una potencia de radiación de 50 kW/m2, recibiendo una temperatura procedente de una resistencia (conical heater) de aproxidamente 330-350ºC.

El dispositivo lleva una “chispa piloto” generada por una arco de alto voltaje que se sitúa justo por encima de la muestra ¿por qué? ¿qué arde antes la fase gaseosa o la fase sólida en una reacción de combustión? La temperatura mínima de autoignición del material vegetal se considera que es unos 600 K (327ºC) aunque en la práctica es necesario alcanzar entre 370-400ºC. Sin embargo es muy frecuente que los gases emitidos por la muestra al calentarse se queman (existe llama) antes de que se se queme la vegetación. En estos ensayos en general la llama va de arriba hacia abajo, esto es, la llama procedente del gas por encima de la chispa piloto es la que se propaga hacia la muestra de vegetación y termina produciéndose la combustión de la fase sólida. La verdad es que durante un fuego real este proceso es tan rápido que podemos asumir que la fase gaseosa y sólida empiezan a arder al mismo tiempo. De hecho, como decíamos antes, es un proceso que se retroalimenta, puesto que una vez que existe llama es ésta (gases a alta temperatura) la que genera el calentamiento de la muestra vegetal (energía transmitida por radiación y convección), y su posterior combustión que emite a su vez más energía hasta que se haya consumido todo el material vegetal.

En diversos accidentes y eventos producidos en incendios, los bomberos forestales relatan la existencia de “explosiones” y “olas de fuego” muy por delante del frente de llama, que describirían fenómenos en los que la dinámica de los gases calentados por delante del frente de fuego podrían intervenir en la aceleración de la combustión, proceso conocido como “fuego eruptivo”. Este fenómeno fue descrito y modelizado por el profesor D.X. Vieigas como un fenómeno básicamente físico-mecánico, aunque hay autores que consideran que la acumulación de compuestos volátiles altamente inflamables y muy comunes en los vegetales como el limoneno, podrían intervenir en este proceso. Una de las hipótesis que se plantean en las fases de inicio y aceleración de la combustión es hasta qué punto interviene la química, esto es, en qué medida la composición de los gases que se emiten en la fase de calentamiento, así como su concentración, no sólo desencadenan la ignición sino también la aceleración de la combustión (HRR). Esta línea de investigación aún poco explorada plantearía la “hipótesis de la atmósfera de volátiles” por delante del frente de llama para explicar fenómenos de ignición súbita y/o aceleración de la combustión (más detalles en la revisión de Vieigas y Simeoni 2011). Los compuestos bioquímicos orgánicos volátiles (VOC, BVOCs en la literatura científica) son muy estudiados en el campo de la contaminación atmosférica ya que son precursores  de la destrucción del ozono y de la contaminación del aire, sobre todo en las ciudades.  Existen BVOCs que forman parte del metabolismo de las plantas como aceite esencial con diversas funciones (insecticidas, fungicidas, resistencia a la desecación de tejidos, …). De hecho muchos de estos compuestos para la mayoría de las plantas son desconocidos o al menos se desconoce tanto su concentración en la planta como la concentración en la atmósfera que rodea a las plantas.  Por tanto es una línea de investigación que ofrecería información de la importancia relativa de la química frente a la física de la combustión, que hasta ahora se considera que es más importante en los modelos de propagación del fuego forestal.

Formula química del Limoneno (C10H16), inflamación a 48ºC, autoignición  237ºC, pico de emisión a 150-200ºC

Actualmente existen diversos modelos físicos para simular incendios forestales. Uno de los más avanzados es el modelo físico FIRETEC que está basado en la dinámica de los fluidos y tiene en cuenta los procesos fisico-químicos de intercambio de energía, en este caso aplicados al avance del fuego a través de una masa forestal o de matorral. En este vídeo podéis ver los fundamentos y algunas aplicaciones de este modelo. Presenta unos tiempos de computación aún inasumibles para su uso en la planificación de la extinción pero ha mostrado buenos ajustes con el comportamiento real, tanto en experimentos a escala de laboratorio como a escala de campo.

Por tanto desde la fórmula química básica del triángulo del fuego hasta el modelo FIRETEC se puede entender que hay mucho camino recorrido pero, a pesar de todo, Vulcano sigue generando fuego en su fragua para que Prometeo nos ayude entender el poder de este misterioso elemento.

Nos preguntamos con frecuencia con respecto a la vegetación y al fuego ¿por qué si las plantas tienen básicamente los mismos compuestos químicos arden de forma distinta? Y en el caso de que pudieran elegir ¿les gustaría contener la ira y la pasión por arder, manteniendo la serenidad hasta que finalmente estallan en llamas o preferirían desfogar en un segundo? ¿Podemos cambiar nuestra naturaleza? ¿Y las plantas, arden de diferente manera según las circunstancias o es una propiedad determinada por la evolución y la genética?

Los estudios de combustión de vegetación en laboratorio muestran que existen diferencias en lo que llamamos “inflamabilidad” de las plantas. Este concepto, que no tiene una definición científica estándar, básicamente alude a la “facilidad de arder” ante una fuente de calor determinada, que incluye el tiempo que tarda en producirse llama y “cómo de rápido” se quema. Para medirlo existen diferentes métodos que consisten en someter a la planta a una fuente de calor y esperar a que se se inflame. Se toman los tiempos de ignición y según el dispositivo que usemos, podemos medir también la rapidez de esa combustión y la energía que se desprende. Todo ello nos da unos valores característicos para cada especie con lo que podemos comparar, clasificar, hacer rankings, etc., de las especies más o menos inflamables.
Ensayo de inflamabilidad de vegetación en laboratorio (Temperatura  850ºC)
Explicado así sobre el papel la cosa no parece tener más misterio, pero lo cierto es que las plantas, aunque muy quietas por fuera, se empeñan en estar vivas por dentro. Los resultados de una tanda de experimentos con plantas que cogemos del campo y secamos en una estufa para que todas estén sin agua en sus tejidos y así poder comparar la inflamabilidad de las especies estudiadas, puede cambiar radicalmente cuando tenemos en cuenta el contenido de agua de la planta, que en términos técnicos denominamos “contenido de humedad del combustible vivo”. Estos experimentos se llevan a cabo con pequeñas muestras recogidas del campo de cada una de las partes de las plantas a estudiar, aunque generalmente se ensayan las partes más finas, que son las que tienen más facilidad para arder. Pero, ¿son aplicables estos resultados a otras escalas? Esto es, ¿arde igual cuando se enfada el corazón de Pep o Mou que Pep o Mou al completo? ¿Reacciona igual ante el fuego la planta completa que un trozo representativo de esa planta? Y es más ¿reacciona igual un espectador viendo el partido desde su casa, que desde un bar o desde el estadio? ¿Reacciona igual una planta aislada que cuando forma parte de un bosque? Por otro lado ¿por qué dos personas radicalmente diferentes pueden reaccionar de forma similar en la pasión de un estadio de fútbol? ¿Dos plantas muy diferentes pueden entonces arder de manera similar durante un incendio?
¿realmente importa algo la diferencia de inflamabilidad entre diferentes especies?
El problema de la escala de trabajo es una de las dificultades más grandes para establecer conclusiones claras sobre cuáles son las plantas más o menos inflamables. Por eso cuando nos preguntan con frecuencia, y sobre todo en esta época de plena campaña de incendios forestales, ¿qué planta arde más? o directamente vemos escrito en algún titular o informe interesado “los pinos arden más que las encinas” “los eucaliptos hacen que haya más incendios” no nos puede dar más que la risa (o reírse por no llorar) porque ese tipo de preguntas no tienen otra respuesta más correcta que un “DEPENDE”. Estas afirmaciones que rellenan muchos titulares tienen parte de verdad, pero como todos sabemos, las verdades a medias son las más traicioneras. En igualdad de condiciones controladas de laboratorio podemos asegurar que un pino es más inflamable que un roble, pero ¿y si el roble está enfermo y tiene gran cantidad de su biomasa de hojas muertas o con bajo contenido de humedad? ¿y si el pino está en una magnífica zona de suelos ricos y con disponiblidad de agua?
¿seguro que las frondosas son siempre menos inflamables que las coníferas? Fuente

Existen plantas que por su estructura física (ramillos y hojas más finas), su bajo contenido de humedad del combustible vivo, su tendencia a acumular vegetación muerta y su alto contenido en compuestos volátiles con bajo punto de inflamación, se ha demostrado que tardan menos en arder ante una fuente de calor dada y cuando lo hacen la combustión es muy rápida y energética. La cuestión es que hay pocas plantas que cumplan simultáneamente todas esas condiciones. Por tanto ¿cuál “pesa” más? ¿cual es la más determinante?

En un fuego el calor se transmite de tres formas: por radiación (energía emitida por el frente de llama), por convección (calor transportado por los gases procedentes de la llama) y por conducción (contacto directo entre el material vegetal caliente).
http://www.youtube.com/watch?v=zvPa_yEEd4E
Ensayo de comportamiento del fuego en campo (Temperatura máxima  850ºC) La fuerte radiación  y convección genera la ignición (segundo 14-16) sin necesidad de que llegue la llama  procedente del frente de fuego. La conducción se transmite entre los troncos que siguen ardiendo después del paso del fuego
Se ha discutido mucho sobre la mayor facilidad de arder de las coníferas en relación con las frondosas por la forma de sus hojas, lo que denominamos “relación superficie-volumen“. Las hojas de muchas plantas son largas y estrechas, por tanto tienen mucha superficie exterior en relación a su volumen y muchos puntos de contacto para calentarse, con lo que arden con facilidad ante un foco de calor que las “rodee”, esto es, un fluido como la llama o el calor de la convección del humo (todos sabemos que para hacer una fogata si no tenemos acelerante como alcohol o gasolina, hay que prender primero unas ramillas secas, hierbas u hojillas finas).

Hay otras especies de hoja más ancha, con una relación superficie volumen menor, al ser una hoja redondeada que se calienta más lentamente por tener menos superficie de contacto con la llama. Sin embargo y paradójicamente, la energía de la radiación que se transmite por delante del frente de llama, se “choca” con facilidad con esa superficie más ancha que se calienta rápidamente puesto que las hojas en general son muy finas, y finalmente se produce la ignición.

Por tanto algunas plantas serían más susceptibles al contacto con llama y la convección del humo (las de hojas y ramillos estrechos y finos) y otras a la radiación (las de hojas anchas y ramillos gruesos), pero en definitiva ambas tienen bastante facilidad para arder ya que las formas descritas del transporte del calor se producen de manera simultánea en un incendio forestal: TODAS LAS PLANTAS ARDEN.También se habla mucho sobre la humedad de las partes vivas de coníferas y frondosas, achancando a los pinos su mayor sequedad y por tanto facilidad para arder. Pues esto debemos desmentirlo también. Aunque sí se ha demostrado que en general hay un descenso de humedad de muchas especies arbustivas a lo largo del verano, no es siemre aplicable a los árboles. Existen evidencias de que las oscilaciones de humedad del arbolado durante el verano, tanto de coníferas como de frondosas, no es muy grande y ambos grupos presentan similares contenidos de agua en sus hojas en ambientes mediterráneos que suelen oscilar entre el 70% y el 150% (entre 70 g y 150 g de agua por cada 100 g de materia seca), en función de la zona geográfica, aunque es bastante frecuente una humedad en torno al 100% (misma cantidad de agua que de materia seca). Efectivamente hay bastante consenso en considerar que es la humedad el factor que más determina la inflamabilidad, el factor que más “pesa” para considerar diferencias en la inflamabilidad de las especies. Entonces para comparar diferentes especies de plantas podemos tener dos enfoques bien diferenciados: (1) Comparar diferentes especies con los mismos niveles de humedad para conocer las diferencias entre ellas debidas a otros factores (físicos o químicos) y (2) Realizar muestreos de campo en un zona concreta y llevar a cabo los experimentos a lo largo del tiempo para saber cómo cambian los contenidos de humedad y por tanto la inflamabilidad de las plantas estudiadas. El primer enfoque es más generalista y permitiría hacer clasificaciones y rankings de especies pero siempre tendríamos problemas para saber si es aplicable a un caso concreto en tanto no sepamos los niveles de humedad en el campo de las especies estudiadas. El segundo enfoque es más riguroso pero sería difícil de generalizar puesto que las especies estudiadas podrían comportarse de forma diferente en otras zonas. Con este desarrollo tan sesudo lo que en definitiva quiero expresar es que el concepto de inflamabilidad es relativo y por eso no cabe otra cosa que contextualizar la respuesta a la pregunta ¿qué especie es más inflamable?
No os voy a dejar con la miel en los labios. A pesar de esta duda existencial inherente al carácter de la ciencia existen, cómo no, clasificaciones de inflamabilidad de plantas. Todas ellas son válidas al igual que todos los resultados se circunscriben a la zona de estudio y/o al método empleado para su evaluación que incluye también la escala del ensayo (partícula, planta o conjunto de plantas). Los ensayos a escala real son costosos y difícil de repetir, con lo que la mayoría de las clasificaciones se refieren a “partes de la planta”, lo que denominamos “a escala de partícula de combustible”, que como hemos comentado comprende muestras de ramillos y hojas finas de menos de 1 cm de diámetro. Por tanto la mayoría de las listas y rankings existentes se refieren a esta pequeña escala. En España la lista más completa corresponde a la monografía que el INIA publicó en 1989 (ya ha llovido). Aunque las diferentes comunidades autónomas que son las competentes en prevención de incendios, han hecho intentos de realizar mapas de inflamabilidad basadas en estas listas u otras generadas posteriormente, lo cierto es que este trabajo, tanto por el número de especies como por su carácter nacional, no ha sido superado.
Ejemplo de lista de inflamabilidad de algunos combustibles del sotobosque  (Elvira & Hernando 1989)
NOTA: las especies arboreas son de porte arbustivo (frondosas) o se refieren a hojarasca (coníferas)

Actualmente hemos mejorado la metodología para clasificar y caracterizar la inflamabilidad a esta escala, con lo que podría ser el momento de repetir este trabajo para actualizarlo y extenderlo al mayor número de especies posible. Como son difíciles tanto las generalizaciones como las disponibilidades presupuestarias, por ahora parece que no hay más remedio que seguir haciendo estudios ad hoc, orientados a una especie, conjunto de especies o área geográfica. Por ejemplo, la mayoría de los avances de los últimos años en la clasificación de plantas se deben a los problemas de las vegetación ornamental usada en urbanizaciones, ya que se pretende resolver un problema importante en la gestión de los incendios en lo que se denomina interfaz urbano-forestal, esto es, zonas urbanas en contacto con los bosques que se ven afectados por incendios forestales (este concepto lo explicaré mejor en posteriores entradas).

La relatividad es aplicable a muchos aspectos de la vida pero en el caso de la inflamabilidad de la vegetación es, si cabe, más importante. Nuestras plantas arden de manera diferente pero no eligen el cómo, cúando y dónde y en muchos de los casos tampoco el “con quién” al estar fuera de su hábitat natural. En nuestra mano está por tanto interpretar correctamente este concepto para no “criminalizar” ni “endiosar” a las especies vegetales, considerando el contexto histórico, cultural, socioeconómico y medioambiental de nuestros ecosistemas.

http://fuegolab.blogspot.com.es/2013/03/oxigeno-calor-vegetacion-yfuego-de.html

http://fuegolab.blogspot.com.es/2013/07/este-verano-te-gustaria-arder-como-pep.html

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